Dos acróbatas ponen la bandera cubana bien en alto en la capital alemana. Por 7 minutos la pareja trabaja alrededor de un mástil en el centro del escenario concluyendo el número de una manera muy singular: una bandera humana en un despliegue de «pura fuerza» de los cubanos Leosvel y Diosmani, reportó EFE.


«No hay secreto, lo único es ir al gimnasio todos los días», dice a EFE Leosvel, de 37 años y natural de Pinar del Río, en una pausa en los ensayos del espectáculo en el que participan en el histórico Wintergarten berlinés.

«Lo llaman el palo chino y dice que ellos fueron los primeros en hacerlo», concede sobre el origen del número este gimnasta de formación, residente desde hace 19 años en México como su compañero de mástil.

Su compañero es el camagueyano Diosmani, de 42 años, quien reconoce que ya la edad le va poniendo más dificultad al número acrobático, aunque Leosvel no tiene dudas que ambos han conseguido mantener un «nivel muy alto».

La pareja llega al espectáculo de Staunen (Asómbrense) con un currículum de reconocimiento internacional habiendo obtenido en el 2013 en Mónaco, el Clown de Plata, en el Festival Internacional del Circo de Monte-Carlo.


Bandera, parada de manos y equilibrio de fuerza sobre una mano apoyada sobre el costado de Leosvel es la sucesión de elementos en la demostración acrobática que ambos protagonizarán ante un público que, como es tradición en este tipo de espectáculos en Berlín, podrá estar degustando la cena en ese momento o consumir una bebida.

En las presentaciones de Wintergarten es cada vez más común encontrar una variedad de artistas de todas partes del mundo. El director del establecimiento, Geog Strecker, dijo a EFE que estaba muy complacido con la presencia de los cubanos en el espectáculo.

Los acróbatas cubanos se preparan por su parte para una larga estancia berlinesa y cuentan que en Alemania «hay más oportunidades de trabajo».

«El público alemán es de los mejores, saben lo que ven», dice Leosvel, que menciona los numerosos teatros, locales y circos que están acostumbrados a programar espectáculos que mantienen una tradición de la que ya los números con animales desaparecieron hace tiempo.