Foto Collage Facebook Massiel Rubio Hernández/Frei Betto

Un artículo del fraile brasileño Frei Betto, a propósito del aniversario 60 de la dictadura cubana,  en la que tacha a los cubanos que se van de Cuba como “contaminados por el capitalismo” ha indignado a todos los que vivimos en el exterior.


La cubana Massiel Rubio Hernández decidió responder en su cuenta de Facebook y su respuesta se ha hecho viral.

Aquí les dejamos la respuesta íntegra de Massiel Rubio Hernández a
Frei Betto.

SOY UNA CONTAMINADA, DE ESO NO TENGO DUDA
(En respuesta al artículo de Frei Betto para el periódico Granma)
Ok, vayamos por partes, como Jack, El Destripador. 
Hemos sido llamados vendepatrias, gusanos, malnacidos y ahora contaminados…
Yo puedo asegurar que los primeros tres calificativos no me sirven, jamás he vendido a la Patria, al contrario, he dado mi opinión honesta sobre todo aquello que creo injusto en mi país, me pregunto yo por aquellos que solo crean y permiten la injusticia desde puestos de poder cómo les podríamos llamar. 
Nunca he sido gusana, puesto que no me he arrastrado para mantener favoritismos, ni casa, ni carro, ni empresa, ni viajecitos al extranjero, a mí no me tocaban, tampoco acepté nunca un puesto que me condicionara a mentir o hacer la vista gorda, yo he sido siempre una incómoda, todos lo saben. 
Menos aún malnacida, eso ni se discute, ninguna persona es malnacida, ni los que terminan siendo buenos, ni los que terminan manipulando en función de sus intereses, de eso mejor no hablar.
Sin embargo, reconozco que soy una contaminada: 
– He sido contaminada por el sueño hecho polvo de mi abuelo, un hombre honestísimo como pocos, que trabajó para Ramón Castro y nunca pidió nada por semejante cargo, que vivió toda su vida en una casa que se caía a trozos construida con sus propias manos, que nunca conoció otro lugar que no fuera Cuba, que cobraba 250 pesos de retiro después de más de 60 años de trabajo, y que en sus últimos años, ya senil, miraba a la televisión cuando salía el comandante y le entraba una rabieta extraña y no paraba de decir hijoeputa ni aunque lo sedáramos.
-He sido contaminada por la desesperanza de mi madre, cansada de creer y trabajar, cansada de tener miedo a que la metieran presa por comprar carne de res, por comer langosta o por vender ropa regalada por sus amigos extranjeros, cansada de que todo menos la miseria fuera ilegal.
-He sido contaminada por la desilusión de mi padre, hombre cultísimo que tuvo un sueño que se desmoronó y quien terminó emigrando con una niña pequeña, mi hermana, y no pudimos vernos por 10 años.
– He sido contaminada por la grosería espontánea y la vulgaridad oficial que pulula en mi país en cualquier contexto y esfera.
– He sido contaminada por la desesperación de aquellos que se lanzan al mar, a las fronteras, a vender todo lo que tienen para escapar cuando se han sentido, como todos, ahogados.
– He sido contaminada por la ausencia de mis amigos, emigrados uno tras otro, hoy repartidos por el mundo como un amor que estalla en pedazos.
– He sido contaminada por los límites, el hasta aquí, el no se puede, el no te toca, el no te metas en esto.
– He sido contaminada por la desidia de mis alumnos, por su idea de fluir porque hacer otra cosa no tenía ningún sentido.
– He sido contaminada por la mentira, por vivir en una burbuja en la que no sabía nunca qué sucedía, por un único punto de vista que solo tenía confrontación con algunos amigos que se atrevían a bloquear el silencio.
– He sido contaminada por el silencio, por el habla bajito, por el cierra la puerta, por el no escribas esto que no se publicará.
– He sido contaminada por la idea de que todo lo decidieran por mí, porque no me permitieran llegar a la mayoría de edad, y porque cualquier batalla propia requiriera previa consulta con los poderes.
– He sido contaminada por el encierro, el conformismo, la retórica, los slogan, las consignas, las organizaciones de masa que intentan que seamos eso, masa.
– He sido contaminada por la inseguridad, el terror al futuro en la mirada de los ancianos que caminan como zombies por la ciudad con su pan duro bajo el brazo.
– He sido contaminada por la suciedad, la falta de perspectivas, la ciudad que se desmorona, los perros abandonados, las tiendas vacías, la carencia como un fantasma en acecho.
– He sido contaminada por la risa errática, autómata, que no comprende, no entiende, por los mecanismos de defensa para combatir lo terrible.
– He sido contaminada por la tristeza.

Fui una contaminada, es cierto, una contaminada que un día se cansó y se fue, y esto, poco a poco: 
ha hecho que me limpie de la ceguera impuesta, y eso que yo nunca fui de las conformes, de las ciegas ingenuas, pero aún así, hay cosas que solo se aclaran con la libertad
ha hecho que vuelva a construir y creer en los sueños 
que pueda abrazar a los míos 
que no crea en ídolos impuestos
que tenga esperanza en el futuro
que no tenga miedo a la vejez
que no tenga que hablar bajito
que pueda escribir y leer lo que quiera
que mi opinión se construya desde múltiples puntos de vista
que guste de los sitios limpios donde te atienden con una sonrisa, incluso siendo el sitio más barato de la ciudad
que mi trabajo me permita comer bien, muy bien, y vestirme con la ropa que yo compro y escojo, no con la que me regalan 
ha hecho que derrumbara los límites, los mares, los horizontes
y finalmente, eso, emigrar, ser, como ellos dicen, una vendepatria, una gusana, una malnacida, ha hecho que no tenga que quedarme callada para hablar hoy por los contaminados de adentro, aquellos que no entenderán estas palabras porque no tienen puntos de comparación, aquellos que necesitan despojar al poder de vendepatrias, gusanos y malnacidos reales. 
Yo digo BASTA.

Rebtel y Cuba en Miami llamadas a Cuba