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El hombre cubano se mudó a Canadá después de un intenso romance y una boda con una canadiense en Cuba, ahora lo quieren deportar, recogió el diario Ottawa Citizens.


La amarga seducción comenzó cuando Dreisber Alcina Rodríguez, ahora de 36 años, se acercó a una mujer de Quebec que pasaba sus vacaciones en Santa Lucía, Cuba, en febrero de 2010. Cinco años menor que ella, la aduló, la mimó y la encantó, según pudo saber el Tribunal Federal de Canadá.

Cuando terminaron sus vacaciones, Rodríguez continuó enviándole correos electrónicos y la pareja mantuvo una relación a larga distancia. En diciembre, cuando ella volvió a verlo en Cuba, él le propuso matrimonio.

La mujer, identificada como V.G. en una decisión reciente de la Corte Federal, regresó a Cuba en febrero de 2011 para su boda. Ella entonces lo patrocinó para emigrar a Canadá.

Cuando el llegó a Canadá, según fue contado al tribunal, el romance inmediatamente cayó. Cuando llegó por primera vez al aeropuerto de Montreal, le hizo un comentario despectivo sobre su apariencia frente a sus amigas que los fueron a recibir, según el tribunal.


En pocos días le preguntó a un traductor de español cuál sería el impacto de un divorcio en su estado de residencia en Canadá.

A diferencia de su comportamiento romántico en Cuba, era frío y distante en Canadá, según el tribunal. Su activa vida sexual en Cuba se evaporó de manera similar una vez que llegó allí.

Mientras se quejaba de que un problema de una hernia de disco en su espalda hacía imposible conseguir un trabajo o tener relaciones sexuales, logró salir a bailar dos o tres noches a la semana, regresando por la mañana, según escuchó el tribunal.

«Me gusta bailar – Salsa, Merengue y Bachata», le dijo a un oficial de inmigración en 2013.

En octubre, Rodríguez dejó a su esposa y, en diciembre ella lo denunció ante la Junta de Inmigración y Refugiados (IRB).

Sin desanimarse, Rodríguez solicitó la separación con una demanda para que ella le pagara manutención, ya que no tenía trabajo. En respuesta, ella solicitó una anulación del matrimonio en la corte de Quebec.

Rodríguez afirmó que su esposa no lo ayudó a integrarse en Canadá y se sintió aislado. Dijo que ahora lo quiere fuera de Canadá, para no ser financieramente responsable de él.

En 2013, un juez de Quebec anuló su matrimonio y ordenó a Rodríguez que le pagara $ 2,500 por su falta de confianza y, en 2014, el IRB encontró que su matrimonio era una farsa para obtener la residencia en Canadá. Eso significaba que ya no era elegible para permanecer en el país.

Luchó para quedarse en Canadá pero no para salvar su matrimonio.

Primero argumentó ante la división de apelaciones de la IRB que estaba viviendo con una nueva novia y necesitaba quedarse en Canadá por razones humanitarias y compasivas para ayudarla a ella y a sus dos hijos, de quienes ella ha compartido la custodia.

Dijo que los ayudó con sus tareas de matemáticas y francés, un argumento parcialmente rechazada ya que tiene poco conocimiento de francés.

El Tribunal Federal rechazó su apelación de la orden de deportación contra él en una sentencia emitida este mes. La juez Jocelyne Gagné no encontró errores en las decisiones del IRB, lo cual lo lleva a la decisión judicial anterior, debe abandonar el territorio.