El presidente electo Donald Trump y futuro presidente de Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero es un amante de la comida chatarra y conocidos son sus gustos por Kentucky Fried Chicken, McDonalds y los taco bowls que se hacen en la Torre Trump.


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Este podría ser un dato sin importancia sino fuera por la controversia existente en Estados Unidos por la calidad de la comida que comemos y los efectos para salud.

El presidente además de dirigir el país tiene un efecto importante en la sociedad y los mercados por cada cosa que dice y hace.

Por ejemplo, Michelle Obama lleva desde hace años una campaña para promover la alimentación saludable sobre todo en los niños ¿Que pasara con esa campaña ahora? se preguntan muchos expertos preocupados.

Los Obama no solo introdujeron comidas y refrigerios más saludables en la Casa Blanca, sino que también abordaron una mejor alimentación como una cuestión nacional, con la primera dama Michelle Obama liderando la iniciativa ‘Let’s Move’.


Otro presidente que era adicto a la comida chatarra fue Bill Clinton que fue incluso objeto de bromas por esa causa durante sus 8 años de mandato.