
La política de Estados Unidos hacia Cuba volvió a ocupar un lugar central en Washington este martes, cuando el secretario de Estado Marco Rubio lanzó una de las críticas más severas contra el régimen cubano desde que asumió el cargo.
Durante una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para presentar el presupuesto del Departamento de Estado correspondiente al año fiscal 2027, Rubio justificó la estrategia de presión impulsada por la administración de Donald Trump y aseguró que La Habana continúa siendo un factor de preocupación para la seguridad nacional estadounidense.
El funcionario afirmó que Cuba no solo mantiene un largo historial de apoyo a organizaciones armadas y movimientos radicales en América Latina, sino que además sigue desempeñando un papel relevante en las estrategias geopolíticas de Rusia y China en el hemisferio occidental.
Las declaraciones se producen en un momento especialmente delicado para el régimen cubano. La isla atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia reciente, marcada por apagones prolongados, escasez de combustible, inflación, caída del turismo, reducción de la producción nacional y una migración masiva que ha provocado la salida de cientos de miles de cubanos en los últimos años.
En paralelo, Washington ha intensificado las sanciones contra entidades vinculadas al aparato militar cubano, especialmente el conglomerado empresarial GAESA, considerado por la administración Trump como el principal centro de poder económico de la cúpula gobernante.
“Cuba ha patrocinado el terrorismo”
Uno de los momentos más relevantes de la audiencia ocurrió cuando Rubio defendió la decisión de mantener a Cuba en la lista estadounidense de Estados Patrocinadores del Terrorismo. “Cuba ha patrocinado el terrorismo. Prácticamente todos los grupos terroristas violentos radicales de izquierda en el hemisferio occidental han dependido en algún momento del apoyo de Cuba”, afirmó ante los legisladores.
La declaración constituye una de las acusaciones más directas realizadas por un alto funcionario estadounidense contra el gobierno cubano en los últimos años y refuerza la posición de la actual administración respecto a la permanencia de la isla en esa categoría.
Rubio argumentó que la política estadounidense no puede ignorar el historial de La Habana durante las últimas décadas, período en el que el régimen apoyó movimientos revolucionarios, organizaciones insurgentes y gobiernos aliados en distintas partes del mundo.
La inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo fue restablecida por Estados Unidos en enero de 2021, al final de la primera administración Trump, tras haber sido eliminada durante el acercamiento diplomático impulsado por Barack Obama.
Para Washington, la permanencia de la isla en esa clasificación responde tanto a antecedentes históricos como a preocupaciones actuales relacionadas con la seguridad regional.
Rubio señala al ELN, las FARC y otras organizaciones armadas
Durante su intervención, el secretario de Estado mencionó específicamente al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dos de los grupos guerrilleros más influyentes de América Latina. Según Rubio, estas organizaciones recibieron en diferentes momentos apoyo político, logístico o estratégico desde Cuba.
El tema ha sido motivo de controversia durante años. Estados Unidos ha acusado repetidamente al régimen cubano de ofrecer refugio a dirigentes insurgentes y facilitar contactos políticos a organizaciones armadas de la región. La Habana, por su parte, ha defendido su participación en procesos de paz y ha negado el apoyo actividades terroristas.
Sin embargo, sectores de la política estadounidense sostienen que la influencia ejercida por Cuba sobre diversos movimientos revolucionarios latinoamericanos durante décadas constituye una evidencia de su involucramiento en conflictos regionales.
La referencia a estos grupos cobra especial relevancia en un contexto en que la seguridad hemisférica vuelve a ocupar un lugar prioritario dentro de la agenda exterior de Washington.
La preocupación por las operaciones de inteligencia de China y Rusia
Otro de los aspectos centrales del discurso de Rubio fue la creciente presencia de China y Rusia en Cuba. El secretario de Estado aseguró que el régimen continúa colaborando con ambos países en materia de inteligencia y vigilancia estratégica, una situación que considera incompatible con los intereses de seguridad de Estados Unidos.
Las preocupaciones de Washington se han incrementado desde que comenzaron a surgir informes sobre posibles instalaciones de recopilación de inteligencia electrónica operadas con apoyo chino en territorio cubano.
De acuerdo con una evaluación publicada en diciembre de 2024 por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Cuba albergaría una red de al menos 12 instalaciones asociadas a labores de inteligencia electrónica operadas con apoyo chino. Entre los emplazamientos señalados en el informe figuran zonas estratégicas como Bejucal, Calabazar, El Wajay y El Salao, consideradas puntos clave dentro de esta infraestructura de vigilancia y recopilación de señales.
En el caso de Rusia, la cooperación entre Moscú y La Habana se ha fortalecido significativamente desde el inicio de la guerra en Ucrania. Durante los últimos dos años se han multiplicado los intercambios políticos, militares y económicos entre ambos gobiernos. Delegaciones de alto nivel han visitado regularmente la isla, mientras empresas rusas han anunciado inversiones en sectores estratégicos cubanos como energía, transporte, infraestructura y telecomunicaciones.
Para Rubio, la combinación de una creciente presencia china y rusa a apenas 90 millas del territorio estadounidense representa un desafío estratégico que Washington no puede ignorar.
Cuba dentro de la competencia geopolítica global
Las declaraciones del secretario de Estado reflejan una visión cada vez más extendida dentro de los círculos de seguridad nacional estadounidenses: Cuba ya no es vista únicamente como un problema bilateral, sino como una pieza dentro de la competencia global entre Estados Unidos y sus principales rivales geopolíticos.
Funcionarios estadounidenses consideran que la isla se ha convertido en una plataforma de influencia para gobiernos adversarios de Washington en América Latina. Esta percepción ha cobrado fuerza a medida que China incrementa su presencia económica en la región y Rusia busca fortalecer alianzas políticas capaces de desafiar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental.
Rubio ha insistido en varias ocasiones en que la ubicación geográfica de Cuba convierte cualquier acuerdo militar, tecnológico o de inteligencia con potencias rivales en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos.
Por esa razón, la administración Trump ha colocado a Cuba dentro de una estrategia más amplia destinada a contener la expansión de la influencia rusa y china en el continente.
La ofensiva contra GAESA y el aparato económico del régimen
Las declaraciones de Rubio también coinciden con una nueva etapa de presión económica contra el conglomerado militar GAESA. En las últimas semanas, la administración Trump ha intensificado las medidas dirigidas contra la corporación que controla buena parte de los sectores más rentables de la economía cubana, incluyendo hoteles, puertos, zonas francas, cadenas de tiendas, remesas, inmobiliarias y servicios financieros.
Washington sostiene que GAESA concentra una porción significativa de los ingresos en divisas que entran al país y que esos recursos permanecen bajo control de las Fuerzas Armadas en lugar de beneficiar directamente a la población.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) estableció recientemente un ultimátum para que empresas extranjeras reduzcan o eliminen determinados vínculos comerciales con entidades relacionadas con el conglomerado.
Las medidas han generado preocupación entre inversionistas internacionales y podrían acelerar la salida de socios extranjeros que ya enfrentan dificultades operativas debido a la crisis económica cubana.
La disputa por la lista de Estados patrocinadores del terrorismo
La inclusión de Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo sigue siendo uno de los principales puntos de fricción entre Washington y La Habana. El 14 de enero de 2025, la administración de Joe Biden retiró a la isla de esa clasificación, pero apenas unos días después, tras asumir la presidencia el 20 de enero, Donald Trump restableció la designación con el respaldo de Marco Rubio, quien ha defendido la medida como una cuestión de seguridad nacional.
La postura de Rubio se reforzó en enero de 2026, cuando acusó al régimen cubano de proteger a William Morales, vinculado al atentado contra la taberna Fraunces Tavern de Nueva York en 1975. El secretario de Estado presentó ese caso como evidencia de que La Habana continúa ofreciendo refugio a personas reclamadas por la justicia estadounidense, uno de los argumentos utilizados por Washington para mantener a Cuba en la controvertida lista.
Por su parte, el gobierno cubano rechaza la designación y la considera una medida política basada en acusaciones falsas. Las autoridades de la isla sostienen que Estados Unidos ha tolerado durante años acciones hostiles contra Cuba desde su propio territorio. En mayo de este año, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla acusó a Rubio de promover una política de agresión contra La Habana y de utilizar el tema del terrorismo para justificar nuevas sanciones contra el régimen.
Un nuevo episodio de tensión entre Washington y La Habana
Las declaraciones de Marco Rubio confirman que la política hacia Cuba seguirá siendo una prioridad dentro de la agenda exterior estadounidense. Lejos de cualquier escenario de acercamiento diplomático, la actual estrategia apunta a una combinación de sanciones económicas, aislamiento financiero, presión internacional y acciones dirigidas contra las estructuras de poder que sostienen al régimen.
Al mismo tiempo, Washington busca reforzar el mensaje de que considera a Cuba no solo un problema de derechos humanos o gobernabilidad, sino también un asunto vinculado directamente a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Con nuevas sanciones en marcha, crecientes tensiones geopolíticas y una crisis interna que continúa deteriorándose, todo apunta a que la confrontación entre ambos gobiernos seguirá intensificándose durante los próximos meses.




