El profesor Ernesto Figueredo participa en el Congreso Internacional Economía de Comunión que preside el Papa Francisco y que se celebra en Castelgandolfo, Roma, hasta este domingo, reporta la agencia de prensa EFE.

Figueredo, quien se desempeña como magistrado de economía en el Instituto de Estudios Ecleseásticos Félix Varela y además labora en una gestora de negocioa que impulsa proyectos en la isla, fue recibido por su santidad junto a más de 1000 participantes.

«Intentamos crear una cultura emprendedora y empresarial en Cuba porque durante muchos años casi todo el mundo trabajó para el Estado y por supuesto que se fue perdiendo», aseguró Figueredo.

Durante un discurso en el evento, el líder religioso agradeció al Movimiento de los Focolares, organizadores del evento, y señaló que muchas veces la cultura actual intenta separar la economía de la comunión, hecho que los asistentes rebatieron con su presencia en el Vaticano.


De esta idea resaltó el compromiso de convertir a la economía en una comunión de bienes, provecho y talento, y se refirió a tres cosas: del dinero, la pobreza y el futuro.

«Ciertamente el dinero es importante para la vida como un medio, pero se hace un ídolo cuando se convierte en un fin. Ya que, la avaricia, que no por casualidad es un vicio capital, es pecado de idolatría porque la acumulación de dinero en sí mismo se convierte en el fin del propio actuar”, aseguró.

«El mejor modo y más concreto para no hacer del dinero un ídolo es compartirlo con los demás, sobre todo con los pobres, o para hacer estudiar y trabajar a los jóvenes, venciendo la tentación de la idolatría con la comunión”, afirmó.

Sobre la pobreza dijo que «una grave forma de pobreza de una civilización es no lograr ver más a sus pobres, que primero son descartados y luego escondidos».

La economía de comunión, si quiere ser fiel a su carisma, añadió el Papa, no debe solo curar a las víctimas, sino construir un sistema donde las víctimas sean cada vez menos, donde posiblemente no hayan más.

“Imitar al buen samaritano del Evangelio no es suficiente”, y agregó “Un empresario que es solamente un buen samaritano cumple solamente la mitad de su deber: cura a las víctimas de hoy, pero no reduce a aquellas de mañana”.