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Aunque las restricciones del embargo continúan vigente, aquellas implementadas desde 1962, y muchos luchan por quitar la ley que prohíbe que los estadounidenses viajen a Cuba, algunos “americanos” se mueven a voluntad por toda Cuba.

Con la ayuda del gobierno de Obama en 2015, se han simplificados los engorrosos procedimientos que existían para los viajeros. Actualmente, muchos viajan por terceros países y se acogen a cualquiera de las doce categoría que dice que no se viaja por turismo.

Entre estas categorías están proyectos educativos, deportivos o religiosos; así como motivos familiares, médicos, investigación o periodísticos, entre otros. De acuerdo a entendidos en el tema, las más utilizadas por los estadounidenses son los viajes educativos y se sabe que “Casi el 90% de los visitantes» elige estos pues son los más fácil de justificar, «incluyendo los encuentros persona a persona, pues esto solo exige reunirse con médicos, profesores o artistas locales”.

Los visitantes, por la parte legal, “deben seguir un programa específico” y “no pueden andar como simples turistas”, recuerda Frank González, director Mambi Tour, una agencia especializada en este tipo de viajes con sede en Miami. “Nuestros viajeros andan siempre con un chofer-guía, pero otros caminan por su propia cuenta. Está prohibido, pero nadie lo va a comprobar”, agregó en sus palabras a AFP.


Según dice Susan, una estadounidense de más de 50 años, «todo es una especie de simulación», mientras pasea por La Habana Vieja. Un juego de apariencias que, además de relajarse e ir a la playa, le permitió “conocer la cultura y la gente”.