
La dirección del éxodo cubano volvió a colocarse en el centro del debate político tras una contundente intervención del historiador español Juan Navarrete en Madrid. «Si el comunismo funcionara, las barcas irían de Miami a Cuba», afirmó durante el coloquio internacional Retos para la Cuba que viene, una frase con la que resumió su crítica al modelo impuesto durante décadas en la isla.
El encuentro se celebró el 10 de julio de 2026 en San Sebastián de los Reyes, en la Comunidad de Madrid, como parte de las actividades por el quinto aniversario de las protestas del 11 de julio de 2021. La cita reunió a académicos, activistas y analistas para examinar los desafíos políticos, económicos e institucionales que enfrentaría Cuba ante una eventual transición democrática.
Navarrete, graduado en Historia por la Universidad de Zaragoza y subdirector del Instituto Juan de Mariana, centró parte de su intervención en una realidad visible durante décadas: miles de cubanos han abandonado la isla rumbo a Estados Unidos, mientras no existe un movimiento comparable en dirección contraria.
Una frase que cuestiona el relato oficial cubano
La expresión sobre las barcas no se presenta únicamente como una provocación retórica. El historiador la utilizó para formular una pregunta más profunda: ¿por qué tantas personas deciden dejar Cuba, incluso cuando el trayecto puede costarles la vida?
Desde su perspectiva, la respuesta no puede separarse de la ausencia de libertades, el deterioro económico, la falta de oportunidades y el control que mantiene el régimen cubano sobre amplias áreas de la vida pública y privada. El sentido predominante de la migración se convierte así, según su planteamiento, en una evaluación práctica del sistema: las personas se desplazan hacia el lugar donde creen que podrán vivir con mayor libertad, seguridad y posibilidades de progreso.
La frase también confronta décadas de propaganda oficial que atribuyen el éxodo casi exclusivamente a factores externos. Aunque las sanciones estadounidenses forman parte del contexto económico, Navarrete puso el foco en la responsabilidad del modelo político y económico de La Habana y en las decisiones que han limitado la iniciativa privada, la pluralidad política y la capacidad de los ciudadanos para construir un proyecto de vida dentro del país.
El éxodo como síntoma de una crisis estructural
La migración cubana no comenzó con la crisis más reciente. Desde los primeros años posteriores a 1959, distintas oleadas han llevado a cientos de miles de personas fuera de la isla. Camarioca, los Vuelos de la Libertad, el éxodo del Mariel, la crisis de los balseros de 1994 y las salidas masivas de los últimos años forman parte de una misma historia de separación familiar y pérdida de población.
Cada etapa ha tenido detonantes particulares, pero todas comparten un elemento: la falta de expectativas dentro de Cuba. Las carencias materiales, los salarios insuficientes, los apagones, la escasez de alimentos y medicinas y la imposibilidad de influir mediante elecciones libres sobre el rumbo del país han alimentado una sensación de estancamiento que empuja a numerosas familias a considerar la emigración como única salida.
La referencia a las embarcaciones tiene, además, un peso emocional para la comunidad cubana. Durante décadas, numerosos ciudadanos se han lanzado al estrecho de Florida en balsas y medios precarios. Muchos consiguieron llegar; otros desaparecieron en el mar. Por eso, la imagen empleada por Navarrete trasciende la discusión ideológica y remite a una tragedia humana marcada por muertes, familias divididas y comunidades enteras dispersas por el mundo.
El quinto aniversario del 11J reabre el debate sobre el futuro
El coloquio formó parte de las jornadas organizadas en Madrid para recordar las protestas del 11J, cuando miles de cubanos salieron a las calles en distintas ciudades de la isla para reclamar libertad y expresar su rechazo a las condiciones de vida. La respuesta de las autoridades incluyó detenciones, procesos judiciales y condenas denunciadas por organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Cinco años después, los reclamos que impulsaron aquellas manifestaciones continúan presentes. La precariedad económica, el descontento social y la ausencia de espacios legales para una oposición efectiva siguen condicionando la vida nacional. Al mismo tiempo, la diáspora ha ganado peso como actor político, económico y cultural en cualquier discusión sobre el porvenir de Cuba.
La programación en Madrid incluyó conversatorios y actividades públicas sobre la situación política y social de la isla. La convocatoria del coloquio situó el debate dentro de una posible transición democrática y buscó mantener la memoria del 11J como una demanda vigente de libertad y respeto a los derechos fundamentales.
Instituciones, economía y separación de poderes
Navarrete compartió el panel con la activista cubana Amelia Calzadilla, Ignacio Bongiovanni y Percival Manglano. La conversación fue moderada por el académico y analista político Antonio Guedes.
La grabación divulgada posteriormente por Árbol Invertido recoge un intercambio que fue mucho más allá de la migración. Los participantes abordaron la necesidad de reconstruir las instituciones, garantizar la separación de poderes, ampliar la libertad económica, fortalecer la sociedad civil y definir el papel de los cubanos residentes fuera del país.
Estos asuntos son decisivos porque una transformación política no dependería únicamente de sustituir dirigentes. Una Cuba democrática necesitaría reglas capaces de impedir una nueva concentración del poder, proteger la propiedad, garantizar elecciones competitivas y ofrecer seguridad jurídica para que los ciudadanos puedan trabajar, invertir y permanecer en su propio país.
Una pregunta incómoda para el régimen de La Habana
La intervención de Navarrete condensa uno de los argumentos más difíciles de responder para el poder cubano: si el sistema ofrece justicia, prosperidad y dignidad, ¿por qué tantos ciudadanos arriesgan todo para escapar de él?
La dirección de las barcas no explica por sí sola todas las causas de la migración, pero expone una realidad que el discurso oficial no ha conseguido ocultar. Durante más de seis décadas, el destino deseado por una parte considerable de quienes abandonan Cuba ha sido precisamente Estados Unidos, el país presentado por el régimen como su principal enemigo.
El debate celebrado en Madrid dejó así una conclusión central: frenar el éxodo no depende solamente de administrar fronteras o modificar políticas migratorias. Requiere transformar las condiciones que empujan a los cubanos a marcharse. Mientras no existan libertades políticas, oportunidades económicas reales y confianza en el futuro, la corriente migratoria seguirá funcionando como uno de los testimonios más contundentes del fracaso del modelo cubano.





