
La crisis energética que atraviesa Cuba volvió a agravarse este jueves tras la salida del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) de dos importantes unidades termoeléctricas, un hecho que reduce aún más la capacidad de generación del país y amenaza con extender los apagones que ya afectan diariamente a millones de personas.
La nueva incidencia ocurre en un momento especialmente delicado para la red eléctrica nacional. Durante meses, el sistema ha operado bajo una presión constante debido a la combinación de averías recurrentes, escasez de combustible, mantenimientos prolongados y una demanda que supera con frecuencia la energía disponible.
La desconexión de estas unidades se produce además en plena temporada de calor, cuando el consumo eléctrico aumenta significativamente por el uso de ventiladores, equipos de climatización y sistemas de refrigeración, factores que elevan la exigencia sobre una infraestructura que muestra evidentes señales de desgaste.
Dos nuevas salidas golpean un sistema que opera al límite
La Unión Eléctrica (UNE) confirmó en su cuenta de Facebook la salida de dos unidades termoeléctricas que aportaban energía al SEN, la CTE Antonio Guiteras por salidero en la caldera y la CTE Máximo Gómez por causas aún por esclarecer. Aunque las autoridades no consideran inusual la ocurrencia de averías en las centrales cubanas, la pérdida simultánea de dos bloques generadores tiene un impacto considerable debido al reducido margen de reserva con que opera actualmente el sistema.
La Guiteras volvió a sufrir una interrupción apenas horas después de haber sido reincorporada al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), en un nuevo episodio que pone de relieve los problemas recurrentes de la principal planta generadora de Cuba.
La unidad había retomado sus operaciones el 3 de junio a las 9:33 de la mañana y, posteriormente, sincronizó nuevamente con el SEN el 4 de junio a las 7:48 a.m. Sin embargo, su permanencia en línea fue extremadamente breve, ya que no logró completar siquiera un día de funcionamiento estable antes de registrar otra avería que la dejó fuera de servicio.
Con esta nueva desconexión, la central ubicada en Matanzas suma 13 salidas del sistema en lo que va de 2026, una cifra que refleja el deterioro operativo y la fragilidad que han caracterizado a una instalación clave para la generación eléctrica del país.
La situación es particularmente compleja porque varias unidades de otras centrales permanecen fuera de servicio por mantenimientos programados o averías de larga duración, reduciendo aún más las opciones para redistribuir la carga energética.
Los especialistas señalan que el SEN funciona actualmente en un estado de vulnerabilidad permanente, donde la salida de una sola unidad puede alterar significativamente el equilibrio entre oferta y demanda.
Estallan las reacciones en redes sociales ante nuevas averías y más apagones
El anuncio de la salida de dos nuevas unidades termoeléctricas del Sistema Electroenergético Nacional generó una rápida ola de reacciones en redes sociales, donde numerosos cubanos expresaron frustración, cansancio e incertidumbre ante el empeoramiento de la crisis energética.
En plataformas como Facebook, X y Telegram, muchos usuarios cuestionaron la capacidad del sistema para recuperarse de las constantes averías y criticaron la repetición de fallos en instalaciones que apenas logran mantenerse operativas durante períodos prolongados.
«Cada vez que anuncian que una termoeléctrica entra al sistema, a los pocos días vuelve a salir», comentó un usuario en referencia a las recurrentes desconexiones que afectan a varias centrales del país. «Entró ayer y adiós hoy». «Yo sabía que no llegaba a 24 horas, lo dije, hagan sus apuestas», dijeron otros.
También abundaron los mensajes de preocupación por el impacto de los apagones en la vida cotidiana. Residentes de distintas provincias denunciaron interrupciones de más de diez horas diarias y advirtieron sobre las dificultades para conservar alimentos, garantizar el suministro de agua y enfrentar las altas temperaturas del verano.
La acumulación de averías ha convertido a la Antonio Guiteras en uno de los principales focos de inestabilidad del sistema eléctrico cubano durante 2026. Solo en los últimos meses, la central ha sufrido múltiples interrupciones: el 4 de marzo salió de servicio debido a un salidero en la caldera, incidente que desencadenó un apagón masivo desde Las Tunas hasta Pinar del Río; el 5 de mayo registró una nueva avería en la misma área; el 14 de mayo volvió a detenerse por otro salidero; el 24 de mayo presentó un poro en el economizador; y el 30 de mayo sufrió otro contratiempo cuando aún no habían transcurrido 48 horas desde su última reincorporación al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
Mientras tanto, la salida de la unidad 8 de la termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel, Artemisa, añadió más presión a un sistema ya golpeado por la falta de capacidad de generación. Aunque la Unión Eléctrica informó sobre la desconexión de la unidad, no precisó qué fallo provocó la interrupción.
La situación resulta especialmente sensible porque esta central, una de las más importantes del país, opera con tecnología de origen soviético y dispone de una capacidad instalada de hasta 600 megavatios repartidos en ocho bloques generadores. Antes de la más reciente incidencia, las unidades 6 y 8 ya reportaban problemas técnicos, en medio de un escenario marcado por un déficit energético nacional cercano a los 2.000 megavatios, según los datos oficiales divulgados la jornada anterior.
¿Por qué se producen tantas averías en las termoeléctricas cubanas?
Uno de los principales problemas del sistema eléctrico cubano es la antigüedad de sus instalaciones. Muchas de las termoeléctricas que sostienen la generación nacional fueron construidas entre las décadas de 1970 y 1980, por lo que acumulan más de 40 años de explotación intensiva.
Equipos como calderas, turbinas, condensadores y sistemas de control requieren reemplazos periódicos y modernizaciones tecnológicas que no siempre se han podido realizar debido a limitaciones financieras y dificultades para acceder a componentes especializados.
A ello se suma el impacto de años de funcionamiento continuo bajo condiciones extremas. Las centrales cubanas suelen trabajar cerca de su capacidad máxima para cubrir la demanda nacional, lo que acelera el desgaste de los equipos y aumenta la probabilidad de fallos.
Expertos del sector energético han advertido que muchas de las reparaciones realizadas en los últimos años han tenido un carácter correctivo más que preventivo. Es decir, las intervenciones se realizan después de ocurrida una avería, en lugar de ejecutarse programas integrales de mantenimiento que reduzcan el riesgo de fallos futuros.
Esta dinámica genera un círculo vicioso en el que las plantas regresan al servicio tras una reparación, pero vuelven a presentar problemas semanas o meses después.
El déficit energético sigue creciendo
La salida de las dos unidades termoeléctricas tiene consecuencias directas sobre el balance energético nacional. Cada día, la UNE calcula la diferencia entre la energía que el país necesita y la que realmente puede generar. Cuando la demanda supera la capacidad disponible, se producen los llamados déficits de generación, que obligan a realizar interrupciones programadas para evitar una caída total del sistema.
En los últimos años, esos déficits han alcanzado niveles históricamente altos. En numerosas ocasiones, las afectaciones han superado los 1.500 megavatios durante los horarios pico, una cifra que representa una porción significativa de la demanda nacional.
Para comprender la magnitud del problema, basta señalar que los déficits actuales son varias veces superiores a los registrados hace apenas una década. Esto explica por qué los apagones han dejado de ser eventos puntuales para convertirse en una realidad cotidiana en gran parte del país.
Las provincias orientales y centrales suelen experimentar las mayores afectaciones, aunque los cortes eléctricos se extienden cada vez con más frecuencia a prácticamente todo el territorio nacional.
La escasez de combustible agrava la situación
Las averías no son el único obstáculo que enfrenta el SEN. La disponibilidad de combustible se ha convertido en otro factor determinante de la crisis. Las termoeléctricas requieren grandes volúmenes de crudo nacional y derivados para mantener sus operaciones. Además, Cuba depende de combustibles importados para alimentar grupos electrógenos y otras instalaciones que sirven de apoyo a la generación principal.
Las dificultades financieras del país han complicado la adquisición de combustibles en los mercados internacionales. Como resultado, numerosas unidades de generación han tenido que reducir su funcionamiento o permanecer fuera de servicio por falta de recursos energéticos.
La situación se agrava cuando coinciden problemas técnicos y escasez de combustible. En esos escenarios, incluso las centrales que logran mantenerse operativas no pueden trabajar a plena capacidad, aumentando las afectaciones a la población.
Según los informes diarios de la UNE, las limitaciones asociadas al combustible se han convertido en una de las principales causas de los déficits eléctricos registrados durante el último año.
El impacto sobre los hogares cubanos
Para millones de familias, la crisis energética tiene consecuencias que van mucho más allá de la falta temporal de electricidad. Los prolongados apagones afectan la conservación de alimentos, dificultan el acceso al agua potable en zonas que dependen de sistemas eléctricos de bombeo y complican actividades básicas como cocinar, estudiar o trabajar desde casa.
Durante los meses de verano, la situación adquiere una dimensión aún más compleja. Las altas temperaturas, combinadas con la ausencia de ventilación y refrigeración, generan condiciones especialmente difíciles para niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.
Además, la falta de electricidad afecta el funcionamiento de equipos médicos domésticos, incrementa los costos familiares por el uso de medios alternativos y deteriora la calidad de vida de una población que ya enfrenta importantes desafíos económicos.
Consecuencias para la economía nacional
La crisis energética también tiene un fuerte impacto económico. Las interrupciones eléctricas reducen la productividad industrial, retrasan procesos de manufactura y limitan la capacidad operativa de numerosas empresas estatales y privadas.
Sectores como la agricultura, la industria alimentaria, la construcción y el comercio dependen de un suministro estable para mantener sus actividades. Cada apagón representa pérdidas económicas derivadas de interrupciones productivas, deterioro de mercancías y disminución de la eficiencia operativa.
Los pequeños negocios privados figuran entre los más afectados. Muchos emprendedores deben invertir en plantas eléctricas, baterías o sistemas alternativos de energía para mantener sus operaciones, lo que incrementa significativamente sus costos.
La crisis también afecta la confianza de potenciales inversionistas extranjeros, quienes consideran la estabilidad energética como un elemento clave para desarrollar proyectos en cualquier país.
El impacto sobre el turismo preocupa al sector
La industria turística, considerada una de las principales fuentes de ingresos en divisas para Cuba, tampoco escapa a las consecuencias de la crisis energética. Aunque los grandes hoteles suelen disponer de generadores de respaldo, el funcionamiento continuo de estos equipos implica mayores gastos en combustible y mantenimiento.
Además, los apagones afectan servicios complementarios como transporte, comercio, restaurantes y actividades recreativas, elementos fundamentales para la experiencia de los visitantes.
En los últimos años, operadores turísticos y viajeros han reportado interrupciones eléctricas incluso en destinos tradicionalmente protegidos de las afectaciones energéticas, lo que ha generado preocupaciones sobre el impacto de la crisis en la competitividad del sector. La situación adquiere especial relevancia en un momento en que Cuba intenta recuperar la llegada de turistas internacionales tras varios años de contracción en el sector.
Los antecedentes de una crisis que parece no tener fin
Las salidas de servicio registradas este jueves forman parte de una cadena de incidentes que se ha repetido con frecuencia durante los últimos años. Centrales como Antonio Guiteras, Felton, Renté, Nuevitas, Máximo Gómez y Carlos Manuel de Céspedes han protagonizado numerosas averías y mantenimientos prolongados que han afectado la generación nacional.
Entre 2024 y 2026, Cuba experimentó algunos de los momentos más críticos de su historia energética reciente, incluyendo apagones masivos, colapsos parciales del SEN y déficits récord de generación.
Las autoridades han impulsado proyectos para incorporar parques solares fotovoltaicos y otras fuentes renovables, pero los especialistas coinciden en que estas inversiones tardarán años en sustituir el peso que actualmente tienen las termoeléctricas dentro de la matriz energética nacional. Mientras tanto, el país continúa dependiendo de un parque de generación altamente envejecido y vulnerable a nuevas averías.
¿Qué puede ocurrir en las próximas semanas?
La evolución de la situación dependerá en gran medida de la rapidez con que las unidades afectadas puedan ser reparadas y reincorporadas al SEN. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que muchas reparaciones suelen extenderse más de lo inicialmente previsto debido a la complejidad técnica de los trabajos y a las dificultades para obtener piezas especializadas.
Los pronósticos energéticos para las próximas semanas tampoco son alentadores. La llegada de los meses más calurosos del año incrementará la demanda eléctrica, mientras las limitaciones estructurales del sistema continúan sin resolverse.
Todo indica que los apagones seguirán formando parte de la rutina diaria de millones de cubanos, al menos mientras persistan los problemas de generación, combustible e infraestructura que afectan al SEN.
Más allá de la salida puntual de dos termoeléctricas, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad que se ha vuelto imposible de ignorar: la crisis energética cubana ya no responde únicamente a averías aisladas, sino a problemas estructurales acumulados durante décadas que continúan comprometiendo la estabilidad del sistema eléctrico nacional.





