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Una de las más hermosas joyas arquitectónicas y patrimoniales de Cuba, es la esfera terrestre rotatoria que adorna la cúpula del Gran Templo Masónico en La Habana, la cual ha vuelto a la vida luego de 15 años de estar inmóvil.


La historia de su reparación es realmente conmovedora. Según el diario cubano Trabajadores, Ramón Osorio Cabreras, un electricista de 68 años de edad, se ofreció voluntariamente a devolverle el movimiento a la esfera, y quien paradójicamente, no tiene siquiera un techo propio.

El I.P.H. Lázaro Faustino Cuesta Valdés, hizo una convocatoria en la emisora Habana Radio, para reunir fuerzas y conocimientos, con el fin de salvar el preciado adorno. Dicha convocatoria llegó a oídos de Osorio quien enseguida se presentó para ayudar.

Hubo que revisar y limpiar todos los cables eléctricos, rodamientos y engranajes mecánicos, adaptar las nuevas correas que ponen en movimiento las poleas para hacer girar el eje de la esfera terrestre, y calzar el motor. “No hice el trabajo solo. Solo compulsar la idea y compartirla con los demás”, reconoció Osorio con modestia.

El administrador del edificio insiste en que falta mucho por hacer, ya que desea retocar la pintura del globo terráqueo con el concurso de un alpinista integrante de la organización, quien también pondría a punto el imponente reloj de la fachada, cuyo mecanismo interno de relojería ha sido también reparado.