Cuba inició a mediados de 2011 un proceso de reformas, en cuyo marco se permiten y fomentan formas no estatales de actividad económica.


A fines de 2016 había en la isla algo más de 535.000 trabajadores privados, según datos del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS) de Cuba.

El 31 % de los trabajadores autónomos son jóvenes, el 32 % mujeres, el 16 % pertenece además al sector estatal y el 11 % son jubilados. Entre las actividades más representadas se hallan la elaboración y venta de alimentos (unas 60.000 personas), el transporte (55.000), el alquiler de viviendas y espacios (34.000) y las telecomunicaciones (25.000).

Ese más de medio millón de personas necesitan a menudo créditos. La cuestión es que no tienen experiencia en cómo pedirlos, cuáles son los requisitos y cómo se maneja un emprendimiento particular pequeño.

Por otro lado, también los bancos cubanos carecían hasta hace poco de instrumentos apropiados para atender a este nuevo actor de la economía, que opera bajo una lógica distinta productiva y privada.


Allí es donde entra en juego la Fundación Alemana de Cajas de Ahorro para la Cooperación Internacional. Su cooperación con Cuba no es nueva. Ya de 2000 a 2002, la Fundación y el Banco Popular de Ahorro (BPA) de Cuba llevaron a cabo un proyecto conjunto para empleados bancarios en el sector de la gestión de liquidez.

Los contactos fueron retomados en 2013. En 2014 tuvo lugar en la isla la conferencia Grulac (Grupo de América Latina y el Caribe) del Instituto Mundial de Cajas de Ahorros y Bancos Minoristas (WSBI, por su nombre en inglés).

Durante la conferencia, el BPA y la Fundación Alemana de Cajas de Ahorro acordaron una renovada cooperación para el entrenamiento en el sector financiero, que se formalizó el año siguiente. Desde entonces, las actividades conjuntas de entrenamiento y asesoramiento son cada vez más intensas.

La contraparte de la Fundación Alemana de Cajas de Ahorro en Cuba es, en primer lugar el BPA, pero desde 2016 también se ha sumado el Banco Central de Cuba, a través del cual queda incluido en la cooperación todo el sector bancario.

En los bancos, por su parte, falta experiencia en la concesión de créditos a microempresarios y métodos para la evaluación de la solvencia de los emprendimientos. «Por eso, un componente de la cooperación es el entrenamiento de microempresarios y empleados bancarios en temas empresariales, recurriendo a juegos de simulación, en los que se enseña a tomar decisiones empresariales, planear presupuestos y juzgar cuándo las inversiones son sensatas», explica Niclaus Bergmann, director general de la Fundación Alemana de Cajas de Ahorro.

«En la sucursal piloto del BPA en Trinidad se concedieron el año pasado los primeros créditos a microempresarios, y para este año se planea la expansión a todo el país. Además, se llevan a cabo conferencias anuales en las que se da un vivaz intercambio de ideas entre representantes de todo el sector financiero cubano y expertos del Grupo Financiero de las Cajas de Ahorro Alemanas», dice Bergmann.

Para Bergmann, el objetivo es que «el BPA siga siendo ‘el banco de la familia cubana’ y de los empresarios cubanos, con una gran proximidad al cliente y que impulse el desarrollo del país.

Especialmente con la concesión de créditos, las instituciones financieras posibilitarán también en el futuro el desarrollo económico regional y el fomento de las actividades de cooperativas privadas y microempresarios.