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Cuando investigadores de la Universidad de Chicago trataron de prevenir la violencia con armas de fuego, notaron que identificar qué tipo de persona corre el mayor riesgo de ser herido de bala no era lo difícil, informó el Nuevo Herald.


Resultó que lo difícil era encontrar la manera de que esos jóvenes se reincorporaran al buen camino. En el 2009, el distrito escolar de Chicago vinculó a cada uno de los 250 alumnos identificados por los investigadores con mentores a tiempo completo, a un costo de $15,000 cada uno, pero el programa no logró evitar que tuvieran malos resultados académicos o se involucraran en problemas.

La experiencia de Chicago subraya los grandes retos que enfrenta Miami-Dade en momentos que el condado trata de determinar cómo evitar que los alumnos sean víctimas de la violencia con armas de fuego, que ha dejado docenas de víctimas mortales en años recientes.

En septiembre, una coalición de organizaciones y entidades de gobierno, entre ellas el distrito escolar, anunció que habían identificado a 2,000 alumnos que corrían un alto riesgo de ser baleados, sobre la base de su asistencia a la escuela, problemas de comportamiento y rendimiento académico.

Ahora la coalición, llamada «Together for Children», espera evitar los errores cometidos en Chicago al pedir ayuda a la comunidad para desarrollar un plan. Durante el mes pasado, la coalición celebró varias reuniones en todo el condado para discutir qué se debe hacer ante un problema tan complejo.


“Esperamos que no sea más de lo mismo”, expresó Mcarthur Richard, miembro de un grupo comunitario llamado Circle of Brotherhood. “Ha sido el mismo ciclo, los mismos grupos, las mismas organizaciones desde hace años”.

Pero Dorothy Zeigler, capellana y ex maestra, se mostró esperanzada. “Nos hemos dado cuenta que estos problemas no son de un solo grupo. Todos tienen una idea, pero no la comparten, así que compartirla es lo que tenemos que hacer”, dijo.

El esfuerzo también apunta a dar tratamiento a los alumnos lo más temprano posible, porque casi una cuarta parte de los identificados por el estudio tienen menos de 11 años.

«Together for Children» ha tenido cuidado de “no apresurarse a adoptar soluciones, son conversaciones apropiadas y extensas con la comunidad”, dijo el superintendente escolar, Alberto Carvalho. “Queremos investigar y entender las mejores prácticas, para entonces, en colaboración con la comunidad, adoptar un plan de acción que se pueda implementar, financiar y medir”.