
Una trabajadora cubana que limpia apartamentos vacíos en un condominio mostró los objetos y alimentos que encontró al entrar en una vivienda para prepararla para sus próximos ocupantes. Había un colchón que, a simple vista, parecía estar en buen estado. Pero lo que más le afectó fue encontrar comida, incluidos productos que, según mostró, seguían sellados y que debía desechar.
«A mí me da un sufrimiento tener que botar todo esto», dijo mientras recorría el apartamento. Explicó que no podía llevarse los productos a su casa porque pertenecían a otras personas y desconocía su procedencia. La escena cobró otro sentido cuando habló de su familia en Cuba: «En mi casa han tenido que cambiar el aceite por la manteca de cerdo porque no hay dónde comprarlo».
Un colchón, yogures y productos cerrados
En su relato, la mujer explicó que su trabajo comienza cuando el apartamento ya debería estar desocupado y listo para limpiar. Esta vez todavía quedaban pertenencias. Señaló un colchón que describió como prácticamente nuevo, sin suciedad, roturas ni deterioro visibles. Según contó, en ese condominio los objetos grandes permanecen dentro de la vivienda hasta que el personal de mantenimiento puede retirarlos.
Después mostró alimentos, entre ellos yogures y otros productos que parecían sin usar. También mencionó artículos que creyó que podían ser medicamentos, aunque no confirmó qué eran. Se detuvo especialmente en un envase que abrió para comprobar si mantenía su sello. Al constatarlo, lamentó que aun así tuviera que tirarlo.
Su testimonio no establece cuánto tiempo llevaban allí esos productos, si se conservaron a la temperatura adecuada ni cuál era el protocolo concreto del edificio para disponer de ellos. Lo que sí deja claro es la obligación que ella siente de no apropiarse de lo que dejaron los antiguos ocupantes y la tristeza que le produce desechar comida.
@familia.reyes792 Cosas que botan en los EEUU 🇺🇸
♬ sonido original – Familia REYES
«Imagínense tener que botar todas estas cosas»
La trabajadora vinculó de inmediato lo que veía en el apartamento con las carencias de su familia en la isla. Dijo que en su casa han sustituido el aceite por manteca de cerdo y precisó que el problema no era solamente el dinero: «No es que no haya posibilidad, es que no hay dónde comprarlo».
El desabastecimiento y el precio del aceite son problemas documentados en Cuba. En septiembre, EFE recogió el testimonio de un jubilado habanero que dijo que su pensión no le alcanzaba para comprar una botella de aceite. Food Monitor Program informó en agosto que, ante la escasez, algunas familias recurren a la manteca de cerdo u otras grasas para cocinar.
La mujer no presentó una cifra sobre desperdicio de alimentos ni sostuvo que todas las mudanzas dejen comida atrás. Habló de lo que le toca ver en algunas jornadas de limpieza. Para ella, el contraste es personal: productos que deben ir a la basura durante su trabajo y una familia que en Cuba busca alternativas para preparar la comida diaria.
«A mí me entristece», resumió. Su video pone rostro a una experiencia frecuente en la emigración cubana: seguir pensando en las necesidades de quienes quedaron en la isla incluso mientras se cumple una tarea cotidiana lejos de ellos.





