De la crisis nace el ingenio: así funciona el ‘polaquito’ cubano tras la falta de combustible en la isla

Polski eléctrico en Cuba. Foto: Video de Facebook de Murasaki Power

En medio de una crisis energética prolongada que ha intensificado la escasez de gasolina en Cuba, un grupo de ciudadanos ha dado forma a una alternativa de movilidad que resume el espíritu de adaptación de la isla: el “polaquito” eléctrico. Este vehículo artesanal surge en un contexto donde repostar combustible se ha convertido en una tarea incierta, con largas filas, racionamiento y una disponibilidad irregular que impacta tanto a conductores privados como al transporte público.

La situación ha obligado a muchos cubanos a replantearse sus rutinas diarias, desde desplazamientos laborales hasta actividades esenciales. En ese escenario, la creación de soluciones autónomas deja de ser una opción y pasa a convertirse en una necesidad. El “polaquito” no es solo un invento, sino una respuesta concreta a una problemática estructural que afecta la movilidad a nivel nacional.


Un prototipo funcional en constante evolución
Lejos de tratarse de un experimento aislado, el “polaquito” es un vehículo funcional que ya ha sido probado en condiciones reales. Sus creadores, un equipo de mecánicos en Matanzas integrado por Harvey Soblado, Richard y un especialista identificado como Contreras, han desarrollado varias versiones del modelo, incorporando ajustes técnicos tras cada prueba.

El sistema de propulsión está basado en un motor eléctrico de aproximadamente 2000 watts, complementado por un sistema que puede alcanzar hasta 5000 watts de potencia. Esta configuración le permite al vehículo desplazarse sin depender de combustibles fósiles, una ventaja clave en el contexto actual. Aunque su diseño es básico y responde a la disponibilidad limitada de piezas, el funcionamiento del vehículo evidencia un dominio técnico significativo en condiciones de escasez.

Además, la evolución del prototipo refleja un proceso de aprendizaje continuo, donde cada versión mejora aspectos como la eficiencia, la autonomía y la estabilidad del vehículo. Este enfoque empírico, basado en prueba y error, ha sido fundamental para consolidar una alternativa viable.

En la exhibición, el prototipo dejó ver un desempeño dinámico, con buena respuesta al impulso y aptitud para moverse en terrenos complejos, lo que sus desarrolladores valoran como un logro relevante dadas las restricciones tecnológicas y de recursos existentes en Cuba.

La crisis energética como motor de innovación social
El desarrollo del “polaquito” se enmarca en una coyuntura energética compleja. Cuba enfrenta dificultades sostenidas en la generación eléctrica, con termoeléctricas fuera de servicio, limitaciones en la importación de combustible y apagones que pueden extenderse durante horas. Esta situación ha generado un efecto en cadena que impacta directamente en el transporte, encareciendo los traslados y reduciendo la disponibilidad de servicios.


Ante esta realidad, la innovación ha surgido desde la base social, sin depender de grandes inversiones ni estructuras institucionales. La necesidad ha impulsado la creatividad, dando lugar a soluciones prácticas que buscan resolver problemas inmediatos. En este sentido, el “polaquito” no es un caso aislado, sino parte de una tendencia más amplia donde la ciudadanía experimenta con alternativas energéticas.

Otras soluciones alternativas que emergen en la isla
El ingenio cubano en materia de transporte no se limita al “polaquito”. En paralelo, han surgido otras iniciativas que evidencian la diversificación de estrategias frente a la escasez de combustible. Uno de los ejemplos más comentados es el de un triciclo eléctrico equipado con paneles solares, capaz de recargarse durante su funcionamiento, lo que reduce la dependencia de la red eléctrica y maximiza la autonomía.

Asimismo, algunos conductores han optado por soluciones aún más rudimentarias pero funcionales, como la adaptación de vehículos para operar con carbón vegetal mediante sistemas de gasificación. Este método, basado en tecnologías utilizadas en el pasado en contextos de crisis, ha resurgido como una alternativa viable ante la falta de gasolina.

El “polaquito” que funciona con carbón: una alternativa extrema ante la escasez
Dentro de este panorama de innovación forzada, también ha cobrado relevancia otra variante aún más rústica del ingenio cubano: otro “polaquito” adaptado para funcionar con carbón vegetal. A diferencia del modelo eléctrico, este tipo de vehículo utiliza un sistema de gasificación que convierte el carbón en un gas combustible capaz de alimentar el motor.

Este mecanismo, conocido como gasógeno, se utilizó ampliamente durante la Segunda Guerra Mundial en contextos de escasez de combustibles fósiles, y hoy resurge en Cuba como una solución improvisada pero funcional. El proceso implica la combustión controlada del carbón para generar un gas que, tras filtrarse, puede utilizarse en motores de combustión interna.

Aunque este tipo de adaptación presenta limitaciones —como menor eficiencia, necesidad de mantenimiento constante y emisiones contaminantes—, su valor radica en la posibilidad de mantener vehículos en funcionamiento en ausencia total de gasolina. En zonas donde el acceso al combustible es prácticamente nulo, esta alternativa se convierte en una opción viable para garantizar la movilidad básica.

Ingenio popular como respuesta estructural a la escasez
El “polaquito” eléctrico se inscribe dentro de una tradición de inventiva popular que ha caracterizado a la sociedad cubana durante décadas. La reutilización de materiales, la modificación de tecnologías existentes y la búsqueda constante de soluciones prácticas forman parte de una cultura de adaptación que se intensifica en tiempos de crisis.

Este tipo de innovación no solo responde a una necesidad inmediata, sino que también genera conocimiento técnico local y fortalece la capacidad de resiliencia comunitaria. En ausencia de recursos industriales o apoyo institucional, los ciudadanos se convierten en protagonistas de soluciones que, aunque limitadas en escala, tienen un impacto directo en su calidad de vida.

Limitaciones, alcance y desafíos para su expansión
A pesar de su potencial, el “polaquito” enfrenta desafíos importantes que condicionan su expansión. La falta de acceso a baterías de alta capacidad, componentes electrónicos especializados y herramientas de fabricación limita la posibilidad de producir estos vehículos a mayor escala.

Además, la ausencia de regulaciones claras sobre el uso de vehículos eléctricos artesanales plantea interrogantes sobre su circulación en vías públicas, su seguridad y su integración en el sistema de transporte. Estas barreras estructurales podrían frenar el crecimiento de iniciativas similares, a menos que se desarrollen marcos normativos que faciliten su adopción.

Una señal de cambio en medio de la crisis
Más allá de sus limitaciones, el “polaquito” eléctrico representa un indicio de transformación en la manera en que se concibe la movilidad en Cuba. La combinación de necesidad, creatividad y conocimiento técnico ha dado lugar a una solución que, aunque nacida de la urgencia, podría sentar las bases para alternativas más sostenibles en el futuro.

En un contexto donde la incertidumbre energética persiste, este tipo de iniciativas adquiere un valor simbólico y práctico. No solo evidencian la capacidad de adaptación de la población, sino que también sugieren posibles caminos hacia modelos de transporte menos dependientes de recursos escasos.


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