Actriz cubana Susana Pérez. Foto: Instagram/Susana Pérez

Ante la polémica y los ataques la actriz cubana Susana Pérez recordó algo que ya había publicado hace algún tiempo exponiendo sus reclamos a la «revolución cubana»


Susana Pérez que ha recibido críticas pero también muchas muestras de apoyo después del video donde pone su voz para un anuncio de campaña de Trump.

Aquí les dejamos los reclamos de Susana Pérez a la «revolución cubana»

Reclamos a la Revolución cubana.

Le reclamo 55 años de frustración.


Le reclamo las rosas del jardín de mi escuela de monjas donde aprendí a leer y escribir, a sentarme a la mesa y manejar cubiertos y a compartir el pan.Ya no están ni las rosas, ni el jardín,ni las mesas, ni los cubiertos, ni el pan.

Le reclamo las ventanas de mi secundaria, las pizarras dobles, el taller de educación laboral que ya no existen.

Le reclamo todas las Escuelas al campo, mi fiesta de 15 cumplidos en medio de un cañaveral en lo más recóndito de Camagüey.

Le reclamo los cientos de horas de trabajo voluntario completamente inútiles.Le reclamo a mi padre que se creyó el cuento de que la revolución era más importante que la familia y cambió a su mujer por la Patria y se murió lleno de decepciones inconfesadas.

Le reclamo los actos de repudio, el terror en los ojos de los que los padecieron.

Le reclamo los fusilamientos, los miles de muertos en el mar, el trasbordador 13 de marzo,la rectificación de errores q no rectificó nada,los apagones, el calor y los mosquitos, el hambre, la úlcera mía y la de mi hijo, los años de beca de mi hija, la familia separada y sin poder comunicarse.

Le reclamo el miedo que me impidió dar un paso hacia el hombre que amaba en ese momento, ese miedo que me empujó hacia atrás por la simple idea de no saber cuándo volvería a ver a mis hijos.Ese miedo que te obligaba a callar, a morderte la lengua, a fingir, a engañar y a engañarte, ese miedo que te llevaba a ser hipócrita y a traicionarte a ti mismo.Ese miedo que pasa a formar parte de la sangre de cada cubano y que todavía nos pone nerviosos en los aeropuertos. Ese miedo que te paraliza, ese miedo que te corroe el alma y los huesos. Ese miedo que permite que abusen de ti hasta que un día decides dar el portazo final y el miedo poco a poco, muy lentamente va desapareciendo y entonces se convierte en rabia y gritas, golpeas cazuelas, te manifiestas pero sobre todo decides que no puedes volver al lugar donde violaron tus sueños.

Susana Pérez