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Leobel González, cubano perteneciente a la misión médica de Cuba en Venezuela aprovecho el drama que se vive en la frontera con Colombia y fingió ser un colombiano deportado de Venezuela para poder escapar.

“pensé que tendría un contrato normal y sería un ciudadano más, pero no. Me humillaban y decían que llegamos solo a quitarles la comida. En los supermercados no nos vendían nada porque no éramos venezolanos, entonces nos tocaba conseguir alimentos a través de los mercales (una especie de tienda ambulante)” conto el cubano a la revista Semana.

A estos inconvenientes, se sumó también el hecho de que su residencia no tenía condiciones dignas, no podía salir del barrio donde vivía por miedo a la violencia y que se encontraba continuamente controlado. Por eso Leobel no entiende “cómo es posible que con nuestro trabajo le demos tanta plata a Cuba y durmamos en una cama desbaratada. Eso no es justo”.

Por si fuera poco, con el tiempo se enamoró de una venezolana y decidieron bajarle el salario de 3.500 bolívares por ese motivo. Eso le llevó a encontrarse sin amigos, con miedo a salir a la calle y trabajando hasta 15 horas diarias de lunes a domingo. Decidió entonces que debía salir del país como fuera y aprovechó la ocasión: huyó al municipio Sabana Grande.


Llevaba tan solo cuatro meses de misión y ya no quería continuar. Estaba tan desesperado que renunció en abril de este año y huyó de Valera al municipio Sabana Grande.

“Me encontré con un paciente que atendí tiempo atrás y le pedí que me guardara algunas cosas mientras buscaba una vivienda. Él me dijo: ‘tranquilo, puede quedarse acá’. Ahí viví hasta finales de junio, cuando intenté cruzar la frontera por primera vez”, contó.

Leobel viajó a San Antonio del Táchira para pasar a Colombia, pero no lo logró. La Guardia Nacional Bolivariana lo detuvo y, cuando se dieron cuenta que era médico cubano y que renunció a la misión, lo regresaron a Caracas y lo tuvieron preso por más de 15 días.

Después de salir de la cárcel, Leobel se quedó en Caracas y buscó formas de reunir dinero para viajar nuevamente a San Antonio del Táchira e intentar cruzar la frontera nuevamente. Según él, en su paso por prisión escuchó cómo sería la deportación masiva de colombianos y, por eso, sabía que podría huir.

Después de reunir dinero, Leobel se desplazó a la frontera el 26 de agosto. Allí se encontró con las desgarradoras imágenes de los colombianos deportados que lamentaban sus pérdidas y se mezcló entre los connacionales que, corriendo, cruzaban la frontera por el río Táchira intentando rescatar algunas de sus pertenencias. Él, con unas maletas en sus manos, llegó a suelo colombiano.

El diario La Semana recalco el drama que se vive en la frontera entre Colombia y Venezuela.