Durante la ceremonia de entrega del Premio Patria al Historiador de La Habana, doctor Eusebio Leal Spengler, el propio intelectual cubano dio a conocer una noticia que sorprendió a los presentes: En 2016, se develó el ala norte del Capitolio Nacional que volvió a ser sede de la Asamblea Nacional de Cuba, pero ahora el mes febrero de 2018 será testigo del izamiento de la bandera cubana en la cúpula del Capitolio el día 24 y el primero de marzo se abrirá al público el Salón de los Pasos Perdidos y la Biblioteca.


Casi ocho años lleva cerrada esta colosal obra que ha sido sometida a una restauración integral. El marcado deterioro de algunas de sus áreas, filtraciones de agua en su cubierta y los diversos usos del lugar (primero sede de la Cámara y el Senado, luego Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y más tarde sitio para la Academia de Ciencias de Cuba), quebrantaron de cierta forma la majestuosidad de esta sólida edificación.

Para construirlo durante el gobierno Gerardo Machado se emplearon 3 años y dos meses, entonces ¿Por qué ha demorado tanto esta última restauración?

Cualquier tarea de remodelación y más, un sitio de tanto valor patrimonial como es el Capitolio lleva mucho más tiempo que la propia construcción de la obra. Básicamente esta es la mayor restauración que se la ha hecho al Capitolio habanero, pues abarca prácticamente toda la estructura. Para ello se han tenido que restaurar y pulir las estatuas, puertas de bronce, lámparas, suelos, elevadores además de la plomería y las instalaciones eléctricas.


Junto a los arquitectos e ingenieros que trabajan en la oficina de Eusebio Leal, el Historiador de La Habana, y graduados de escuelas técnicas cubanas marcha también la empresa alemana MD Projektmanagement GmbH, responsable de otros trabajos prestigiosos trabajos en la Isla como la fachada de la Catedral de La Habana, el cementerio de Santa Ifigenia y el Mausoleo del II Frente Oriental, en Santiago de Cuba.

Los obreros que allí laboran, se han esmerado para que cada detalle, por mínimo que sea, quede similar a la pieza original. Se respetó el sistema de las cerraduras, las cuales se han restaurado para hacerle nuevas llaves, sin dudas, un proceso sumamente engorroso. Además, ha sido todo un reto introducir elementos de la modernidad como el cableado de fibra óptica para servicios de informática, climatización, infraestructura de seguridad para la detección de incendios e intrusos, y un circuito cerrado de televisión. Todo ello ha sido colocado de forma oculta debajo de la decoración y materiales patrimoniales, para no romper la magia arquitectónica del lugar que fue construido en el siglo pasado.

¿Por qué es un símbolo para los cubanos?

Lo mismo en una postal, plasmado en fotografías, inmortalizado en una canción o simulado en una obra plástica; el Capitolio de La Habana es un símbolo de esta ciudad. ¿Quién imaginaría alguna vez que justo en la el centro de la capital cubana –entre las calles Prado, Dragones, Industria y San José– se levantaría una réplica del monumental capitolio de Washington?

Custodiado también por el Parque de la Fraternidad, la Fuente de la Inda, el hoy conocido como Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, y la franja del Paseo del Prado, esta monumental edificación deslumbra no solo por su belleza arquitectónica, sino también por la rica historia que guardan cada uno de sus espacios.

Fue este el lugar, escogido para fijar el punto cero de la red de carreteras nacionales marcado por un diamante de 25 quilates que nace de una estrella dorada, justo bajo la cúpula y que fuera robado en 1946 a pesar de las “extremas” medidas de protección. Luego de ser recuperado en 1947, el diamante permanece en la caja de seguridad del Banco Central de Cuba.

El Capitolio de La Habana, deslumbra por su imponente estilo neoclásico que parece, por momentos, conducirnos hasta la mismísima Civilización griega. Dan la bienvenida al edificio de cuatro pisos, dos grandes sótanos debajo de cada uno de los hemiciclos y una elegante cúpula, dos gigantescas estatuas de bronce de 6,50 m de altura cada una que llevan el nombre de “La Virtud Tutelar del Pueblo” y “El Trabajo”. Su creador, el italiano Angelo Zanelli, quiso que estas solo fueran un preámbulo de la magia del lugar, pues dentro del edificio también se erige la estatua de “La República”, una hermosa figura estilizada que se inspira en la leyenda de Palas Ateneas y tallada a similitud de la cubana Lily Valty.

Se espera finalmente que la conclusión de esta extensa obra de remodelación finalicen en 2019. Los pies de más de un cubano volverán a tocar las salas del Capitolio para ser testigos directos de los nuevos aires de esplendor que reinarán ahora en el Capitolio habanero.