
Una cubana denunció en redes sociales el asalto que sufrió su madre poco después de salir del Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana, un episodio que ha vuelto a encender las alarmas sobre la seguridad de los viajeros que llegan a la capital cubana durante la madrugada y deben transitar por la avenida de Boyeros.
La denuncia la realizó Amanda Silverio, quien contó en TikTok que su madre acababa de arribar desde Alemania cuando fue víctima de un robo en plena vía pública. Según su relato, el vehículo en el que viajaba tuvo que detenerse en Boyeros, momento que fue aprovechado por varios delincuentes para abrir el maletero y llevarse una de las maletas.
El caso no solo provocó indignación por el robo en sí, sino por el nivel de vulnerabilidad que enfrentan quienes llegan a Cuba cargados de equipajes, dinero, medicinas, alimentos o artículos enviados desde el exterior para sus familiares. La situación se vuelve aún más preocupante porque Boyeros es una de las rutas más utilizadas para conectar el aeropuerto habanero con el resto de la ciudad.
El robo ocurrió tras una parada en la avenida de Boyeros
De acuerdo con el testimonio difundido por Amanda Silverio, su madre viajaba desde el aeropuerto cuando el auto se detuvo en la avenida de Boyeros. En ese instante, los delincuentes golpearon el maletero, lograron abrirlo y comenzaron a sacar una maleta. «Asaltaron a mi mamá saliendo del aeropuerto de La Habana en la línea de Boyeros y te cuento para que no te pase a ti y tengas mucho cuidado», comienza diciendo al inicio del video.
La víctima se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo porque se encendió la luz interior del compartimento del equipaje. Al advertir el robo, comenzó a gritar para alertar al chofer y a los demás ocupantes del vehículo.
El hecho ocurrió en un momento especialmente vulnerable del trayecto: la madrugada, con menos circulación, menor presencia de personas en la vía y pasajeros recién llegados tras un vuelo internacional. «Como en esa línea de Boyeros hay que parar obligado, ahí se aprovecharon, le metieron un palo al maletero», agrega. Ese tipo de escenario facilita que los delincuentes actúen con rapidez, especialmente si conocen los puntos donde los autos suelen detenerse o reducir la velocidad.
La denuncia apunta a una modalidad que preocupa a muchos conductores: atacar vehículos que salen del aeropuerto, sabiendo que probablemente transportan maletas con artículos de valor o productos difíciles de conseguir en Cuba.
@amandasilverio581 Volver a Cuba siempre llena mi corazón, pero esta vez también me dejó una gran tristeza. Ver los apagones, familias cocinando con carbón, las dificultades del día a día y, además, saber que mi mamá fue asaltada al salir de La Habana, fue muy duro. #Cuba #MiExperiencia #Familia #Realidad #Emigrante ♬ sonido original – Amanda Silverio Style
Los atacantes actuaron en grupo y usaron pistolas de balines
Amanda Silverio explicó que el asalto no habría sido cometido por una sola persona, sino por un grupo de individuos que parecía estar coordinado. Según su versión, cuando el chofer y otro acompañante bajaron del vehículo para intentar recuperar el equipaje, los agresores les dispararon con pistolas de balines.
«Cuando se bajaron del carro para tratar de recuperar la maleta le empezaron a disparar con pistolas de balines. O sea, que no es uno, son varios que están ahí preparados para asaltar», explica la mujer.
Ese detalle aumentó la alarma entre quienes vieron la denuncia, porque evidencia que los delincuentes no solo estaban dispuestos a robar, sino también a intimidar o agredir para garantizar la huida. Aunque se tratara de armas de balines, el ataque pudo provocar lesiones y generar pánico entre los ocupantes del vehículo.
El uso de este tipo de objetos también refleja una evolución preocupante en algunos robos denunciados en Cuba: ya no se trata únicamente de hurtos rápidos o descuidos aprovechados por oportunistas, sino de acciones más violentas, planificadas y ejecutadas por grupos que conocen los movimientos de los viajeros.
Para muchas familias de la diáspora, este tipo de relato confirma una preocupación creciente: llegar a la isla ya no implica solamente enfrentar problemas de transporte, apagones o escasez, sino también riesgos directos durante los primeros minutos fuera del aeropuerto.
Boyeros, una vía estratégica convertida en punto de preocupación
La avenida de Boyeros es una de las arterias más importantes de La Habana. Por ella circulan miles de personas cada día y es una de las principales vías de acceso al Aeropuerto Internacional José Martí. Precisamente por esa función, se ha convertido en una ruta habitual para taxis, autos particulares, familiares que recogen viajeros y vehículos de alquiler.
Sin embargo, en los últimos años también ha sido mencionada en denuncias ciudadanas por intentos de robo, ataques contra autos y maniobras para obligar a los conductores a detenerse. El caso de la madre de Amanda Silverio se suma a una cadena de reportes que han instalado preocupación entre quienes transitan por la zona, especialmente de noche.
La peligrosidad percibida no se debe solo a la oscuridad o a la falta de vigilancia visible. También influye la existencia de tramos con vegetación, puentes, semáforos, zonas de baja iluminación y puntos donde los vehículos deben reducir la marcha. Para los delincuentes, esas condiciones pueden convertirse en oportunidades para acercarse al maletero, romper una ventana, lanzar objetos o intentar sustraer equipajes.
El temor aumenta porque muchas víctimas no denuncian formalmente o no esperan una respuesta efectiva de las autoridades. En ese contexto, las redes sociales terminan funcionando como mecanismo de alerta pública, donde los usuarios comparten experiencias para advertir a otros viajeros.
Antecedentes de ataques en la misma avenida
El asalto denunciado por Amanda Silverio no aparece como un hecho aislado. En junio de 2023, un chofer logró escapar de un intento de robo en el semáforo de la CUJAE, también sobre la avenida de Boyeros. Según reportes difundidos entonces, varios delincuentes se ocultaban entre la vegetación cercana para aprovechar la detención de los vehículos e intentar subirse a los maleteros.
Ese caso generó preocupación porque mostraba una modalidad específica: esperar a que los autos se detuvieran en un semáforo para atacar la parte trasera del vehículo, donde suelen ir las maletas de quienes salen del aeropuerto. La presencia de vegetación en las inmediaciones facilitaba que los sospechosos se ocultaran y actuaran con rapidez.
Meses después, en febrero de 2024, se reportaron ataques con piedras lanzadas desde un puente en la Calle 100. La presunta intención era impactar los vehículos, forzar a los conductores a detenerse y luego robarlos. Este tipo de agresión resulta especialmente peligrosa porque no solo busca sustraer pertenencias, sino que también puede provocar accidentes graves.
Ambos antecedentes refuerzan la idea de que determinados puntos de Boyeros han sido utilizados para atacar vehículos en movimiento o en paradas obligatorias. Aunque cada caso tiene características distintas, todos comparten un mismo patrón: delincuentes que aprovechan la vulnerabilidad del tránsito nocturno, la falta de vigilancia y la carga visible de quienes llegan desde el exterior.
Viajeros de la diáspora, un blanco atractivo para los delincuentes
Los cubanos residentes en el extranjero suelen viajar a la isla con equipajes cargados de productos que tienen alto valor práctico y económico dentro del país. En muchas maletas viajan medicamentos, alimentos, ropa, aseo personal, celulares, piezas de repuesto, dinero en efectivo y artículos encargados por familiares.
Esa realidad convierte a los pasajeros recién llegados en blancos particularmente atractivos para los delincuentes. A diferencia de otros transeúntes, quienes salen del aeropuerto suelen transportar varias maletas y muchas veces no conocen el estado real de las vías, los puntos de riesgo o las zonas donde conviene evitar detenerse.
Además, el cansancio acumulado tras vuelos largos, los trámites migratorios, la espera por el equipaje y la ansiedad por llegar a casa reducen la capacidad de reacción. En el caso denunciado por Amanda, su madre acababa de llegar desde Alemania, lo que muestra cómo el trayecto desde el aeropuerto puede convertirse en el momento más vulnerable del viaje.
El impacto de estos robos va más allá de lo material. Para muchas familias, perder una maleta significa perder medicinas que no se encuentran en farmacias, alimentos que iban destinados a niños o ancianos, ropa difícil de comprar en la isla o productos comprados con sacrificio en el exterior.
La inseguridad golpea con más fuerza en medio de la crisis
La denuncia ocurre en un contexto de deterioro económico y social en Cuba. La escasez de alimentos, los apagones prolongados, la falta de combustible, la inflación y el debilitamiento de los servicios públicos han agravado la percepción de inseguridad en la población.
Amanda Silverio también describió durante su viaje una realidad marcada por familias cocinando con carbón, precios muy altos y largas colas para obtener apenas 10 litros de gasolina. Esos elementos ayudan a entender el ambiente en el que se producen muchas denuncias de robos: un país donde la vida cotidiana se ha encarecido y donde productos básicos pueden adquirir un valor extraordinario.
Cuando el acceso a bienes esenciales se vuelve difícil, las pertenencias de quienes llegan desde el exterior adquieren mayor atractivo para el mercado informal. Una maleta puede contener desde medicamentos hasta productos de higiene o comida, todos artículos muy demandados en un entorno de desabastecimiento.
La falta de combustible también complica la movilidad, limita la presencia policial efectiva y hace más difícil reaccionar con rapidez ante hechos delictivos. Para las familias que esperan a un viajero, conseguir transporte seguro desde el aeropuerto puede convertirse en un desafío adicional.
Denuncias ciudadanas y sensación de desprotección
En los últimos años, las redes sociales se han convertido en un espacio clave para denunciar robos, agresiones y hechos violentos en Cuba. Muchas personas publican videos o testimonios no solo para contar lo que les ocurrió, sino también para advertir a otros y presionar por algún tipo de respuesta.
El caso de Amanda Silverio sigue ese patrón. Su publicación no se limitó a relatar el asalto, sino que tuvo un claro propósito preventivo: alertar a quienes viajen a Cuba y deban salir del aeropuerto habanero, especialmente en horarios de poca circulación.
La difusión de estos testimonios también evidencia una crisis de confianza. Cuando las víctimas sienten que una denuncia formal no resolverá el problema, recurren a la exposición pública como forma de protección colectiva. En ese sentido, las redes han reemplazado parcialmente a los canales institucionales como mecanismo de alerta inmediata.
La sensación de desprotección se agrava cuando los ciudadanos perciben poca presencia policial en zonas de alto tránsito, como los accesos al aeropuerto, o cuando consideran que los delincuentes actúan con impunidad en puntos conocidos por otros incidentes.
Adultos mayores, mujeres y viajeros recién llegados enfrentan más riesgos
El caso tiene un componente especialmente sensible porque la víctima fue una madre que acababa de llegar del extranjero. Los adultos mayores, las mujeres que viajan solas y los pasajeros que no cuentan con acompañamiento de confianza pueden estar más expuestos a situaciones de robo o intimidación.
Los delincuentes suelen aprovechar momentos de confusión, cansancio o distracción. La llegada al aeropuerto, la carga de maletas, la búsqueda de transporte y el tránsito por zonas oscuras pueden crear un entorno propicio para ataques rápidos.
En el caso de los adultos mayores, la capacidad de reacción puede ser menor y el impacto emocional del asalto más fuerte. Además, muchas personas que viajan desde el exterior llevan consigo medicamentos o artículos destinados precisamente a familiares ancianos, lo que convierte la pérdida del equipaje en un problema de salud y subsistencia.
Por eso, las advertencias compartidas en redes insisten en extremar precauciones: coordinar recogidas con personas conocidas, evitar vehículos improvisados, no abrir maleteros en zonas de riesgo, mantener seguros los cierres del auto y reducir al mínimo las paradas innecesarias.
Presuntas irregularidades en servicios vinculados al aeropuerto
Amanda Silverio también mencionó presuntas irregularidades durante su experiencia en Cuba, entre ellas le pedían 25 dólares adicionales para acceder al salón VIP del aeropuerto, así como 100 dólares además del precio normal para recibir un auto de alquiler en mejores condiciones.
Aunque esas denuncias forman parte de su testimonio personal, aportan otro ángulo al relato: la sensación de que el viajero queda expuesto no solo a la delincuencia común, sino también a abusos, cobros informales o prácticas irregulares en servicios vinculados al turismo y al transporte.
Para quienes viajan desde el exterior, especialmente desde Europa o Estados Unidos, el aeropuerto suele ser la primera puerta de entrada al país. Si desde ese momento aparecen problemas de seguridad, transporte, cobros inesperados o falta de garantías, la experiencia del viaje queda marcada por la incertidumbre.
Esto afecta no solo a los cubanos de la diáspora, sino también a visitantes extranjeros que pudieran percibir el traslado desde el aeropuerto como inseguro o desorganizado. En un país que necesita ingresos del turismo y de los viajes familiares, cada denuncia de este tipo puede tener un impacto reputacional.
Una advertencia para quienes llegan a La Habana de madrugada
El caso denunciado por Amanda Silverio deja una alerta concreta: los viajeros que lleguen a La Habana, especialmente en vuelos nocturnos o de madrugada, deben extremar las precauciones al salir del aeropuerto.
La avenida de Boyeros sigue siendo una ruta imprescindible, pero los antecedentes de asaltos, ataques con piedras e intentos de robo en semáforos han convertido algunos tramos en puntos de preocupación para conductores y pasajeros.
Entre las medidas de prevención que suelen recomendar los propios usuarios están coordinar previamente el transporte, utilizar choferes de confianza, evitar paradas innecesarias, mantener los seguros activados, no colocar objetos de valor visibles y permanecer atentos en semáforos, puentes o zonas oscuras.
Sin embargo, esas medidas individuales no sustituyen la necesidad de mayor vigilancia, iluminación y control en una vía estratégica para la capital. La seguridad en los accesos al principal aeropuerto del país no debería depender únicamente de la precaución de los pasajeros.
Un caso que expone una preocupación mayor
La denuncia de Amanda Silverio trasciende el robo de una maleta. El episodio resume varios problemas que afectan hoy a muchos cubanos: inseguridad creciente, crisis económica, deterioro de servicios, vulnerabilidad de los viajeros y desconfianza en la capacidad de las autoridades para prevenir delitos.
«Sinceramente, ahora mismo en Cuba se está viviendo un horror, entre los asaltos, los apagones, la gente cocinando con carbón, las cosas con precios de locos, colas grandísimas para poder coger diez litros de gasolina», concluye Amanda.
Para la diáspora, el caso resulta especialmente sensible porque toca una experiencia común: regresar a Cuba para visitar o ayudar a la familia y encontrarse con un entorno cada vez más difícil. El trayecto desde el aeropuerto, que debería ser el inicio del reencuentro, puede convertirse en un momento de miedo y pérdida.
Los antecedentes de Boyeros, desde el intento de asalto en el semáforo de la CUJAE hasta los ataques con piedras en la Calle 100, refuerzan la preocupación de que no se trata de hechos aislados, sino de una modalidad que aprovecha zonas específicas y horarios vulnerables.
En medio de ese panorama, la advertencia de Amanda Silverio funciona como un llamado a la cautela para quienes viajan a la isla y como una señal de alarma sobre el deterioro de la seguridad ciudadana en una de las rutas más transitadas de La Habana.





