“Conseguir la visa mexicana es difícil”, explica Juan Ernesto, pues el consulado mexicano en La Habana exige una cuenta bancaria que demuestre solvencia económica, además de algún título de propiedad del interesado, y el procesamiento del visado en línea.

“La mayor parte de las veces el sitio web donde se concertan las citas no funciona. Las visas nuestras costaron alrededor de 3.000 dólares. La corrupción está a la orden del día tanto en México como en Cuba”, añadió el cubano en conversación con El Nuevo Herald.

En el primer semestre de 2019, la cifra de cubanos que ingresó a ese país aumentó 60.5% en comparación con el primer semestre del año anterior. Hasta julio de este año se contabilizaron en los aeropuertos mexicanos la llegada de 69.105 cubanos, 26.050 más que en igual período del pasado año, según el Ministerio de Turismo de México.

Muchos antillanos viajan de “mula” para abastecer el creciente mercado negro en la Isla. La Aduana cubana ha emprendido una intensa campaña contra los que llevan productos para revender. Sin embargo, los cubanos viajan cada vez más a países como México, Panamá, Rusia y Guyana.


Juan Ernesto esperaba a su hermano Jonathan en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de Cancún, en esa ciudad comprarán artículos de primera necesidad, que tanto escasean en Cuba.

“Lo que más está saliendo en Cuba ahora mismo es el aseo”, detalló el isleño a la prensa miamense.

Que además agregó que se venden mucho jabones, pañales desechables, pasta dental, champú y acondicionador.

Juan Ernesto prefirió no ofrecer su apellido, por temor a que la Aduana de Cuba tome represalias con sus compras.

Los isleños se hospedan en hoteles de bajo costo, y compran en tiendas donde aceptan pesos mexicanos, dólares o pesos convertibles, según El Herald, en el municipio Benito Juárez, que incluye la ciudad de Cancún, se pueden encontrar desde agencias de envíos hasta ofertas de trabajo.

“Aquí hay una serie de tiendas que tienen dueños cubanos y donde trabaja muchísima gente de la Isla. Ahí puedes encontrar todo lo que se vende en Cuba: ropa, equipos electrodomésticos, medicinas, [productos de] aseo”, contó el entrevistado.

“Ahora mismo en Cuba el desodorante está perdido. Aquí compramos los tubos de Gillette en 3.50 dólares y lo vendemos allá al doble. Las bolitas para darle olor a la ropa cuestan 255 pesos mexicanos (unos 14 dólares) y se pueden vender hasta en el triple”, añadió.

El hermano de Juan Ernesto, casi termina la carrera de ingeniería en el país caribeño, tiene 25 años. El joven viaja a México por un fin de semana, pero Jonathan como que no tiene previsto de momento trabajar como ingeniero, él prefiere seguir los pasos de su hermano, quien tiene un nivel adquisitivo superior al del cubano promedio, gracias a sus viajes, el trabajo por cuenta propia, y la reventa de productos.

“En Cuba el gobierno no se da cuenta de las oportunidades que está perdiendo. Persigue a los cuentapropistas y está empeñado en un modelo que no funciona. Cada uno de los cubanos que viaja a Cancún trae por lo menos 1.000 dólares para gastar aquí. Ese es un dinero que se pierden los negocios cubanos”, reveló el hermano menor.

No obstante a muchos cubanos no les da la cuenta estar viajando de Cuba con destino al país azteca, para comprar productos de aseo y luego revenderlos en la Isla, es el caso de Annia de 26 años, luego de varios viajes a Cancún para comprar productos y venderlos en Matanzas, ella optó por quedarse a vivir en Cozumel, y trabajar como indocumentada.

“En Cuba trabajaba como peluquera, pero con eso no podía salir adelante. Todo lo que ganaba se me iba en los altos costos de los productos y en pagar sobornos a los inspectores”, explica Annia.

Hasta que un día lo pensó bien, y decidió quedarse con un familiar que reside en Cancún, la cubana lleva tres meses indocumentada en México, ha probado suerte en varios empleos, como vendedora en tiendas para cubanos, vendedora ambulante y mesera.

Pero en el restaurante donde ahora trabaja le ha ido mejor, y los dueños del establecimiento están encantados de que ella sea cubana, porque cocina comida de la Isla, además vende tabacos y ron.

“Ahora mismo estoy tramitando mi residencia mexicana. Me ha costado varios miles de dólares pero vale la pena”, dijo.

“No he sentido que me discriminen, sino todo lo contrario. La gente aquí sabe que los cubanos trabajamos duro”, confesó.

Aunque el principio ha sido complicado, porque le ha tocado trabajar en las noches y en las madrugadas para que migración no la encuentre, Annia está segura de que cuando tenga sus documentos en regla todo será distinto.

“Cuando tenga mis papeles podré trabajar en algún hotel como hacen los otros cubanos o montar mi propio negocio. Ya he podido mandar algo de dinero a mi familia y en un futuro espero poderlos traer a vivir conmigo”, comentó contenta con sus planes.