El primer maestro cocinero cubano con una estrella Michelin, y el chef (y dueño) de la paladar privada donde cenó el expresidente Barack Obama durante su viaje a Cuba, tienen algo más en común que su amor por la cocina: ambos representan el éxito que pueden encontrar los afrodescendientes en el emergente sector privado en la Isla.

Junto a las también exitosas Mady Letamendi, a la cabeza del negocio familiar de bolsos y carteras de piel Zulu; María Ferrer, directora de MAFA, un centro de estética y belleza; Alberto González, dueño de la panadería artesanal Salchipizza; y Carlos Cristóbal Márquez, dueño de la paladar San Cristóbal, conversaron sobre los retos que han tenido como “cuentapropistas” en Cuba en un encuentro con activistas del movimiento afrocubano celebrado en Harvard en abril.

“He tenido la oportunidad de tener siete presidentes en el restaurante, incluido Barack Obama”, declaró Márquez. “Para mí fue un honor tenerlo allí, no sé si fue porque es el único restaurante de éxito en La Habana… de negros”, agregó.

San Cristóbal fue seleccionado el cuarto mejor restaurante del Caribe en 2014 por TripAdvisor.


“Soy el primer cubano con una estrella Michelin”, dijo con orgullo González. “Hoy hago un pan que se llama ‘pan integral de la abuela’, soy una de las personas que tiene la masa madre más antigua de Latinoamérica, que tiene 87 años”, explicó.

Los bolsos de cuero exclusivos confeccionados por Letamendi y su familia, recibieron un premio en la pasada Feria Internacional de La Habana y Ferrer asegura que tiene clientes que viven en Europa y Estados Unidos y que viajan hasta Alamar,en las afueras de La Habana, por sus tratamientos.

Pero sus casos, aunque sirven de modelo para otros afrodescendientes en la isla, parecen ser excepcionales en un sector en el que los blancos están mucho más representados, uno de los ejemplos más visibles del aumento de la desigualdad racial en Cuba.

Entre los obstáculos que encuentra la población afrocubana para iniciar un negocio privado en su país se encuentra la falta de un capital inicial.

Son en su mayoría blancos los dueños de casas en los circuitos turísticos y quienes reciben más remesas de sus familiares en el extranjero. Según la profesora de Baruch College, Katrin Hansing, alrededor del 90 % de los cubanoamericanos son “fenotípicamente blancos”.

Pero el problema, asegura, “no es el envío de remesas, o que la diáspora cubana sea blanca sino que el gobierno cubano no tiene un sistema de préstamos suficientemente amplio para que toda la población pueda participar en la nueva economía”.

Ello tiene como consecuencia que grandes sectores de la población que no tiene recursos ni familiares en el extranjero –sobre todo afrodescendientes– “se queden fuera”.

Las historias de movilidad social de la mayoría de estos empresarios muestran por qué sus casos son excepcionales. Su éxito está marcado por la constancia, pero también por años de especialización y estudios, así como por contactos con extranjeros o períodos viviendo fuera de Cuba, lo que les ha permitido adquirir el capital inicial.

Algunos tienen claro que su punto de partida no es el mismo que el de otros “cuentapropistas” blancos.

“Es complicada la obtención de materia prima y eso hace un poco difícil a veces mi trabajo pero no imposible”, comenta Ferrer.

Hansing cree que el gobierno y la comunidad internacional deberían actuar y estudiar soluciones que pudieran paliar estas desventajas, como los sistemas de microcrédito.

Pero el acceso diferenciado al dinero en la Cuba de hoy, en dependencia del color de la piel, afecta no solo la posibilidad de abrir un negocio privado, sino también la posibilidad de adquirir capitales (culturales y sociales) que luego son indispensables para el éxito económico.

También en sectores lucrativos como el turismo, activistas y académicos han denunciado la discriminación laboral contra los negros cubanos. Los efectos de todas estas dinámicas sociales tienen expresiones muy concretas.

Por ejemplo, Márquez dijo que tenía “muy poco personal negro trabajando” en su paladar porque “es muy difícil en Cuba hoy encontrar profesionales negros en el giro de la gastronomía. En el deporte encontrarás que hay millones que son estrellas y en otros renglones, pero no en la gastronomía”.

Activistas presentes hicieron notar que muchos jóvenes negros simplemente creen que no vale la pena estudiar porque luego no encontrarán empleo en el turismo o en las paladares y el sector estatal paga magros salarios.

(Con información de el Nuevo Herald)