
El congresista cubanoamericano Carlos Giménez compartió una historia familiar que comienza con la salida de Cuba, pasa por una vivienda donde convivieron con unas 20 personas y culmina con la devolución de un objeto que todavía conserva: un reloj de su padre.
Se trata de un Omega Constellation de 1957, una de las dos piezas que, según relató, su papá llevó consigo al emigrar. Con el tiempo, aquel reloj pasó a manos del familiar que los recibió, como un gesto de agradecimiento. Años después, una petición de su abuela hizo posible que llegara a las manos de Giménez.
«Mi papá llegó con 10 dólares y dos relojes, uno de los cuales conservo hasta el día de hoy», contó el legislador, según la traducción de sus declaraciones en inglés.
Dos relojes y una familia que les abrió las puertas
Giménez explicó que su padre llevaba el Omega y un Rolex Datejust. Al describir el Constellation, lo recordó como un reloj especialmente bonito que su papá utilizaba, según cree, para vestir.
El propio congresista reconoció que desconoce cómo logró llevar ambos relojes consigo. Lo que sí recordó fue la precariedad económica con la que comenzó aquella etapa: apenas 10 dólares y la ayuda de familiares para tener un lugar donde vivir.
La familia se instaló en casa de una tía de su madre, que estaba casada con un arquitecto. Allí permanecieron durante aproximadamente dos años, compartiendo la vivienda con unas 20 personas más, según su testimonio.
El alojamiento les permitió contar con apoyo mientras conseguían establecerse y dar el siguiente paso: mudarse a un apartamento propio.
El regalo con el que su padre agradeció la acogida
Cuando finalmente dejaron aquella casa, el padre de Giménez quiso reconocer la ayuda recibida. Su manera de hacerlo fue entregar el Omega al familiar al que el congresista se refiere como su tío.
«Mi papá le dio el reloj a mi tío como muestra de agradecimiento», explicó.
El objeto que había acompañado al padre en su salida de Cuba quedó así vinculado también a quienes les habían abierto las puertas. La entrega ocurrió al terminar aquellos dos años de convivencia, cuando la familia ya podía comenzar una nueva etapa en su propia vivienda.
Sin embargo, la historia del reloj no terminó con ese regalo.
La petición de su abuela que Giménez desconocía
Años después, su abuela habló con el tío y le pidió que el reloj fuera entregado a Giménez. Él no sabía que aquella conversación había ocurrido.
Según explicó, su abuela consideraba que la pieza debía llegar a sus manos como un recuerdo de su padre y una herencia familiar.
La devolución se produjo cuando Giménez ya había alcanzado el cargo de jefe de división en el Departamento de Bomberos de la Ciudad de Miami. Un día, su tío lo llamó para invitarlo a cenar.
Giménez acudió con su esposa sin conocer el motivo de la invitación. Describió a aquel familiar como una especie de patriarca, una figura de referencia dentro de la familia.
Durante la cena, el tío le reveló la petición de su abuela y le explicó que había seguido de cerca su trayectoria profesional.
«He estado viendo lo que has hecho con tu carrera y estoy muy impresionado con lo lejos que has llegado», recordó Giménez sobre las palabras que le dirigió.
Entonces llegó el momento de devolverle la pieza: «Quiero entregarte el reloj de tu padre».
Un recuerdo que conserva hasta hoy
Giménez hizo una precisión al contar ese momento: su padre todavía estaba vivo cuando recibió el reloj.
Aceptó el regalo y, según aseguró, lo conserva hasta el día de hoy. El Omega había pasado del padre al familiar que les dio alojamiento y, finalmente, al hijo, por iniciativa de la abuela.
En ese recorrido quedó reunida una parte de la historia de su familia: la salida de Cuba, los primeros años compartiendo techo con otras personas, el agradecimiento por la ayuda recibida y el reconocimiento a su carrera en Miami.
Para Giménez, aquel reloj de 1957 sigue siendo un vínculo concreto con su padre y con los familiares que los acompañaron cuando tuvieron que comenzar de nuevo.





