Cuando el poder se ríe de sí mismo: Sandro Castro ridiculiza a una vez más Díaz-Canel y «calienta» las redes sociales

Una frase breve, publicada en redes sociales, volvió a encender un debate profundo sobre el poder en Cuba. Sandro Castro, empresario e influencer y nieto del dictador cubano Fidel Castro, ya fallecido, compartió en Instagram una imagen en la que sostiene una cerveza Cristal acompañada del mensaje: “Cuando estoy contigo se me olvida que Díaz-Canel es presidente”. La publicación fue interpretada como una burla directa al actual mandatario, Miguel Díaz-Canel, y se viralizó rápidamente dentro y fuera de la isla.

Lejos de tratarse de una simple provocación digital, el gesto adquiere una dimensión política significativa por el contexto en que se produce y por el origen de quien lo emite: un miembro de la familia que durante décadas encarnó el poder real en Cuba.


Un mensaje aparentemente ligero, cargado de simbolismo

La frase no contiene una crítica explícita al sistema ni cuestiona abiertamente la legitimidad del Gobierno. Sin embargo, su carga simbólica es evidente. Al sugerir que la presencia de una cerveza puede hacer “olvidar” que Díaz-Canel es presidente, el mensaje trivializa la figura presidencial y, de forma implícita, cuestiona su autoridad y peso político.

Para muchos usuarios, la ironía apunta a una percepción extendida dentro y fuera de Cuba: la de un presidente visto como administrador de una herencia política, más que como un líder con poder propio. En ese sentido, el mensaje refuerza la idea de que el poder simbólico sigue residiendo en el apellido Castro, incluso cuando ya no ocupa formalmente la presidencia.

Captura de pantalla del perfil de Instagram de sandrocastrox

El contexto social y económico que amplifica la polémica

Hasta ahora, no se había registrado una alusión tan directa contra el gobernante cubano. En esta ocasión, su figura queda expuesta sin rodeos como el centro de una ironía cuidadosamente construida, marcando un punto de inflexión en la manera en que ha sido abordado públicamente.

La publicación llega en un momento especialmente crítico para el país. Cuba atraviesa una crisis económica prolongada caracterizada por la escasez de alimentos y medicinas, apagones casi diarios, falta de combustible, inflación persistente y una migración masiva que ha vaciado barrios enteros.

A ello se le suma la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y con la mirada del presidente estadounidense centrada ahora en La Habana, el régimen cubano se encuentra atrapado en el escenario político más frágil y desafiante que ha enfrentado a lo largo de su historia.


En ese escenario, la imagen de un heredero del poder revolucionario exhibiendo consumo, ocio y despreocupación contrasta de forma abrupta con la realidad de millones de cubanos que enfrentan carencias extremas. La burla, por tanto, no se lee solo como un gesto político, sino también como una muestra de desconexión social.

Antecedentes: una provocación recurrente

El episodio no es aislado, en los últimos años, Sandro Castro ha utilizado sus redes sociales para ironizar sobre frases célebres del discurso oficial, por ejemplo, una publicación en la que escribió: «Soy de tomar Cristachh, no limonada», en claro mensaje al mandatario. También se le ha visto parodiar consignas gubernamentales y mostrar un estilo de vida marcado por fiestas, alcohol y consumo, elementos que chocan con la narrativa de sacrificio promovida por el Estado.

En julio volvió a arremeter con un nuevo gesto provocador. En un video, mientras levantaba una cerveza Cristal, ironizó con la frase: “¿Qué le dice un apagón a otro apagón? ¡Somos continuidad!”, una clara referencia burlona al eslogan oficial impulsado por Díaz-Canel. El mensaje comenzó a circular en un momento en que amplias zonas del país soportaban extensos apagones, lo que terminó reforzando su lectura como una nueva pulla dirigida al discurso oficial del régimen.

Estas publicaciones han consolidado su perfil como una figura provocadora, capaz de moverse en los márgenes de la crítica sin cruzar —al menos aparentemente— las líneas que sí han llevado a otros ciudadanos a enfrentar sanciones.

El doble rasero en la crítica política

Uno de los aspectos más sensibles que reaviva este episodio es el contraste con la represión que enfrentan voces críticas ajenas a la élite. Periodistas independientes, activistas y ciudadanos comunes han sido multados, interrogados, detenidos o encarcelados por expresarse en redes sociales contra el Gobierno o el presidente.

La ausencia de consecuencias visibles para Sandro Castro refuerza la percepción de un sistema de privilegios donde el linaje y la cercanía al poder determinan quién puede burlarse, criticar o ironizar sin pagar un precio. Esta desigualdad, ampliamente comentada en redes, se convierte en uno de los ejes centrales del debate.

Reacciones digitales: entre el humor y la indignación

Las redes sociales se llenaron de comentarios tras la publicación. Algunos usuarios reaccionaron con sarcasmo y memes, interpretando la frase como una confirmación de las divisiones internas del poder. Otros expresaron indignación, señalando que la burla resulta ofensiva en un país sumido en la escasez.

También surgieron lecturas más críticas: para muchos, el mensaje no representa una verdadera denuncia del sistema, sino una ironía vacía emitida desde una posición de comodidad y protección, inaccesible para el ciudadano promedio.

Lectura política: señales de desgaste institucional

Más allá de la polémica puntual, el episodio pone en evidencia el desgaste de la figura presidencial y la fragilidad del liderazgo institucional en Cuba. Que una burla pública hacia el presidente provenga de un miembro de la familia Castro resulta especialmente revelador, pues expone tensiones simbólicas dentro del propio entramado de poder.

En un sistema que históricamente ha castigado la irreverencia y el cuestionamiento, la tolerancia hacia este tipo de gestos sugiere que no todos los actores están sujetos a las mismas reglas.

Un síntoma de una crisis más profunda

La publicación de Sandro Castro termina funcionando como un espejo incómodo de la Cuba actual. No es solo una anécdota viral, sino un síntoma de un modelo político erosionado, marcado por privilegios heredados, desigualdad en el ejercicio de la crítica y una brecha creciente entre la élite gobernante y la sociedad.

En medio de una crisis estructural, la imagen de un heredero del poder histórico ironizando desde la comodidad de su posición resume, para muchos cubanos, una sensación extendida: la de vivir en un país donde el sacrificio es para unos y la impunidad para otros.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *