Departamento de Estado califica de “propaganda” la versión del régimen cubano sobre el diálogo con EE.UU

Relaciones Cuba-EE.UU. Imagen creada con IA. Foto: Chat GPT

Washington sostiene que las conversaciones con La Habana continúan, pero acusa al régimen de rechazar acuerdos que beneficiarían a los cubanos si estos amenazan su permanencia en el poder. La respuesta del Departamento de Estado llega después de que la principal representante diplomática cubana en Estados Unidos negara la existencia de negociaciones formales.

El Departamento de Estado calificó de “propaganda” la versión del régimen y responsabilizó a sus dirigentes por la ausencia de resultados. Según la declaración recogida por Telemundo 51, las autoridades cubanas no han mostrado disposición a aceptar un entendimiento que ayude a la población y pueda debilitar su “control total”.


El intercambio vuelve a situar en el centro de la relación bilateral una cuestión decisiva: hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen en unas conversaciones que podrían exigir cambios en la forma en que gobierna Cuba.

La Habana reconoce contactos, pero niega negociaciones formales

Lianys Torres Rivera, encargada de negocios de la Embajada de Cuba en Washington, declaró a Reuters el lunes 5 de octubre que ambos gobiernos mantienen comunicaciones mediante reuniones, llamadas telefónicas y mensajes de WhatsApp.

Sin embargo, aseguró que esos intercambios no han permitido establecer una agenda negociadora ni reanudar conversaciones oficiales. La diplomática tampoco reveló las fechas de los contactos, los asuntos abordados o la identidad de los participantes.

Su explicación reconoce que existe interlocución, pero reduce su alcance. Para La Habana, hablar con funcionarios estadounidenses no significa que haya una negociación formal en marcha.

Esa distinción es relevante: los contactos diplomáticos pueden mantenerse incluso cuando existen desacuerdos profundos y no hay condiciones para alcanzar un compromiso.


Washington señala al régimen como responsable del estancamiento

La respuesta estadounidense desplaza la discusión hacia la falta de resultados. Washington sostiene que las conversaciones siguen abiertas y atribuye el bloqueo a la resistencia del régimen a aceptar medidas que puedan afectar su control político.

La declaración expresa la valoración del Gobierno estadounidense sobre esos contactos. Por sí sola, no permite conocer qué propuestas concretas se han presentado, cuáles fueron rechazadas o qué compromisos se exigieron a cada parte.

Tampoco basta para concluir que existe una mesa formal de negociación con una agenda acordada. Ambos gobiernos reconocen comunicaciones; la diferencia está en cómo describen su alcance y en quién consideran responsable de que no produzcan avances.

El sistema político sigue siendo la línea roja del régimen

Torres Rivera reiteró que La Habana no está dispuesta a negociar modificaciones de su sistema político. Presentó esa posición como una defensa de la soberanía frente a las exigencias estadounidenses de cambios en la dirección del país. La diplomática afirmó, al mismo tiempo, que el Gobierno cubano permanece abierto a un diálogo respetuoso.

De ambas posiciones se desprende un obstáculo central: Washington vincula la posibilidad de un acuerdo con decisiones que, según su interpretación, reducirían el control del régimen, mientras La Habana excluye de la discusión su estructura política.

Esa incompatibilidad ayuda a explicar por qué la existencia de comunicaciones no se traduce automáticamente en resultados. Mantener abiertos los canales permite intercambiar mensajes, pero no resuelve el desacuerdo sobre los cambios que cada gobierno está dispuesto a aceptar.

En Miami interpretan la postura cubana como una maniobra para ganar tiempo

El debate también ha provocado reacciones en el sur de Florida. Sebastián Arcos, del Instituto de Investigaciones sobre Cuba de la Universidad Internacional de Florida, interpretó ante Telemundo 51 que el régimen apuesta por prolongar su permanencia en el poder mientras espera que Estados Unidos no adopte nuevas acciones.

Se trata de una lectura crítica sobre la estrategia de La Habana, no de una confirmación del contenido de las conversaciones. Los detalles reservados de los contactos siguen limitando la posibilidad de evaluar cuánto se ha avanzado y qué opciones permanecen abiertas.

Qué falta para hablar de un acuerdo

La información divulgada no ofrece una agenda conjunta, un calendario de reuniones o compromisos verificables que permitan anticipar un entendimiento. Tampoco permite presentar como inminente un cambio en la relación entre ambos países.

El próximo avance tendría que reflejarse en propuestas identificables, compromisos públicos o medidas concretas. Hasta entonces, la continuidad de los contactos convivirá con el desacuerdo sobre su alcance.

Para los cubanos, la cuestión decisiva será si esas conversaciones generan resultados que mejoren sus condiciones de vida. Por ahora, Washington acusa al régimen de anteponer su control político, mientras La Habana mantiene ese sistema fuera de cualquier negociación.


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