Hace seis años un grupo de amigos fundaron una banda de rock and roll. Ante la inconformidad con los espacios existentes, decidieron dar su primer concierto en la casa de uno de ellos. De ahí surgió La Casa del Árbol, un proyecto artístico sin fines de lucro ubicado junto a la Iglesia del Cristo en La Habana Vieja.

“Queríamos hacer música en español y en aquella época a nadie le interesaba mucho eso”, afirma Rocky, el joven en cuya azotea funciona el proyecto el primer sábado de cada mes.

“Ya hacía algún tiempo que estaba el Submarino Amarillo funcionando pero allí te limitan el repertorio y es casi obligatorio tocar temas en inglés, además casi todo son covers de música de los 70s. El otro lugar para tocar era el Maxim Rock y el público de allí es consumidor de un metal más extremo. Así que para un lugar tocábamos demasiado fuerte y para el otro demasiado suave. Para colmo en español, que no cabía en ninguno de los dos sitios”, dice.

El éxito obtenido en aquel primer concierto los animó a repetir la experiencia y durante algunos meses organizaron al menos un concierto a la semana. Fue hace tres años cuando Rocky y otros amigos, también artistas, decidieron crear oficialmente La Casa del Árbol.


El espacio ha estado funcionando ininterrumpidamente desde entonces y se ha convertido en un punto de referencia para los jóvenes habaneros interesados en el rock and roll. Aunque también, y esa es una de las premisas de su concepto, dan cabida a todo tipo de expresión artística.

“Tenemos una política de micrófono abierto. Así que una vez se termina el concierto cualquiera puede acercarse al escenario y compartir desde un poema que hayan escrito a un fragmento de un libro que le guste”, comenta Rocky

También brindan el lugar para que se realice la peña cultural El Ciervo Blanco, dedicada al estudio de las religiones paganas.

Aunque generalmente suelen presentarse artistas sin presencia en los medios oficiales, el lugar ha contado con la presencia de bandas reconocidas en el panorama nacional como Hello y Nexo.

Estos jóvenes afirman no estar muy interesados en ninguna ayuda estatal por las restricciones que esto podría traerles. El equipo que mantiene el espacio trabaja sin recibir ningún tipo de remuneración, ya que no cobra la entrada para lograr que sea un sitio adonde pueda acudir cualquier persona independientemente de su condición económica, haciendo valido el lema del proyecto: “Porque el arte no es un negocio”.

Cada uno de los integrantes utiliza sus propios conocimientos y recursos para mantenerlo a flote. Rocky, que ahora tiene 23 años, además de ser el coordinador es sonidista de profesión y se ocupa del audio.

Uno de los integrantes del proyecto creó una red wifi interna para que el público, principalmente jóvenes, pueda conocer acerca del proyecto y comentar en una sala de chat acerca de sus experiencias, descargar música, videos y letras de canciones. La contraseña para acceder está escrita en una pared.

La falta de recursos, sin embargo, se hace sentir, ya que estos jóvenes no pueden potenciar al máximo sus habilidades. Además de existir inconvenientes con el clima debido a que un toldo en el escenario es el único respaldo contra la lluvia.

Hace un año organizaron el primer Festival Casa del Árbol que contó con la presencia de algunos artistas plásticos y exposiciones fotográficas. El segundo está planeado para el mes de julio y tienen pensado mantenerlo con frecuencia anual.

“Desafortunadamente las cosas cuestan dinero. Pero decidimos seguir sin cobrar un solo centavo por venir aquí. La gente que tiene dinero de verdad no le interesa donar… A fin de cuentas, ¿qué les importa que hagan una peña en una azotea? No ganan nada”.

El público, por su parte, sigue apostando por el proyecto. Y se pueden encontrar desde jóvenes universitarios a personas de 50 años interesadas en el rock and roll e incluso visitantes extranjeros curiosos que suben desde la calle, animados por la música.

(Con información de Cubanet)