La película biográfica del bailarín contemporáneo más talentoso de Cuba y uno de los más importantes a nivel internacional ya está compitiendo en varios Festivales del mundo.

De pequeño lo llamaban Yuli, por eso la cinta de la directora española Iciar Bollaín llevará el mismo nombre. Su historia te sorprenderá porque Carlos Acosta, contrario a lo que uno pudiera imaginarse, nunca soñó con bailar en una compañía de ballet, incluso ni siquiera le gustaba, pues en realidad siempre quiso ser futbolista.

La película comienza con una narración desde el presente. Carlos Acosta desde la habitual sede de su compañía Acosta Danza, está dirigiendo un espectáculo ficticio sobre su vida, con coreografías muy contemporáneas de la española María Rovira.

De inmediato vienen los recuerdos de aquel niño nacido en un barrio humilde de Los Pinos, del municipio de Arroyo Naranjo en La Habana, que fue muy problemático. Odiaba la escuela, tenía malas notas y le gustaba andar en pandillas. Definitivamente, Carlos Acosta pudiera haber perdido el carril de su vida de no haber sido por el ballet.

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Su padre ―pasando por encima de cualquier tabú― fue quien lo condujo al mundo de la danza, porque una vecina le aconsejó matricularlo en la escuela de ballet de L y 19, para tratar de controlarlo un poco, aunque fuera en contra de la voluntad de Carlos.

Lleno de moretones y arañazos llegaba a clases Carlos Acosta, quien siempre estaba envuelto en alguna pelea callejera, porque los amiguitos del barrio le gritaban “mariquita”. Sin serlo, y convencido de su heterosexualidad Acosta continuó hasta que un acontecimiento familiar le dio un giro a su vida. Su madre sufrió una parálisis cerebral y su padre pasó dos años en prisión por atropellar a una persona.

Sin sus figuras paternas y a cargo solo de sus dos hermanas, Acosta, vio el escape perfecto para abandonar definitivamente el ballet. Faltó a clases y dejó funciones a las que nunca asistió. Entonces, el castigo no pudo ser peor. Lo mandaron a una escuela de Villa Clara, pero al llegar no había ningún profesor y mucho menos existía el cuarto año de nivel elemental. Aquella decisión era la expulsión definitiva del ballet para Carlos Acosta.



El padre sabía que al niño Carlos había que ponerle un correccional. Por eso, al salir de la cárcel se lo llevó a Pinar del Río, para becarlo en la Escuela de Arte. Los profesores estaban dudosos, pero luego de un intenso mes a prueba, aquel niño insoportable se fue transformando en un bailarín de respeto, muy influenciado por el profesor Juan Carlos González, quien le enseñó que en la vida nada más vale que lo que uno se cultive por sí mismo, aunque te cueste la existencia.

Hecho ya un jovencito muy maduro y con grandes capacidades físicas y técnicas para el ballet regresó a La Habana. Fue corriendo a la escuela de L y 19 con la frente en alto y con muchas ganas de aprobar su examen de pase de nivel. Carlos Acosta asombró a todos recibiendo como nunca antes calificación perfecta, algo que pocos bailarines han logrado en esa escuela.

16 años tenía cuando Ramona de Saá lo vio y lo escogió para que fuera el segundo estudiante de solo dos que viajarían a Italia para trabajar con el Ballet del Teatro Nuevo de Turín.

Desde entonces, Carlos Acosta nunca más ha dejado de bailar ballet, ni siquiera ahora que ya tiene su propia compañía, Acosta Danza, de la cual es bailarín y también profesor. Sus estirados movimientos, rudos y a la vez pretenciosos, lo hacen volar por los aires como si fuera el rey de las alturas.



Bailó con gran prestigio en el Grand Prix de Lausanne de Suiza, y se adueñó del English National Ballet, luego del Houston Ballet hasta pasar la mayor parte de su carrera en el Royal Ballet de Londres.

La cinta Yuli, que probablemente será exhibida en La Habana como parte del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, esta coproducida por España, Francia, Alemania, Cuba y Reino Unido.

En él, además de la actuación del propio Carlos Acosta que se interpreta a sí mismo en su faceta más actual, podremos ver también las actuaciones de Santiago Alfonso, Laura de la Uz y Yerlín Pérez.

Así que ya lo sabes, si tienes la oportunidad de ver la cinta Yuli, no dejes de sorprenderte con esta inusual historia, sobre uno de los bailarines más importantes del mundo, que es cubano.