Las azoteas para los cubanos tienen un gran simbolismo. Desde estos espacios se ha creado una ciudad alternativa, porque desde las alturas hay también otras formas de ver la vida. En la Isla, los tejados han sido además testigos de épocas duras, convirtiéndose en el mejor sitio de la casa para dormir justo cuando los apagones arreciaron y el calor ardió con más fuerza como consecuencia del Periodo Especial.

Al menos en La Habana sucedió así y esa peculiaridad es algo que la distingue. Los paisajes habaneros se configuran con la imagen de una ciudad en cuyos tejados se cuecen a diario miles de historias: Los palomeros, la gente que tiende, o simplemente aquellos que suben a pasar el tiempo y respirar desde allí, un aire diferente.

Esa es La Habana que ha querido reflejar la realizadora cubana Patricia Ramos en su primer largometraje que lleva por nombre El techo. La cinta, cuyas locaciones trascurren exclusivamente en azoteas y techos de viviendas cuenta tres historias que bien pudieran ser la de tantos cubanos que se atreven a soñar la vida desde una azotea.

Tres amigos protagonizados por los actores Andrea Doimeadios, Jonathan Navarro y Enmanuel Galban pasan horas en un tejado habanero contándose sus aspiraciones. Será este el lugar donde sueñan con la anhelada prosperidad y para ello deciden montar su propio negocio: Un pizzería en la azotea.


El Techo es una historia que bien merece la pena no perderse, pues nos permite explorar por dentro una Habana diferente, contada también a través de rostros diferentes. Para ello, su directora escogió jóvenes muy talentosos de una formación actoral sólida como es el caso de Enmanuel y Andrea. En cambio Jonhatan que estudia canto lírico incursionó en esta producción, sin ser actor, pero aun así Patricia Ramos apostó por él.

El filme es una oportunidad para ver una Habana única y por momentos impensable. Patricia y su equipo de producción lograron retratar a la ciudad tal y como es, colmada de matices. Alán González, fotógrafo de la cinta ha dicho que la visualidad fue uno de los aspectos más pensados para la producción de la película y al decir del propio Alán fue: “Un reto para nosotros, pues se trata de un rodaje casi todo el tiempo al sol. Era agotador. Buscábamos retratar La Habana como ella se merece: con dignidad, sin destruirla, pero sin edulcorarla demasiado. Trabajamos casi con iluminación natural”.

Las historias cinematográficas de Patricia Ramos precedidas por los cortometrajes Na Na (2004) y El patio de mi casa (2007) han destacado todas por su manera tan conocedora de la realidad cubana de estos días. Sobre su talento para contar relatos ha dicho Patricia que más bien parte de una intuición, que a veces ella tiene para sentir la realidad e interpretar lo que le rodea.

Para llevar su proyecto adelante, la joven realizadora contó con el apoyo del fondo alemán Bread-for-the-world-Protestant Development Service, el apoyo de la embajada de Noruega en Cuba, de la empresa independiente JenovaPRO, el apoyo del ICAIC y con la pequeña empresa familiar, también independiente, Mar y Cielo.



Patricia Ramos, una cineasta de grandes proyectos

Después de estrenar sus dos primeros cortometrajes Patricia Ramos experimentó el éxito, pues sus producciones lograron varios premios en la Muestra Nacional de Nuevos Realizadores y en el Festival Internacional del Cine Pobre en Gibara.

Ramos, egresada de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, ha impartido clases de guión en Cuba, Costa Rica, Argentina y Brasil. Quizás, ese contacto siempre con la enseñanza es lo que ha hecho que Patricia esté constantemente ideando algún relato.

La joven cineasta está cocinando varios proyectos, algunos bastante ambiciosos. Eclipse es el nombre de la cinta que pretende realizar en Nicaragua, cuyo guión fue escrito por Humberto Jiménez y que se alzó con una mención en el concurso de guión para Largometraje “Julio Alejandro” de la SGAE.

Pero Patricia, no se quiere conformar con una película filmada en Cuba. Por eso sueña ya con la segunda que narra una historia atrevida y muy polémica. Se trata de la vida de Enriqueta Faber, la primera mujer que ejerció la medicina en Cuba, pero vestida de hombre. Antes de llegar a esta tierra en 1819, Enriqueta pasó 10 años como hombre y fue en la Isla donde se casó con una mujer, siendo el único matrimonio gay del que se tiene registro. La esposa de Enriqueta Faber, cuando se entera de quien es realmente este supuesto hombre, la lleva ante los tribunales para desenmascararla, siendo este el juicio más escandaloso de la época.

Sin dudas, esta película promete ser sorprendente. Al menos la respalda un gran relato que forma parte de la historia de Cuba y de la que muy poco se conoce. Con estos anuncios Patricia nos ha dejado ansiando su próxima entrega. Aunque por lo pronto, el anhelo más grande de esta joven realizadora es que los espectadores disfruten a plenitud de su más reciente cinta El techo, una historia para descubrir una ciudad sobre la ciudad.