
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, lanzó una acusación directa contra Estados Unidos al afirmar que el gobierno de Washington pretende “tomar el control” de la isla y promover un cambio político en el país.
El canciller formuló estas declaraciones en respuesta a recientes pronunciamientos desde Estados Unidos que, según La Habana, evidencian una postura cada vez más agresiva hacia el sistema político cubano. Rodríguez aseguró que estas posiciones no son aisladas, sino que forman parte de una línea política coherente dirigida a socavar la soberanía del país.
En su mensaje, el diplomático cubano vinculó estas acciones con una estrategia histórica de presión que, a su juicio, busca debilitar las instituciones cubanas y generar condiciones favorables para una transformación política impulsada desde el exterior.
La narrativa de la injerencia: presión externa y cambio de régimen
Rodríguez insistió en que Estados Unidos mantiene una política sostenida de injerencia en los asuntos internos de Cuba, orientada a provocar un cambio de régimen. Según el canciller, esta estrategia combina herramientas políticas, económicas y comunicacionales.
“EEUU amenaza a Cuba con destruir el orden constitucional y tomar el control del país”, escribió en su cuenta de X el jefe de la diplomacia del régimen cubano.
En particular, señaló que el discurso público de funcionarios estadounidenses, junto con medidas de presión económica, forman parte de un mismo objetivo: influir en la dinámica interna del país. Desde la perspectiva del gobierno cubano, estas acciones buscan erosionar la estabilidad social y política.
El canciller también subrayó que este tipo de políticas no solo afectan al gobierno, sino que tienen un impacto directo sobre la población, al dificultar el acceso a recursos y limitar las capacidades económicas del país y que “toda agresión del imperialismo chocará con la voluntad irreductible del pueblo cubano en la defensa de la independencia de la Patria”.
El factor Washington: declaraciones que encienden la polémica
Las acusaciones de La Habana se producen tras declaraciones recientes de figuras políticas estadounidenses que han abordado el futuro de Cuba en términos de cambio y transformación.
En declaraciones ofrecidas desde la Casa Blanca, Donald Trump se refirió a Cuba como un Estado en situación de colapso y sostuvo que podría llegar a ejercer control sobre la isla. Durante sus palabras de este lunes, señaló que, “Si la libero, la tomo. Pienso que puedo hacer lo que quiera con ello. Además, presentó a Cuba como un país con escasos recursos, al indicar que carece de dinero, petróleo y otros activos fundamentales. “No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada”, agregó el mandatario estadounidense.
Un día después, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo que la economía de Cuba es inviable y que el sistema se ha mantenido únicamente gracias al apoyo financiero externo como el de la antigua URSS y Venezuela. En ese contexto, planteó la necesidad de un relevo en la conducción del país y de cambios profundos en su estructura de gobierno. “Tienen que poner gente nueva al mando. Deben cambiar de forma drástica”, afirmó.
Rodríguez interpretó estos pronunciamientos como una evidencia de que existe una intención explícita de influir en el rumbo político de la isla. Según el canciller, estos discursos refuerzan la percepción de que Washington no reconoce plenamente la soberanía de Cuba ni su derecho a definir su propio sistema político. El cruce de mensajes entre ambas partes ha contribuido a elevar el nivel de confrontación, consolidando un clima de tensión que se refleja tanto en el discurso político como en el ámbito diplomático.
Crisis interna en Cuba: el contexto que amplifica el conflicto
Las declaraciones del canciller se producen en un contexto interno especialmente complejo. Cuba atraviesa una crisis económica marcada por dificultades estructurales que afectan la vida cotidiana de la población.
Rodríguez vinculó esta situación con el impacto de las sanciones estadounidenses, señalando que las restricciones económicas han limitado la capacidad del país para acceder a recursos clave, especialmente en sectores estratégicos como la energía y el comercio.
El gobierno cubano sostiene que estas condiciones no son únicamente resultado de factores internos, sino que están profundamente influenciadas por el entorno internacional y las políticas de presión externa. Como reacción a esas afirmaciones, Miguel Díaz-Canel se pronunció mediante un mensaje en el que denunció que Estados Unidos estaría amenazando de forma constante, “casi a diario”, con provocar un cambio en el orden constitucional de Cuba.
Según el gobernante EE.UU pretende «adueñarse del país, de sus recursos, de las propiedades y hasta de la misma economía que buscan asfixiar para rendirnos”.
Sanciones, embargo y presión internacional: el trasfondo estructural
El canciller reiteró que el embargo y las sanciones impuestas por Estados Unidos constituyen el principal obstáculo para el desarrollo económico de Cuba. Según sus declaraciones, estas medidas tienen un carácter integral que afecta múltiples sectores de la economía nacional.
Rodríguez argumentó que el objetivo de estas políticas es generar un escenario de crisis que facilite cambios políticos, lo que considera una estrategia incompatible con el derecho internacional y el respeto a la soberanía de los Estados. En este sentido, insistió en que la política estadounidense hacia Cuba no ha cambiado en esencia, sino que se mantiene como un mecanismo de presión constante.
Diálogo limitado en medio de la confrontación
A pesar del tono crítico, el canciller reconoció que existen canales de comunicación abiertos entre ambos países. Sin embargo, dejó claro que cualquier diálogo debe basarse en el respeto mutuo y la no injerencia.
Rodríguez subrayó que Cuba no está dispuesta a negociar aspectos relacionados con su sistema político ni a aceptar condiciones que impliquen cambios estructurales impuestos desde el exterior. Esta posición refleja una estrategia diplomática que combina la disposición al diálogo en temas específicos con una firme defensa de los principios de soberanía.
En ese sentido tras semanas de desmentidos oficiales, Díaz-Canel terminó reconociendo el 13 de marzo la existencia de intercambios entre ambos gobiernos. De acuerdo con sus declaraciones, estos acercamientos se ubican en una fase preliminar, centrada en delimitar los temas más críticos de la relación bilateral, explorar vías de solución y calibrar la voluntad de las dos partes para avanzar. No obstante, entre intercambios de discursos Díaz-Canel confirmó que la isla “no aceptará imposiciones ni negociará su soberanía ni su orden constitucional”.
Impacto regional y geopolítico
Las declaraciones del canciller cubano también tienen implicaciones más allá de la relación bilateral con Estados Unidos. La situación de Cuba influye en dinámicas regionales, especialmente en el Caribe y América Latina.
Rodríguez planteó su denuncia en términos que buscan generar apoyo internacional, presentando el conflicto como un ejemplo de intervención externa que podría sentar precedentes en la región. En este contexto, el discurso cubano apunta a reforzar alianzas y a posicionar su caso dentro de debates más amplios sobre soberanía, autodeterminación y relaciones internacionales.
Un conflicto que entra en una nueva fase
El pronunciamiento de Bruno Rodríguez refleja un endurecimiento del discurso oficial cubano en un momento de alta tensión. Las acusaciones contra Estados Unidos evidencian un deterioro en la relación bilateral y sugieren la entrada en una nueva fase de confrontación política.
Mientras Washington mantiene su postura crítica hacia el sistema cubano, La Habana responde reforzando su narrativa de defensa frente a la injerencia externa. El resultado es un escenario marcado por la incertidumbre, donde las tensiones continúan acumulándose y el futuro de la relación entre ambos países permanece abierto.





