Awo Ogbesá, el mayor de los babalawos de Ilé Ifá Olá, explicó que luego de la “paralización” que representaba el signo de 2016 (Iroso Toldá), Irete Sukankola dice que “las cosas van a caminar lentamente. Es decir: daremos pasos pero poco a poco”.

Pidió paciencia para superar los obstáculos porque Venezuela vive “un deterioro completo, que no se cura pero se va aliviando”, que es lento.

“El país está loco. La mayoría no sale del letargo. El mismo pueblo no despierta. Hay algo espiritualmente que no deja que la gente actúe”.

Explicó que este signo hace mención a que solo un gran palo puede hacer sonar una gran campana: “Aquí en Venezuela se necesita una sola voz, que se escuche por todo el país. Aquí todo el mundo quiere hablar y nadie es oído, tanto el gobierno como la oposición”.

rete Sukankola marca el nacimiento del servicio y la inteligencia militar. El país estará sometido al poder de las Fuerzas Armadas y de un servicio de vigilancia, que, según Ogbefún, es de origen extranjero.


Para el sacerdote Awó Oyekún Batrupon, “cualquier cosa que digamos puede ser malinterpretada y nos puede salir cárcel”. Aumentará la persecución política y la represión. Todo estas acciones demostrarán la irracionalidad del gobierno a la hora de proponer soluciones.

“Ifá dice que la cabeza del rey tiene corona pero tiene cerebro de niño. Orunmila nos confirma que lo que pasa en el país es porque tenemos una dirigencia que no calza los quilates para sacarnos de esta crisis”, sostiene.

Oyekún Batrupon explicó que los errores de la actual gestión se presentan porque “la persona que está gobernando llegó al poder impuesta, por herencia, y no por mérito propio. Por eso no tiene el conocimiento para gobernar”.

Sin embargo, los babalawos no descartan una salida, aunque algo lejana, a la crisis venezolana. “Aquí habrá una explosión y la campana que será escuchada será el pueblo reclamando sus justos derechos”, apuntó Ogbesá. Para Ogbefún, “habrá un momento en el cual la gente saldrá a la calle” y una mujer podría llevar la batuta de estos alzamientos. “Oyá (diosa del cementerio) fue la única que pudo componer un conflicto entre gobernantes en la tierra”, según una historia relacionada con Irete Sukankola. Mientras tanto, Awó Oshedí recomienda no confiar “ni en su propia sombra” porque este será un año lleno de traiciones.

Los religiosos que deseen eludir los caminos oscuros de esta letra del año deberán elevar sus oraciones y ofrendas a Eleguá, dios de la suerte y dueño de los caminos, y a Yemayá, diosa del mar y madre del mundo. Ambas deidades acompañarán a los seguidores de la religión Yoruba durante los próximos 365 días que pondrán a prueba a toda Venezuela.

Publicado en El Nacional.