Cubano en EE.UU critica al sueño americano y asegura que vivía mejor en Nicaragua

Cubano en EE.UU: Foto: Video de TikTok de lazaro.gomez163

Un cubano radicado en Estados Unidos desató un intenso debate en redes sociales tras afirmar que su experiencia de vida en Nicaragua fue mejor que la que ha tenido en territorio estadounidense, pese a que para miles de migrantes de la isla ese país centroamericano fue, durante años, solo una escala en la ruta hacia la frontera sur.

El protagonista del testimonio es Lázaro Gómez, un migrante cubano que compartió en TikTok un video en el que expresa su desencanto con la realidad que encontró después de llegar a Estados Unidos. Su mensaje cuestiona la imagen idealizada del llamado “sueño americano” y pone sobre la mesa una conversación cada vez más frecuente entre migrantes: la diferencia entre salir de Cuba buscando una vida mejor y enfrentar, en el destino final, nuevos obstáculos económicos, laborales y emocionales.


“En los tres meses que viví en Nicaragua yo viví mejor que aquí, mejor que aquí en Estados Unidos. En dos años que llevo aquí…”, dijo Gómez en el clip, que acumuló más de 390,000 reproducciones y más de 6,100 compartidos. La rápida difusión del video muestra hasta qué punto el tema conectó con una comunidad migrante marcada por experiencias muy distintas: desde quienes lograron estabilizarse hasta quienes todavía sienten que sobreviven entre deudas, trabajos agotadores y expectativas incumplidas.

Su declaración generó reacciones divididas entre cubanos dentro y fuera de la isla. Algunos usuarios respaldaron su percepción y señalaron que Estados Unidos puede ser muy difícil para quienes llegan sin recursos, sin dominio del inglés, sin documentos laborales inmediatos o sin una red familiar sólida. Otros lo criticaron por comparar un país como Nicaragua, con limitadas oportunidades económicas y cuestionamientos políticos, con una nación donde existen mayores posibilidades de progreso a largo plazo.

Una frase que encendió el debate migratorio

La expresión “me engañaron” se convirtió en el centro del debate porque resume el choque emocional que viven algunos migrantes cuando descubren que emigrar no significa, necesariamente, alcanzar bienestar inmediato. En el caso de Gómez, esa frase funciona como una denuncia personal contra la narrativa de prosperidad automática que muchos reciben antes de salir de Cuba o durante su tránsito por terceros países.

El testimonio no apunta únicamente a una frustración individual. También refleja una conversación más amplia entre migrantes cubanos sobre las expectativas creadas antes de llegar a Estados Unidos. Durante décadas, ese país ha sido visto como el destino principal para alcanzar libertad, estabilidad económica y oportunidades familiares. Sin embargo, la vida real de los recién llegados suele comenzar con empleos de baja remuneración, habitaciones compartidas, largas jornadas, trámites migratorios, dificultades de transporte y una fuerte presión para enviar ayuda a familiares en Cuba.

La frase también conecta con una sensación de desilusión que se expresa cada vez más en redes sociales. Muchos migrantes reconocen que Estados Unidos ofrece oportunidades, pero advierten que esas oportunidades no siempre son inmediatas ni accesibles para todos al mismo ritmo. Para quienes llegan sin ahorros o con deudas acumuladas por el viaje, los primeros años pueden ser una etapa de sacrificio extremo más que de prosperidad visible.


En ese sentido, el video de Gómez se convirtió en una especie de espejo para otros cubanos que han sentido algo similar, aunque no siempre lo digan públicamente: la presión de aparentar éxito, el temor a admitir que la adaptación ha sido difícil y la frustración de comparar la vida imaginada con la vida real.

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“Aquí es un rollo todo”: la queja por los servicios básicos

Uno de los ejemplos más concretos expuestos por Gómez tiene que ver con el acceso a servicios básicos, especialmente la atención de salud. El cubano comparó la facilidad con la que, según su experiencia, pudo resolver un problema dental en Nicaragua con las dificultades que asegura haber enfrentado en Estados Unidos.

“Allá me dolía una muela y al momentico me curaba mi muela y ya estaba listo para trabajar, aquí es un rollo todo”, dijo en el video. La frase toca un punto sensible para muchos migrantes: la complejidad del sistema de salud estadounidense, donde una consulta, una extracción dental, un tratamiento de emergencia o un seguro médico pueden representar gastos difíciles de asumir para quienes todavía no tienen estabilidad laboral.

Para los recién llegados, especialmente aquellos que trabajan por horas o en empleos informales, una enfermedad o un dolor dental no solo implica un problema de salud. También puede significar perder días de trabajo, dejar de ingresar dinero, atrasarse en el alquiler o acumular una factura médica inesperada.

La comparación con Nicaragua debe entenderse desde la experiencia personal del protagonista. En países de menor costo de vida, algunos servicios pueden parecer más accesibles en términos inmediatos, aunque no necesariamente cuenten con la misma infraestructura, cobertura o garantías que existen en sistemas más desarrollados. Aun así, para un migrante que vive al día, la posibilidad de resolver rápido y barato una urgencia puede pesar más que otros indicadores generales.

Esa percepción explica por qué el comentario de Gómez generó tantas respuestas. Muchos cubanos en Estados Unidos han compartido experiencias similares sobre el costo de una consulta, la dificultad para conseguir seguro, los pagos dentales, las facturas hospitalarias y la necesidad de posponer tratamientos por falta de dinero.

La presión económica de vivir en Estados Unidos

Otro de los puntos centrales del testimonio es la crítica al modelo de vida basado en pagos mensuales, financiamientos, tarjetas de crédito y deudas. Gómez cuestiona la aparente prosperidad que muchos migrantes exhiben en redes sociales o en ciudades como Miami, donde los símbolos de éxito —carros, joyas, teléfonos, ropa de marca o apartamentos— no siempre reflejan estabilidad real.

Según su visión, una parte importante de esa imagen está sostenida por préstamos bancarios, créditos, cuotas de vehículos, pagos de seguros y obligaciones que obligan a trabajar sin descanso. Para muchos recién llegados, el ingreso mensual se reparte rápidamente entre renta, comida, gasolina, teléfono, transporte, documentos, abogados migratorios y ayuda a familiares en Cuba.

Esa presión puede ser especialmente fuerte en el sur de Florida, donde vive una gran parte de la comunidad cubana y donde el costo de la vivienda ha aumentado de manera significativa en los últimos años. Muchos migrantes comienzan alquilando una habitación, compartiendo apartamento con desconocidos o viviendo lejos de sus centros de trabajo para poder pagar menos.

A diferencia de otros países donde la economía informal permite resolver ciertas necesidades de manera más flexible, en Estados Unidos la integración económica suele exigir historial crediticio, cuenta bancaria, permisos, seguros, licencia de conducir y documentos actualizados. Para quien llega sin conocer el sistema, cada paso puede convertirse en una barrera.

El comentario de Gómez refleja ese cansancio: la sensación de que el dinero entra y sale sin dejar margen para disfrutar, ahorrar o avanzar. Por eso su testimonio conectó con quienes sienten que, aunque trabajan más que antes, viven atrapados en una cadena de pagos.

Nicaragua: de país de tránsito a lugar de oportunidades para algunos cubanos

El caso también reabre la discusión sobre el papel que tuvo Nicaragua en la migración cubana reciente. Desde noviembre de 2021, cuando el gobierno de Daniel Ortega eliminó el requisito de visa para ciudadanos cubanos, el país centroamericano se convirtió en una de las principales puertas de salida para quienes buscaban abandonar la isla y llegar a Estados Unidos por tierra.

Para la mayoría, Nicaragua fue el primer punto de una travesía larga, costosa y peligrosa que continuaba por Honduras, Guatemala y México hasta alcanzar la frontera sur estadounidense. Sin embargo, el paso por ese país no fue igual para todos. Algunos migrantes permanecieron allí durante semanas o meses, mientras reunían dinero, esperaban familiares o evaluaban si continuar el viaje.

En ese contexto, ciudades como Managua y Matagalpa se convirtieron en espacios de tránsito, refugio temporal y emprendimiento para cubanos. Algunos abrieron pequeños negocios de comida, ventas informales, peluquerías, servicios de transporte, alquileres o iniciativas dirigidas a otros migrantes que seguían la misma ruta.

Para Gómez, Nicaragua representó una etapa de mayor capacidad de resolver. Según su relato, allí logró sentirse menos presionado y con más control sobre su vida cotidiana. Su testimonio no significa que Nicaragua ofrezca mejores condiciones generales que Estados Unidos, pero sí muestra cómo la percepción de bienestar puede depender del costo de vida, la rapidez para resolver problemas y el nivel de presión económica que enfrenta cada persona.

El cierre posterior del libre visado para cubanos convirtió esa experiencia en parte de una etapa migratoria que ya no existe de la misma manera, pero que marcó profundamente a cientos de miles de personas.

El contraste entre costo de vida y oportunidades

La comparación entre Nicaragua y Estados Unidos no puede analizarse únicamente desde el salario. En Estados Unidos los ingresos suelen ser más altos, pero también lo son los gastos. Esa diferencia es clave para entender por qué algunos migrantes sienten que, aunque ganan más dinero, no necesariamente viven con mayor tranquilidad.

En Nicaragua, un migrante con algunos ahorros o con ingresos en dólares podía encontrar alquileres, comida, transporte y servicios a precios más bajos. Esa realidad podía permitirle emprender de manera sencilla, cubrir necesidades básicas y moverse con menos presión financiera inmediata.

En Estados Unidos, en cambio, la vida cotidiana está condicionada por gastos fijos elevados. La renta suele ser el principal obstáculo, seguida del transporte, los seguros, el teléfono, la alimentación, los pagos de vehículos y los costos asociados a cualquier trámite legal o migratorio. Incluso quienes consiguen empleo relativamente rápido pueden tardar meses o años en alcanzar estabilidad.

Miami puede convertirse rápidamente en una ciudad cuesta arriba para quienes acaban de emigrar. El peso del alquiler marca buena parte de esa presión: una vivienda de una habitación puede ubicarse entre los 1,600 y los 3,200 dólares mensuales, en una ciudad donde el ingreso medio por hogar ronda los 66,000 dólares al año, lejos del umbral cercano a los 100,000 dólares que suele tomarse como referencia para vivir sin tantas estrecheces.

La comparación económica ayuda a explicar parte del argumento de Gómez: estimaciones de Numbeo de mediados de 2025 sitúan a Nicaragua como un país considerablemente más asequible que Estados Unidos, con un costo general de vida cercano a la mitad y una canasta de alimentos que, en algunos casos, puede resultar hasta un 79% más barata.

El choque entre expectativa y realidad

El video se volvió viral porque toca una experiencia común entre migrantes: el choque entre la expectativa construida antes de partir y la realidad que aparece después de llegar. Para muchos cubanos, salir de la isla representa escapar de la escasez, los apagones, los salarios insuficientes, la falta de libertades y la ausencia de perspectivas. Pero emigrar también implica entrar en otro sistema con reglas, costos y exigencias distintas.

En Estados Unidos, los recién llegados deben aprender a moverse en un entorno altamente competitivo y regulado. Conseguir empleo, obtener documentos, abrir crédito, alquilar vivienda, comprar un vehículo, pagar seguro, declarar impuestos y adaptarse a nuevas normas laborales son procesos que pueden resultar abrumadores.

A eso se suma el peso emocional de la migración. Muchos llegan con la obligación de triunfar, no solo por ellos mismos, sino por las familias que quedaron en Cuba y que esperan ayuda. Esa presión puede aumentar la sensación de fracaso cuando las cosas no avanzan al ritmo esperado.

Por eso, testimonios como el de Gómez funcionan como advertencia para quienes aún imaginan la emigración como una solución automática. Salir de Cuba puede abrir oportunidades, pero no elimina de inmediato los problemas. En muchos casos, los transforma en otros: deudas, soledad, estrés laboral, incertidumbre migratoria y adaptación cultural.

Reacciones divididas entre cubanos en redes sociales

La viralidad del video generó una conversación marcada por posiciones encontradas. Algunos usuarios apoyaron a Gómez y dijeron que su testimonio describe una realidad que muchos viven en silencio. Para ese grupo, Estados Unidos es un país de oportunidades, pero también de altos costos, presión constante y poca tolerancia al error económico.

Otros usuarios rechazaron la comparación y recordaron que Nicaragua enfrenta problemas estructurales, limitaciones económicas y un contexto político muy distinto. Desde esa perspectiva, el hecho de que un migrante pueda resolver ciertas cosas más rápido o más barato en un país no significa que allí existan mejores perspectivas de futuro.

También hubo comentarios que interpretaron el video como una crítica a la cultura de la apariencia. En comunidades migrantes, especialmente en redes sociales, muchas veces se muestran carros, viajes, compras o celebraciones, pero no las deudas, los turnos dobles, los pagos atrasados o la angustia de no llegar a fin de mes.

La discusión revela una tensión profunda dentro de la diáspora cubana: la necesidad de defender el sacrificio de haber emigrado frente al derecho de reconocer que la adaptación puede ser dolorosa. Para algunos, admitir que la vida en Estados Unidos es difícil parece una forma de ingratitud. Para otros, hablar de esas dificultades es necesario para que los nuevos migrantes lleguen con expectativas más realistas.

El fin del libre visado por Nicaragua cambió el panorama

La experiencia de Gómez adquiere otra dimensión porque la ruta nicaragüense ya no funciona como antes. Durante varios años, el libre visado permitió que más de 400.000 cubanos emplearan a Managua para llegar a Estados Unidos. Esa vía cambió el mapa migratorio de la isla y facilitó una de las mayores salidas de cubanos en décadas recientes.

El 8 de febrero de 2026, Nicaragua eliminó el libre visado para ciudadanos cubanos, cerrando una etapa que había sido aprovechada tanto por quienes buscaban llegar a la frontera estadounidense como por quienes intentaron asentarse temporalmente en el país centroamericano.

El cierre redujo las opciones de salida para muchos cubanos y aumentó la incertidumbre sobre las alternativas disponibles. También dejó en el pasado una ruta que, aunque peligrosa y costosa para quienes continuaban hacia el norte, ofrecía una puerta de escape para miles de familias.

En ese contexto, el testimonio de Gómez funciona como una mirada retrospectiva a una etapa de movilidad que ya no existe en las mismas condiciones. Para él, Nicaragua no fue solo un punto de tránsito, sino un lugar donde sintió que podía resolver mejor que en Estados Unidos.

Más allá del caso viral: una pregunta sobre qué significa vivir mejor

El debate generado por el video deja una pregunta de fondo: qué significa realmente vivir mejor para un migrante. La respuesta no es igual para todos. Para algunos, vivir mejor significa tener libertades, derechos, seguridad jurídica y posibilidades de construir patrimonio a largo plazo. Para otros, implica menos estrés, menos deudas, más tiempo libre, acceso rápido a servicios básicos y una vida cotidiana menos costosa.

La experiencia de Gómez pone sobre la mesa esa diferencia. Su testimonio no niega que Estados Unidos ofrezca oportunidades, pero sí cuestiona la idea de que esas oportunidades sean inmediatas o suficientes para todos desde el primer momento.

La migración cubana reciente ha estado marcada por decisiones tomadas bajo presión: familias vendiendo propiedades, endeudándose, atravesando varios países y apostándolo todo a la llegada a Estados Unidos. Cuando el resultado no coincide con las expectativas, aparece la frustración.

Por eso, el video no debe leerse únicamente como una queja individual, sino como una señal de un fenómeno más amplio: el cansancio de una parte de los migrantes que, después de llegar, descubren que empezar de cero también puede significar perder estabilidad emocional, redes de apoyo y sensación de control sobre la vida diaria.

Un testimonio personal convertido en conversación colectiva

La historia de Lázaro Gómez se volvió viral porque combina varios elementos de alto impacto: migración cubana, desencanto, comparación entre países, crítica al sueño americano y una frase directa que resume su frustración.

En redes sociales, los testimonios de migrantes suelen amplificarse porque muestran una parte de la experiencia que no siempre aparece en las fotos familiares, los videos de llegada o las publicaciones de celebración. Hablan del cansancio, las dudas, la nostalgia, las deudas, los trabajos duros y la presión por demostrar que emigrar valió la pena.

El caso de Gómez también muestra cómo TikTok se ha convertido en una plataforma donde muchos cubanos narran su vida fuera de la isla sin filtros tradicionales. Esos relatos, aunque subjetivos, terminan generando debates masivos porque conectan con emociones compartidas.

Mientras algunos lo critican por no valorar las oportunidades de Estados Unidos y otros lo respaldan por decir lo que muchos callan, su mensaje deja una conclusión clara: emigrar puede abrir puertas, pero no garantiza bienestar inmediato.

La frase “me engañaron” no cancela el valor de las oportunidades que ofrece Estados Unidos, pero sí recuerda que el costo de empezar desde cero puede ser mucho más alto de lo que muchos imaginan antes de partir.


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