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Hendy Coba, presidente del club de propietarios de autos en La Habana, «Amigos del Motor», asegura que el 2016 ha sido el año del Fiat 126p.

Este humilde carro polaco de dos cilindros, conocido como Polaquito, fue olvidado por la mayoría de la gente después de la caída del muro de Berlín. Décadas después, este carro cariñosamente conocido en la isla como Polski, sigue rodando por las calles de Cuba. Se estima que unos 10.000 Polski están registrados en Cuba, según los aficionados.


El salario medio en Cuba es de cerca de 25 dólares al mes, y el precio de los autos, controlado por el gobierno, y la gasolina, están entre los más altos del mundo. A esto se le suman los recortes del crudo subsidiado de Venezuela, por lo que la gente se queja de la falta de autobuses y taxis en las calles.

Con apenas 24 caballos de potencia, dependiendo de qué tanto haya sido alterado el auto, el Polski pesa una media tonelada y ofrece a las familias la posibilidad de moverse de forma independiente por unos pocos miles de dólares, una suma que pueden alcanzar quienes logran ahorrar algún dinero por tener algún empleo privado o familias que envían remesas desde el extranjero.

Y así, los mecánicos autodidactas que han logrado mantener operativos los autos clásicos estadounidenses durante décadas, ahora usan su talento en estos pequeños artefactos de la Guerra Fría, que equipan con suspensiones más fuertes, motores más potentes e incluso sistemas de sonido de alta potencia y nueva tapicería.

El Polski, al ser un auto económico ha alcanzado gran popularidad entre los cubanos, y los extranjeros que visitan la Isla se quedan maravillados con el pequeño medio de transporte e incluso le hacen fotos.