La actual Cuba trae para los negocios particulares un singular requisito, ser blanco y tener al parecer la eterna juventud.


Problema al que se enfrentan las personas que pasan los 50 años y pertenecen a la raza negra. Un factor que resalta totalmente el racismo que esta floreciendo como la primavera. Optar por una plaza en muchos de los negocios particulares es llegar con una piel clara y por supuesto que no tenga trazos de vejez en el rostro, dígase canas o arrugas.

Demostrando que todo aquel descendiente de africanos estén descalificados para una posible aceptación. Una mulata de tez clara puede que sea contratada, en cambio una negra prieta, con buena suerte, recibe una sonrisa y la sentencia de, “lo siento no hay plazas”.

Hace unos días un vecino que frisa los 58 años, tuvo la amarga experiencia de recibir la triste noticia de no poder aspirar a ganarse el pan como cuidador de peces ornamentales para la venta, por ser negro y viejo. Su madre, una anciana de 87 años, se enteró de la plaza vacante con un joven del barrio. Ella se contentó con la noticia, para acto seguido quedar desconcertada con la advertencia de: “lo siento, el dueño está buscando una persona que sea blanca y joven”.

Esta situación es indiferente para las instituciones estatales, sin tomar soluciones y provocando mayores fracturas sociales y culturales.


Con los pensamientos de que el problema no es tan grave, la Cuba que intentamos recatar serán solo ruinas pero si no se busca la manera de atajar esas posturas racistas.