
La crisis energética en Cuba volvió a agravarse dramáticamente este miércoles después que la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada la planta más importante del país y pieza clave para sostener el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) saliera el martes del Sistema Eléctrico Nacional.
La desconexión de la unidad, provocada por una avería en la caldera, llega en uno de los momentos más delicados para el sistema eléctrico cubano en los últimos años, marcado por el agotamiento del petróleo ruso que había permitido aliviar temporalmente las afectaciones, el deterioro acelerado de las termoeléctricas y la creciente escasez de combustible.
La Unión Eléctrica (UNE) pronosticó un déficit superior a los 1,600 megawatts durante el horario pico y una afectación de 1.750 MW, una cifra considerada extremadamente alta para la capacidad actual de generación del país y que anticipa apagones prolongados en prácticamente todas las provincias.
El nuevo escenario vuelve a colocar a millones de cubanos frente a jornadas de incertidumbre, calor extremo y severas limitaciones en servicios básicos, mientras aumenta el malestar social por la incapacidad del régimen para estabilizar el SEN.
La salida de Guiteras sacude nuevamente al sistema eléctrico cubano
La termoeléctrica Antonio Guiteras, ubicada en Matanzas, se considera el corazón de la generación térmica en Cuba. Su importancia radica no solo en el volumen de electricidad que aporta, sino también en el papel estratégico que desempeña para mantener la estabilidad de la red nacional.
Cuando la planta opera de forma estable puede aportar entre 250 y 280 megawatts al SEN, representando cerca de una cuarta parte de toda la generación térmica disponible en el país. Por ello, cualquier fallo en su funcionamiento provoca un impacto inmediato sobre el equilibrio energético nacional.
La avería reportada en la caldera en la mañana del martes vuelve a evidenciar el grave desgaste tecnológico que sufren las principales plantas cubanas, en este caso advierten que puede estar inoperable por cuatro días consecutivos. Expertos del sector han señalado en reiteradas ocasiones que muchas termoeléctricas operan más allá de su vida útil, con sistemas obsoletos y sin acceso constante a piezas de repuesto debido a las limitaciones financieras y logísticas que enfrenta el país.
En los últimos años, la Guiteras ha entrado y salido de servicio repetidamente por problemas técnicos, mantenimientos de emergencia y fallas asociadas a la presión extrema bajo la que opera la planta para intentar cubrir la demanda nacional. Cada desconexión genera un efecto dominó sobre el resto del sistema eléctrico, obligando a incrementar los apagones para evitar un colapso total de la red.
Varias termoeléctricas permanecen averiadas y la capacidad de generación sigue cayendo
La salida de Guiteras ocurre además en un contexto donde varias unidades generadoras permanecen fuera de servicio simultáneamente. Entre las principales afectaciones reportadas aparecen bloques averiados o en mantenimiento en termoeléctricas como Felton, Nuevitas, Mariel y Renté, instalaciones fundamentales para sostener la generación base del país.
La acumulación de averías refleja un problema estructural mucho más profundo que una simple contingencia temporal. El sistema termoeléctrico cubano arrastra años de deterioro acumulado debido a la falta de modernización, escasez de inversiones y déficit constante de mantenimiento especializado.
A esto se suma la crisis en la generación distribuida, conformada por motores y pequeñas plantas que también enfrentan severas limitaciones por falta de diésel y fueloil.
La UNE ha reconocido que la capacidad de generación disponible resulta insuficiente para cubrir la demanda nacional, especialmente durante el horario nocturno, cuando millones de familias intentan cocinar, almacenar agua o utilizar ventiladores y equipos de refrigeración.
Especialistas consideran que la situación podría empeorar aún más durante el verano, cuando aumentan considerablemente las temperaturas y el consumo eléctrico.
El agotamiento del petróleo ruso deja a Cuba en una situación aún más vulnerable
La nueva crisis energética también coincide con el agotamiento de los 730 mil barriles de petróleo ruso que llegaron a Cuba en marzo como parte de acuerdos de cooperación energética entre Moscú y La Habana. Ese combustible permitió reducir temporalmente las afectaciones eléctricas en algunas regiones y mejorar parcialmente la disponibilidad de generación durante varias semanas. Sin embargo, el alivio fue momentáneo.
La dependencia de Cuba de suministros externos de combustible se ha convertido en uno de los principales puntos débiles del SEN. Durante décadas, Venezuela fue el principal sostén energético de la isla, pero la reducción de los envíos venezolanos obligó al régimen a buscar alternativas en Rusia y otros aliados estratégicos.
No obstante, las dificultades económicas de Cuba para pagar cargamentos de petróleo, sumadas a las restricciones financieras internacionales y la disminución de ingresos en divisas, han complicado seriamente la capacidad del país para garantizar suministros estables.
El agotamiento del crudo ruso deja nuevamente al sistema cubano funcionando al límite, con múltiples unidades de generación que no pueden operar a plena capacidad por falta de combustible. Durante un encuentro celebrado el 2 de mayo con delegados de solidaridad internacional, Miguel Díaz-Canel reconoció la grave situación energética que atraviesa la isla al revelar que Cuba pasó cuatro meses consecutivos sin recibir combustible importado.
El mandatario también advirtió que las reservas de petróleo disponibles están próximas a agotarse y aseguró que todavía no existe una fecha definida para la llegada de nuevos suministros al país. Su mensaje coincide con el ministro de Energía y Minas Vicente de la O Levy quien dijo recientemente que ese combustible solo alcanzaría hasta finales de abril.
Mientras otro cargamento ruso sigue generando expectativas sobre un posible alivio para la crisis energética en Cuba, el buque Universal, con alrededor de 200,000 barriles de diésel, continúa en aguas del Atlántico sin confirmar aún su destino final. La embarcación modificó su ruta hacia Trinidad y Tobago a finales de abril, en medio de las presiones derivadas de las sanciones impuestas por Estados Unidos, aunque su eventual llegada todavía mantiene abiertas las esperanzas de nuevos suministros de combustible para la isla.
Apagones extremos golpean la vida diaria de millones de cubanos
Las consecuencias de la crisis energética ya se sienten con fuerza en prácticamente toda la isla. En numerosas provincias los apagones superan las 15 y 20 horas diarias, afectando severamente la vida cotidiana de la población. La falta de electricidad impacta directamente el suministro de agua potable, ya que muchos sistemas de bombeo dependen de energía eléctrica para funcionar. Como resultado, miles de familias enfrentan simultáneamente apagones y escasez de agua.
La conservación de alimentos también se ha convertido en un problema crítico. En medio de la inflación y la escasez de productos básicos, numerosos hogares pierden alimentos refrigerados debido a los prolongados cortes eléctricos. Pequeños negocios privados, cafeterías y emprendimientos familiares también sufren fuertes pérdidas económicas por la imposibilidad de mantener operaciones estables.
El deterioro alcanza además sectores sensibles como hospitales, policlínicos y farmacias, donde la falta de electricidad complica la conservación de medicamentos y el funcionamiento de equipos médicos.
En redes sociales continúan multiplicándose las denuncias ciudadanas, imágenes de barrios completamente a oscuras y mensajes de frustración por el deterioro constante de las condiciones de vida. Muchos cubanos aseguran que la situación energética actual recuerda algunos de los momentos más duros vividos durante el llamado “Período Especial”, etapa marcada por apagones masivos y profunda crisis económica en la década de 1990.
La crisis eléctrica aumenta la presión política y el malestar social
El agravamiento de los apagones también incrementa la tensión política dentro de Cuba en un momento particularmente complejo para el gobierno de Miguel Díaz-Canel. La electricidad se ha convertido en uno de los principales factores de irritación social debido al impacto directo que tiene sobre la calidad de vida de la población.
De acuerdo con cifras ofrecidas por las propias autoridades cubanas, la isla requiere entre 90,000 y 110,000 barriles de petróleo diarios —el equivalente a unos ocho buques de suministro cada mes— para sostener la demanda energética nacional.
Sin embargo, la producción interna apenas ronda los 40,000 barriles por día, una diferencia que evidencia la fuerte dependencia del país de las importaciones de combustible para mantener operativos sectores clave de la economía y el sistema eléctrico.
Analistas consideran que el deterioro energético representa hoy uno de los mayores desafíos para el régimen cubano, ya que afecta simultáneamente la economía, el funcionamiento institucional y la estabilidad social.
El turismo, considerado uno de los sectores estratégicos para la captación de divisas, también enfrenta riesgos crecientes ante la inestabilidad energética. Hoteles, aeropuertos y servicios vinculados a visitantes internacionales dependen de sistemas alternativos de generación que incrementan los costos operativos.
Mientras tanto, la población continúa enfrentando largas jornadas de incertidumbre sin información clara sobre cuándo podrían disminuir las afectaciones.
Un sistema eléctrico envejecido y sin soluciones inmediatas
Especialistas coinciden en que la crisis energética cubana no tiene una solución rápida. El sistema eléctrico nacional enfrenta problemas estructurales acumulados durante décadas: termoeléctricas envejecidas, escasez crónica de combustible, limitada inversión extranjera, deterioro de la infraestructura y falta de modernización tecnológica.
Aunque el régimen ha anunciado proyectos de parques solares y acuerdos de cooperación energética con aliados internacionales, los avances continúan siendo insuficientes frente al nivel de deterioro actual. La realidad es que el SEN opera bajo una presión constante y con muy poco margen de recuperación ante cualquier avería importante.
La salida de la termoeléctrica Guiteras vuelve a demostrar la extrema fragilidad del sistema cubano y deja claro que la isla continúa atrapada en una crisis energética que parece lejos de resolverse.
Mientras las autoridades intentan reincorporar la planta al sistema, millones de cubanos se preparan para enfrentar nuevas jornadas de apagones prolongados en medio de una de las peores crisis económicas y sociales de las últimas décadas.




