“A mí se me va la luz como a todos”: influencer cubana Iraisel se defiende de las críticas por promocionar una Mipyme en Cuba dedicada a la venta de combustible

Iraisel. Foto: Cuenta de Instagram de iraisel_55

La influencer cubana Iraisel Pintueles respondió con dureza a la ola de críticas que recibió en redes sociales después de promocionar una Mipyme dedicada a la venta de combustible en Cuba, un negocio que generó fuertes cuestionamientos por operar en medio de una crisis marcada por largas colas, precios disparados y acceso cada vez más limitado a la gasolina y el diésel.

La controversia se desató luego de que Iraisel compartiera en Instagram contenido publicitario de @agranel_atumedida, una empresa privada que se presenta como proveedora de combustible para negocios y ciudadanos en la isla. El anuncio provocó malestar entre numerosos usuarios, que vieron la promoción como una muestra de la creciente desigualdad entre quienes pueden pagar en divisas y quienes dependen de salarios en pesos cubanos.


El caso no solo puso a Iraisel en el centro del debate público, sino que volvió a exponer una tensión cada vez más visible en Cuba: el avance de negocios privados en sectores estratégicos mientras buena parte de la población sigue atrapada entre apagones, falta de agua, inflación, transporte colapsado y escasez de combustible.

La promoción que encendió la polémica

El origen de la controversia fue una publicación en la que Iraisel promocionó los servicios de una Mipyme ubicada en Arroyo Arenas, La Lisa, La Habana, que ofrece combustible, principalmente diésel, a empresas privadas y clientes que puedan pagarlo.

Según el texto de referencia, el negocio promocionado vende diésel desde 1.75 dólares por litro, una cifra que para muchos cubanos resulta inaccesible si se compara con los ingresos promedio en moneda nacional. En un país donde el acceso a dólares marca una diferencia radical en la vida cotidiana, el anuncio se interpretó por algunos usuarios como una promoción dirigida a un sector privilegiado.

La molestia se intensificó porque la publicación apareció en un momento especialmente sensible. Cuba enfrenta una crisis persistente de combustible que afecta el transporte público, la distribución de alimentos, el funcionamiento de servicios esenciales y la movilidad de miles de personas. Las colas en las gasolineras pueden extenderse durante horas y, según el texto de referencia, el litro de gasolina en el mercado informal puede alcanzar hasta 8,000 pesos cubanos.

En ese contexto, la imagen de una influencer promocionando un negocio de combustible generó una reacción inmediata. Para sus críticos, el problema no era únicamente la publicidad, sino el contraste entre una oferta en dólares y la realidad de una población que muchas veces no puede acceder ni siquiera al transporte básico.


Foto: captura de pantalla de cuenta de Instagram de iraisel_55

Iraisel se defiende: “Yo no soy la culpable”

Ante la avalancha de comentarios, Iraisel respondió con un extenso descargo en redes sociales. La influencer rechazó que se le responsabilice por la crisis del país y aseguró que ella también vive las carencias que afectan a millones de cubanos.

“Por favor yo no soy la culpable de ninguna situación que exista en mi país, a mí se me va la luz como a todos, se me va el agua como a todos y sufro las mismas carencias generales de Cuba como todos porque yo vivo aquí”, expresó.

Con esa frase, Iraisel intentó desmontar la idea de que vive al margen de los problemas cotidianos de la población. Su defensa apuntó a presentarse no como una figura ajena a la crisis, sino como una cubana que también enfrenta apagones, cortes de agua y dificultades materiales.

La influencer sostuvo que las críticas recibidas son injustas porque, según ella, se le está atribuyendo responsabilidad por una situación estructural que no depende de su trabajo publicitario ni de su presencia en redes sociales. Para Iraisel, promocionar una empresa privada no equivale a ignorar el sufrimiento de la población ni a defender las causas de la crisis.

“La Mipyme es privada y tiene sus papeles en regla”

Otro punto central de su respuesta fue la defensa de la empresa promocionada. Iraisel aseguró que la Mipyme con la que trabaja es una entidad privada, con capital extranjero, permisos en regla y sin vínculos con el gobierno cubano.

Según su versión, la empresa paga impuestos, cuenta con documentación legal y está autorizada para abastecer combustible a otros actores privados y ciudadanos. También insistió en que no existe intermediación directa del Estado en la actividad que promociona.

«La Mipyme con la que trabajo ES UNA ENTIDAD PRIVADA con capital de afuera, no tiene relación ninguna con ninguna persona o miembro del gobierno, paga impuestos, tiene su documentación y permisos en regla para ejercer el abastecimiento de combustible a otros privados y a los cubanos sin intermediación del estado», dice la influencer.

Ese argumento buscó responder a una de las principales sospechas expresadas por usuarios en redes: que un negocio de combustible en Cuba difícilmente pueda operar sin algún nivel de autorización estatal o sin vínculos con estructuras oficiales. La venta de combustible es un sector altamente controlado en la isla, por lo que la aparición de empresas privadas en ese mercado despierta dudas sobre permisos, importaciones, precios y mecanismos de distribución.

La defensa de Iraisel, sin embargo, no cerró el debate. Para muchos críticos, aunque una Mipyme opere legalmente, el problema de fondo sigue siendo la desigualdad de acceso. La pregunta que queda abierta es si estos negocios alivian la escasez o si terminan creando circuitos paralelos disponibles solo para quienes tienen divisas.

La crisis del combustible golpea la vida diaria en Cuba

La polémica tuvo una repercusión mayor porque el combustible se ha convertido en uno de los puntos más críticos de la crisis cubana. La falta de gasolina y diésel no afecta únicamente a quienes tienen vehículos particulares; impacta también en el transporte público, los servicios de emergencia, el traslado de mercancías, la producción agrícola, el turismo, las entregas privadas y el funcionamiento de pequeños negocios.

Cada interrupción en el suministro agrava otros problemas. Menos combustible significa menos ómnibus en circulación, más dificultades para mover alimentos, mayores costos para los transportistas privados y precios más altos para los consumidores. En muchas provincias, la escasez obliga a reorganizar rutinas familiares, suspender viajes, limitar actividades laborales y depender de alternativas informales mucho más caras.

Por eso, la venta de combustible en dólares genera una reacción tan fuerte. No se trata solo de un producto más, sino de un recurso estratégico que determina la capacidad de trabajar, trasladarse y sostener servicios básicos. En un país con salarios estatales deprimidos y una economía parcialmente dolarizada, cualquier oferta en divisas termina profundizando la brecha entre quienes reciben remesas o ingresos en moneda extranjera y quienes viven únicamente del peso cubano.

La dolarización marca una nueva división social

El caso también refleja el avance de la dolarización informal y formal en la economía cubana. Cada vez más bienes y servicios esenciales se mueven en dólares o en monedas libremente convertibles, mientras la mayoría de la población sigue cobrando en pesos.

Ese desfase crea una economía partida en dos. Por un lado, están quienes tienen acceso a divisas mediante remesas, negocios privados, trabajos vinculados al turismo o ingresos desde el exterior. Por otro, están quienes dependen de salarios, pensiones o ayudas estatales en moneda nacional, cada vez con menor poder adquisitivo.

En ese escenario, una Mipyme que vende diésel a 1.75 dólares por litro puede ser vista como una alternativa para empresas privadas que necesitan operar, pero también como un símbolo de exclusión para quienes no pueden acceder a ese mercado.

La molestia contra Iraisel se explica en parte por esa fractura. La publicación promocional fue leída por muchos usuarios no solo como un anuncio comercial, sino como una muestra de que ciertos servicios empiezan a estar disponibles únicamente para una minoría con capacidad de pago en divisas.

Cambios recientes en el mercado de la gasolina

La controversia se produce después de varias modificaciones en el sistema de venta de combustible en Cuba. Según el texto de referencia, desde el 15 de mayo de 2026 el gobierno eliminó el precio fijo de la gasolina y adoptó un esquema flotante con venta exclusiva en dólares mediante una aplicación oficial.

Esa medida transformó aún más el acceso al combustible. Al exigir pagos en dólares, el sistema dejó en desventaja a quienes no reciben remesas ni generan ingresos en moneda extranjera. Aunque las autoridades suelen presentar este tipo de medidas como mecanismos para captar divisas y garantizar suministros, en la práctica aumentan la presión sobre una población ya golpeada por la inflación y la escasez.

Antes de esa reforma, en febrero de 2026, el gobierno había autorizado a las Mipymes a importar combustible bajo determinadas condiciones. Sin embargo, la operación debía realizarse mediante importadoras estatales como QUIMIMPORT o MAPRINTER, y existía una prohibición expresa de reventa.

Ese punto es clave para entender la polémica. Aunque se permite a actores privados participar en ciertas operaciones vinculadas al combustible, el marco regulatorio sigue siendo complejo, restrictivo y poco transparente para buena parte de la ciudadanía. De ahí que muchos usuarios cuestionen cómo funcionan realmente estas empresas, quién las supervisa y qué margen tienen para vender combustible a terceros.

Una zona gris entre legalidad, necesidad y negocio

El texto de referencia señala que, pese a las restricciones oficiales, ha surgido un mercado secundario de combustible entre empresas privadas que opera en una zona gris legal. Esto significa que algunos negocios podrían acceder al combustible mediante mecanismos permitidos, pero luego utilizarlo o distribuirlo en formas que no siempre están claramente reguladas.

Esa zona gris alimenta la desconfianza. En Cuba, donde los sectores estratégicos tradicionalmente han estado bajo control estatal, la presencia de Mipymes en áreas como alimentos, importaciones, transporte o combustible genera preguntas sobre privilegios, autorizaciones y acceso diferenciado a recursos.

Para los defensores del sector privado, estas empresas cubren vacíos dejados por el Estado y permiten mantener en funcionamiento servicios que de otro modo quedarían paralizados. Para los críticos, las Mipymes pueden convertirse en intermediarias de una economía cada vez más desigual, donde los productos más necesarios terminan disponibles solo para quienes pueden pagar precios dolarizados.

El caso de Iraisel se ubica justo en ese punto de tensión. La influencer defiende que está promocionando un negocio privado legal; sus críticos señalan que el problema es promover combustible en un país donde el acceso a ese recurso se ha vuelto un privilegio.

Las redes sociales amplifican el malestar

La reacción contra Iraisel también evidencia el papel de las redes sociales como espacio de denuncia, juicio público y debate económico en Cuba. En ausencia de mecanismos institucionales efectivos para cuestionar decisiones económicas o exigir transparencia, muchos usuarios canalizan su frustración contra figuras visibles, influencers o negocios privados que aparecen asociados a sectores sensibles.

Iraisel se convirtió así en el rostro de una discusión que va mucho más allá de su publicación. Su promoción condensó varios temas que generan irritación social: la escasez, la dolarización, los privilegios percibidos, la falta de información sobre las Mipymes y el cansancio de una población que lleva años adaptándose a crisis sucesivas.

Su respuesta, sin embargo, también expone otra realidad: quienes viven y trabajan dentro de Cuba, incluso con presencia pública o acceso a ciertas oportunidades, no necesariamente están exentos de los apagones, la falta de agua o la precariedad cotidiana. Esa tensión entre exposición pública, supervivencia económica y responsabilidad social es parte del debate que el caso ha dejado abierto.

Iraisel critica la actitud hacia quienes emprenden

En su descargo, Iraisel también cuestionó lo que considera una contradicción frecuente en la sociedad cubana: se critica a quienes no trabajan, pero también a quienes emprenden; se cuestiona a quienes callan, pero también a quienes opinan; se ataca a quienes se van del país, pero también a quienes permanecen e intentan hacer algo dentro de Cuba.

«Los cubanos somos seres inconformes, juzgadores de cosas que no sabemos y muchas veces no entendemos. Si hay negocio es malo si no hay es peor. Si protestas o das tu opinión es malo… si no lo haces es porque nadie quiere poner el muerto. Si trabajas es malo, pero si no lo haces es la de acabarse», agregó quien fue pareja del reguetonero cubano fallecido El Dany.

Foto: captura de pantalla de cuenta de Instagram de iraisel_55

Su mensaje apunta a un cansancio frente al escrutinio constante al que están sometidas las figuras públicas cubanas, especialmente cuando promocionan marcas o negocios dentro de la isla. En una economía tan deteriorada, cualquier colaboración comercial puede ser interpretada como una toma de posición política o moral.

Iraisel defendió que la inversión privada es una de las pocas vías que quedan para sostener ciertos servicios en el país. Según ella, Cuba sobrevive en parte gracias a quienes deciden invertir pese a los riesgos, las limitaciones y las dificultades del entorno económico.

Esa postura conecta con una visión compartida por algunos emprendedores cubanos: que el sector privado no debe ser culpado por la crisis, sino visto como una alternativa frente al deterioro estatal. No obstante, el rechazo de muchos usuarios muestra que esa narrativa no convence a todos, especialmente cuando se trata de productos básicos vendidos en divisas.

El dilema de las Mipymes en Cuba

Las Mipymes han ganado protagonismo en la economía cubana durante los últimos años, pero su crecimiento también ha venido acompañado de cuestionamientos. Para una parte de la población, estos negocios han permitido mejorar la disponibilidad de ciertos productos, crear empleos y dinamizar sectores paralizados. Para otra, han contribuido a encarecer la vida, aumentar la desigualdad y consolidar una economía dolarizada.

El combustible representa uno de los ejemplos más sensibles de ese dilema. Si una empresa privada puede importar o acceder a diésel, puede mantener funcionando restaurantes, transportistas, generadores eléctricos, servicios de entrega y pequeñas industrias. Pero si ese combustible se vende a precios que la mayoría no puede pagar, el beneficio queda limitado a un grupo reducido.

Por eso, la discusión no se limita a si Iraisel debía o no promocionar la Mipyme. El debate más profundo es qué modelo económico se está configurando en Cuba, quiénes pueden participar en él y quiénes quedan excluidos.

Un debate que va más allá de una influencer

La controversia alrededor de Iraisel revela cómo cualquier tema vinculado a servicios básicos puede convertirse rápidamente en un conflicto social en Cuba. La gasolina, la comida, la electricidad y el agua no son asuntos aislados: forman parte de una misma crisis de acceso, poder adquisitivo y desigualdad.

La influencer intentó defenderse desde su experiencia personal, asegurando que también sufre apagones y falta de agua. Sus críticos, en cambio, pusieron el foco en el simbolismo de promover combustible en dólares mientras la población enfrenta colas, escasez y precios imposibles.

Ambas posiciones muestran la complejidad del momento cubano. Por un lado, hay personas y negocios que intentan sobrevivir dentro de un sistema económico deteriorado. Por otro, hay una ciudadanía cansada de ver cómo los bienes esenciales se alejan cada vez más de sus posibilidades reales.

Qué deja esta polémica

El caso deja varias preguntas pendientes. ¿Bajo qué reglas operan las Mipymes que acceden a combustible? ¿Qué controles existen sobre la importación, distribución y venta? ¿Puede una empresa privada vender combustible a terceros sin violar restricciones oficiales? ¿Quién garantiza que estos nuevos mercados no profundicen la exclusión social?

También plantea una discusión sobre el papel de los influencers en contextos de crisis. Promocionar un negocio en Cuba no es lo mismo que hacerlo en un mercado estable. Cada anuncio puede ser leído a través del filtro de la escasez, la desigualdad y la sospecha política.

Iraisel defendió su derecho a trabajar, promocionar una empresa privada y rechazar culpas que, según ella, no le corresponden. Pero la reacción pública demuestra que el combustible se ha convertido en un tema demasiado sensible para ser tratado como una simple campaña comercial.

En el fondo, la polémica no habla solo de una influencer ni de una Mipyme. Habla de un país donde el acceso a servicios básicos depende cada vez más de tener dólares, contactos o capacidad de pago, mientras millones de cubanos siguen enfrentando apagones, colas, escasez y una economía que los deja fuera de muchas soluciones privadas.


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