
Santiago de Cuba vivió este miércoles una de las mayores jornadas de protesta de los últimos meses, con cacerolazos y concentraciones reportadas en numerosos repartos de la ciudad, en medio del agravamiento de la crisis energética que mantiene a miles de familias con apenas una o dos horas de electricidad al día.
Los reportes comenzaron a multiplicarse durante la noche a través de redes sociales y periodistas independientes. El comunicador Yosmany Mayeta Labrada aseguró que las manifestaciones se escuchaban en prácticamente toda la ciudad y llegó a bautizar a Santiago como la «Ciudad Cacerola» por la magnitud de las protestas.
Por su parte, el periodista José L. Tan Estrada informó sobre concentraciones de vecinos en distintos puntos de la ciudad.
«Me reportan que vecinos están tocando calderos en calle 9 y concentrándose en el parque de Carretera El Morro, en Santiago de Cuba, en señal de protesta», escribió. También señaló que había presencia policial mientras aumentaba el número de ciudadanos que se sumaban a las manifestaciones.
Videos difundidos en redes sociales mostraban cacerolazos en varios barrios y un importante despliegue de fuerzas de seguridad en zonas de la ciudad.
Apagones de hasta 22 horas
La indignación popular tiene como principal detonante el deterioro acelerado de la situación eléctrica en la provincia.
Desde el 16 de junio, la Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba reorganizó los apagones en nueve bloques de afectación, dejando a numerosos sectores con apenas entre una y dos horas de servicio eléctrico diario.
La situación se agravó aún más el pasado 15 de junio cuando la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada la principal unidad de generación del país, salió nuevamente de servicio debido a un salidero en la caldera.
Se trata de la avería número 15 registrada por la planta en lo que va de año.
Como consecuencia, las autoridades energéticas proyectaron para el horario pico una afectación de 2,085 MW, frente a una disponibilidad nacional que oscilaba entre 995 y 1,215 MW para una demanda cercana a los 3,100 MW.
El déficit energético ha provocado extensos cortes eléctricos que afectan la conservación de alimentos, el suministro de agua, las comunicaciones y las condiciones mínimas de vida de millones de cubanos.
Una ola de protestas que no se detiene
Los acontecimientos de este miércoles son la culminación de varias semanas consecutivas de protestas en Santiago de Cuba.
El propio miércoles se reportaron cacerolazos en el Reparto Sueño, que posteriormente se extendieron hacia Santa Bárbara, el Reparto Antonio Maceo, la Calle 17 de Veguita de Galo, Mármol y Altamira.
Días antes, el 12 de junio, residentes del Centro Urbano José Martí salieron a las calles para exigir electricidad, alimentos y libertad.
El 5 de junio, vecinos de Micro 2 protagonizaron protestas tras permanecer más de diez días sin servicio eléctrico.
Mientras tanto, durante los días 30 y 31 de mayo se registraron manifestaciones en Micro 3 y El Salao, donde algunos residentes quemaron neumáticos y gritaron consignas como «¡Abajo la dictadura!» y «¡Patria y Vida!».
Crece la presión sobre el régimen
Las protestas ocurren apenas un día después de que el régimen celebrara un Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), donde se discutieron más de veinte medidas económicas mientras continuaban las muestras de inconformidad popular en distintas provincias.
El contexto social también refleja un aumento significativo del malestar ciudadano.
Según datos del Observatorio Cubano de Conflictos, durante mayo de 2026 se registraron 1,311 protestas, denuncias y acciones de desafío público en toda la isla, una cifra muy cercana al récord histórico de 1,333 eventos documentados en diciembre de 2025.
El informe también señala que las acciones de confrontación directa contra el aparato represivo del Estado aumentaron un 42% respecto al mes anterior.
La nueva ola de cacerolazos en Santiago de Cuba evidencia que, lejos de disminuir, el descontento popular continúa creciendo al ritmo de los apagones, la escasez y el deterioro de las condiciones de vida en la isla.





