
Las autoridades cubanas frustraron un nuevo intento de tráfico ilegal de fauna en el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, donde un pasajero quedó detenido cuando intentaba sacar del país 28 aves ocultas en su cuerpo con tubos adheridos al mismo con papel precinta. El caso vuelve a poner en evidencia la persistencia de este tipo de delitos en los principales puntos de salida del país.
La intervención de la Aduana
La detección se produjo durante los controles rutinarios realizados por la Aduana General de la República, cuyos agentes lograron identificar la operación antes de que el pasajero abordara o completara su salida del país. La actuación fue presentada por las autoridades como un ejemplo de la vigilancia que se mantiene en los aeropuertos internacionales.
Confirmación oficial y mensaje institucional
El caso fue confirmado públicamente por William Pérez González, vicejefe primero de la Aduana, quien destacó en su cuenta en X la labor de los oficiales y reiteró que la protección de la flora y la fauna es una prioridad dentro de los controles fronterizos, enmarcada en la política oficial conocida como “Frontera Segura”.
“Frustra en el Aeropuerto de La Habana la extracción ilegal del país de 28 aves ocultas en tubos adosados al cuerpo de un pasajero. Se aplicaron las medidas administrativas y fue denunciado a la policía”, escribió el funcionario cubano.
El método de ocultamiento utilizado
Según la información oficial, el individuo transportaba las aves introducidas en tubos adheridos a su cuerpo, una modalidad de contrabando considerada especialmente riesgosa. Además del sufrimiento extremo al que son sometidos los animales, esta práctica representa un peligro sanitario y de seguridad para el propio pasajero y para el resto de los viajeros.
Medidas aplicadas al pasajero
Tras el hallazgo, al implicado se le aplicaron medidas administrativas y lo pusieron a disposición de la Policía, conforme a los protocolos vigentes para este tipo de infracciones. Hasta el momento, no se han revelado datos sobre la identidad del detenido, el destino del vuelo ni las especies exactas de aves incautadas.
Otro caso reciente
Uno de los antecedentes más directos del intento frustrado en La Habana ocurrió en agosto de 2025, cuando un pasajero terminó arrestado en el Aeropuerto Internacional de Miami tras intentar contrabandear decenas de aves vivas ocultas en su cuerpo. El método empleado —aves adheridas al torso y extremidades— fue prácticamente idéntico al detectado ahora en el aeropuerto capitalino cubano.
En aquel caso, agentes de U.S. Customs and Border Protection descubrieron la operación durante controles de seguridad previos al embarque. Las autoridades incautaron las aves y las sometieron a evaluación veterinaria, mientras que el implicado enfrentó cargos por tráfico ilegal de fauna, un delito federal en Estados Unidos que contempla sanciones severas.
El episodio de Miami tuvo amplia repercusión mediática porque puso de relieve la repetición del mismo patrón de contrabando: uso del cuerpo como escondite, rutas aéreas internacionales y alto riesgo para la vida de los animales. Especialistas advirtieron entonces que no se trataba de un hecho aislado, sino de una modalidad recurrente asociada a redes que aprovechan la demanda del mercado negro.
La similitud entre el caso de agosto de 2025 y el ocurrido ahora en La Habana refuerza la idea de un modus operandi persistente, con conexiones transnacionales y una logística conocida por quienes participan en este tipo de tráfico. Para observadores del fenómeno, ambos episodios evidencian que, pese a los controles, el contrabando de aves sigue activo y se adapta a los sistemas de vigilancia, repitiendo métodos ya detectados en aeropuertos clave de la región.
Impacto ambiental y advertencias
Especialistas en conservación y observadores del fenómeno advierten que el tráfico ilegal de aves tiene un impacto directo y acumulativo sobre la biodiversidad cubana, en particular sobre especies endémicas y poblaciones silvestres ya vulnerables. La extracción continua de ejemplares del medio natural altera los ecosistemas, reduce la capacidad de reproducción de las especies afectadas y puede provocar desequilibrios ecológicos difíciles de revertir a mediano y largo plazo.
A ello se suma el alto índice de mortalidad asociado a estos métodos de contrabando. El uso de tubos, vendas y compartimentos improvisados para ocultar animales vivos suele provocar asfixia, deshidratación y estrés extremo. En muchos casos, las aves no sobreviven al traslado, lo que agrava aún más el daño ambiental y revela el carácter cruel y desechable con el que se tratan dichos animales dentro de estas redes ilícitas.
Desde el punto de vista institucional, estos episodios también afectan la imagen del país y ponen en cuestión la efectividad real de los sistemas de control y protección de la fauna. Aunque las autoridades anuncian decomisos y refuerzos en la vigilancia, la reiteración de casos similares sugiere fallas estructurales y una brecha persistente entre el discurso oficial y los resultados sobre el terreno.
Vigilancia reforzada en aeropuertos
Las autoridades cubanas han reiterado que mantendrán y ampliarán los controles aduaneros en aeropuertos internacionales, con énfasis en la detección de delitos vinculados al tráfico ilegal de fauna. Según los mensajes oficiales, estas acciones incluyen inspecciones más exhaustivas, el uso de perfiles de riesgo, mayor coordinación entre cuerpos de seguridad y la aplicación de sanciones administrativas y penales a los implicados.
No obstante, la reiteración de casos similares en un mismo escenario —el Aeropuerto Internacional José Martí y otras terminales del país— pone en evidencia las limitaciones reales de estos mecanismos de control. A pesar de los anuncios sobre vigilancia reforzada, los métodos de contrabando se repiten con patrones casi idénticos, lo que sugiere que las redes implicadas conocen los puntos débiles del sistema y adaptan sus estrategias para sortearlos.
Especialistas señalan que el problema no se limita a la detección puntual, sino a la falta de una estrategia integral y sostenida que combine prevención, persecución penal efectiva y cooperación internacional. Mientras el énfasis continúe centrado en decomisos aislados, el tráfico de fauna seguirá reapareciendo como una amenaza constante en los principales aeropuertos del país.





