El anuncio de Bruno Rodríguez, canciller cubano en Washington no advierte más que un cambio cosmético de las regulaciones migratorias cubanas. Luego de que saliera a la luz el escándalo de los ataques acústicos a los diplomáticos estadounidenses perpetrados en La Habana; el Gobierno norteamericano se vio en la obligación de retirar a la mayor parte de sus funcionarios de su sección consular con sede en la capital cubana. Y a su vez, decidió expulsar a 17 diplomáticos de la embajada cubana en Washington, en los primeros días del mes en curso.

Las redes sociales se vieron saturadas de comentarios de ciudadanos cubanos, residentes en el exterior, sobre todo en Estados Unidos, preocupados por las dilaciones de los trámites de habilitación de pasaporte, prórrogas y renovación del documento que permite que los cubanos viajen a la Isla, ya que Cuba no permite que sus ciudadanos entren a la Mayor de las Antillas con un pasaporte que no sea el cubano, el régimen no reconoce otra ciudadanía a los nacidos en el país.

El canciller cubano dijo “el Gobierno de Estados Unidos se cierra y Cuba se abre”, la pregunta es: ¿Cuba realmente está inaugurando una gran apertura, en referencia a las cuestiones migratorias?

Para que Cuba se abriera, tendría que eliminar las engorrosas prórrogas que el cubano residente en el exterior debe realizar cada dos años para poder ingresar a territorio cubano, lo que no sólo ahorraría dinero, sino tiempo.


Cuando el régimen cubano elimina la “habilitación” del pasaporte para viajar a la Isla caribeña, no está haciendo ningún cambio extraordinario, los cubanos están en todo su derecho de entrar sin trabas al país donde nacieron, no es un favor del Gobierno cubano, no es una regalía, es algo que debieron de hacer desde hace mucho tiempo, y no esperar a una coyuntura como la actual para tomar esta medida.

Una verdadera apertura de Cuba, significaría que los cubanos puedan pasar más de dos años en el extranjero, y no pierdan la residencia en la tierra que los vio nacer. La ley cubana obliga a los nacionales a entrar a la Isla cada dos años, si no lo hacen pierden su residencia en la nación antillana, y esto es “inadmisible”, ya que gustan tanto ellos de usar esta palabra, refiriéndose a la expulsión de los diplomáticos cubanos en la sección consular cubana en Washington.

Pues es “inadmisible” que los cubanos estén obligados a entrar a Cuba cada dos años para no perder sus derechos en su propio país, “derechos que se nos han arrebatado”, porque el régimen castrista ha secuestrado la Isla desde hace más de cinco décadas.

Bruno Rodríguez Parrilla, reconoce que la merma de funcionarios cubanos en la embajada de Washington tiene un impacto negativo en los servicios consulares y dificultará los viajes de los isleños residentes en Estados Unidos a Cuba, sin embargo el Gobierno cubano no se ha pronunciado en cuanto a permitir que los naturales viajen con el pasaporte estadounidense, o con el que tengan a mano, tampoco abre la posibilidad de que los cubanos que residen en el país del Norte puedan enviar su pasaporte a un consulado de la Isla en un tercer país con el fin de agilizar el procesamiento de los documentos de viaje; ni hace alusión a una reducción de los aranceles de por sí elevados de la embajada cubana en Estados Unidos.

Promete la publicación de las distintas normas jurídicas que acompañarán la implementación de estas nuevas medidas, en la Gaceta Oficial; y asimismo dicen que continuarán estudiando nuevas medidas de actualización de su política migratoria.

Lo que el canciller cubano ha presentado como nuevas regulaciones que se traducen en una apertura de Cuba para fortalecer los vínculos con los cubanos residentes en el exterior, no es más que un anuncio que hasta el momento no cambia casi nada. Lo que presentan como un “esfuerzo” del régimen, no es más que la obligación que cualquier gobierno tiene con sus ciudadanos, de hecho la voluntad es demasiado limitada, ojalá y las siguientes actualizaciones de la política migratoria cubana nos sorprendan y señalen justo lo contrario.