
Florida se ha convertido en el destino de algunas de las mayores fortunas de Estados Unidos, pero la llegada de multimillonarios procedentes de California y Washington no significa que los miles de millones en impuestos que dejan de recaudar esos estados estén entrando automáticamente en las cuentas públicas floridanas.
Ese es el matiz que cambia la lectura del éxodo fiscal hacia Miami. Una estimación publicada por Fortune calcula que California podría dejar de recaudar cerca de 29,000 millones de dólares por las mudanzas de varios magnates. Sin embargo, esa cifra representa ingresos fiscales potencialmente perdidos por California, no dinero transferido a Florida.
La pregunta decisiva para el sur de Florida es otra: ¿cuánta actividad económica, empleo e ingresos públicos generan realmente esas fortunas después de instalarse en el estado?
Un impuesto de 5% aceleró la salida de grandes fortunas
El detonante inmediato es la propuesta conocida como Ley del Impuesto a los Multimillonarios de California, incluida en la boleta electoral de noviembre de 2026.
La iniciativa impondría un gravamen único equivalente al 5% del patrimonio de las personas que poseían más de 1,000 millones de dólares al comenzar el año. Sus promotores calculan que afectaría a unos 200 contribuyentes y permitiría recaudar aproximadamente 100,000 millones.
El 90% del dinero se destinaría a programas de salud, mientras que el 10% restante financiaría educación y asistencia alimentaria. La medida necesitaría una mayoría simple para ser aprobada, según CalMatters.
Antes de la fecha utilizada para determinar quiénes quedarían sujetos al impuesto, varias fortunas vinculadas a Silicon Valley ya habían salido del estado.
Entre ellas aparecen los cofundadores de Google Larry Page y Sergey Brin, cuyos patrimonios fueron estimados por Bloomberg en 295,000 millones y 275,000 millones de dólares, respectivamente. Ambos adquirieron propiedades en Florida.
Jeff Bezos, Peter Thiel, Larry Ellison, Ken Griffin, Mark Zuckerberg y el exdirector ejecutivo de Starbucks Howard Schultz también compraron propiedades o trasladaron parte de sus operaciones al estado durante los últimos años.
De dónde salen los 29,000 millones de dólares
Fortune calculó que un impuesto de 5% habría representado aproximadamente 14,000 millones para Page y 13,000 millones para Brin. Al sumar los montos relacionados con Thiel y Travis Kalanick, cofundador de Uber que se trasladó a Texas, el ingreso potencialmente perdido por California se acercaría a 29,000 millones.
La cifra, sin embargo, no constituye una recaudación garantizada. La propuesta todavía debe ser aprobada por los votantes y podría enfrentar impugnaciones legales y dificultades para valorar patrimonios compuestos por acciones, empresas privadas y otros activos.
La oposición ya movilizó enormes cantidades de dinero. Brin había aportado unos 102 millones de dólares a Building a Better California, mientras que Thiel entregó tres millones a California Business Roundtable, de acuerdo con Fortune.
Washington también se sumó al giro tributario. En marzo, el gobernador Bob Ferguson promulgó un impuesto de 9.9% sobre los ingresos superiores a un millón de dólares. Bezos y Schultz habían abandonado Seattle antes de la aprobación de la medida.
Por qué esos miles de millones no ingresan a Florida
Florida no cobra impuesto estatal sobre la renta personal. Tampoco aplica a las personas un gravamen estatal separado sobre las ganancias de capital, que generalmente se consideran parte de los ingresos.
Por eso, cuando un multimillonario establece su residencia en Miami y vende acciones o recibe grandes dividendos, Florida no recauda el equivalente de lo que habría cobrado California.
La compra de una mansión tampoco significa que todo su precio se incorpore a la economía local. Buena parte del dinero va al propietario que vende el inmueble, aunque la transacción sí genera comisiones, honorarios, remodelaciones, empleo y otros gastos relacionados.
Los gobiernos locales reciben impuestos sobre la propiedad, mientras que Florida se beneficia de impuestos sobre las ventas, tributos asociados con determinadas transacciones inmobiliarias y el consumo generado por los nuevos residentes.
El beneficio puede ser considerable, pero depende de lo que haga cada propietario después de mudarse. No produce el mismo efecto económico comprar una residencia utilizada ocasionalmente que trasladar una empresa, contratar trabajadores y construir una sede corporativa.
Ken Griffin muestra la diferencia entre comprar y crear actividad
Ken Griffin es el caso que mejor ilustra esa distinción. El fundador de Citadel invirtió alrededor de 450 millones de dólares en una propiedad frente al mar en Palm Beach y otros 106.9 millones en un complejo de Coconut Grove. No obstante, el impacto económico más relevante proviene del traslado de Citadel desde Chicago a Miami en 2022.
La compañía proyecta una sede de 54 plantas en Brickell con una inversión estimada de 2,500 millones de dólares. Una construcción de esa magnitud puede producir contratos, empleos, demanda de oficinas y actividad empresarial durante años.
El traslado de una sede también puede atraer ejecutivos, empleados, proveedores y otras compañías. Ese efecto multiplicador es mucho más amplio que el generado por una mansión, incluso cuando se trata de una de las propiedades más costosas del país.
El lujo crece mientras miles de residentes se marchan
La llegada de grandes fortunas ya transformó el mercado inmobiliario del sur de Florida. Durante 2025 se cerraron 361 ventas residenciales por 10 millones de dólares o más, prácticamente una cada día.
Aunque algunos reportes calificaron esa cifra como récord, los datos de Miami Realtors muestran que fue el segundo mayor total histórico, por debajo de las 444 operaciones registradas en 2021.
En el otro extremo del mercado, los residentes de ingresos medios enfrentan viviendas, seguros y gastos cotidianos cada vez más difíciles de pagar. Los precios de las casas en el área aumentaron aproximadamente 79% desde la pandemia, según datos de Case-Shiller citados en análisis recientes sobre el costo de vida.
La medición regional de precios de la Oficina de Análisis Económico colocó al área de Miami, Fort Lauderdale y West Palm Beach por encima de la región metropolitana de Nueva York. Eso no significa que todas las propiedades de Miami sean más caras que las de Manhattan, pero sí refleja la presión acumulada de la vivienda, los seguros y otros servicios sobre los hogares del sur de Florida.
Los últimos datos del Censo también contradicen la idea de que todos quieren quedarse. Miami-Dade perdió alrededor de 72,300 residentes por migración interna entre 2024 y 2025. La inmigración internacional compensó una parte de esa salida, por lo que la reducción total de la población fue de aproximadamente 10,100 personas, según cifras recopiladas por USAFacts a partir del Censo.
El verdadero desafío para Miami
La llegada de multimillonarios fortalece el mercado de lujo, incrementa la recaudación inmobiliaria y consolida la imagen de Miami como refugio para grandes capitales. Pero el beneficio colectivo dependerá de que esa riqueza produzca empresas, empleos, construcciones y oportunidades que permanezcan en la región.
Los 29,000 millones que California podría dejar de recaudar no llegarán como un cheque a Florida. El impacto local deberá medirse mediante inversiones concretas, empleos creados, impuestos efectivamente pagados y actividad económica adicional.
El dilema de Miami no consiste solamente en decidir si quiere atraer más multimillonarios. Consiste en determinar si puede convertir su llegada en crecimiento económico sin transformarse en una ciudad inaccesible para quienes ya viven y trabajan en ella.





