Parlamentarios europeos, opositores y organizaciones de derechos humanos han criticado el nuevo acuerdo de cooperación y diálogo político firmado por la Unión Europea y el gobierno cubano, según informó el Nuevo Herald.


“La UE debería haber pedido el fin de la represión de los disidentes políticos y [una] reforma democrática antes de firmar un acuerdo como este”, dijo el europarlamentario sueco Lars Adaktusson, del grupo demócrata-cristiano Partido del Pueblo Europeo (EPP), en declaraciones a la mencionada fuente.

Adaktusson, un periodista devenido político, está descontento con la falta de transparencia durante el proceso de negociaciones y lamenta que la sociedad civil cubana fuera “echada a un lado”.

“Creo que un acuerdo de cooperación UE-Cuba puede abrir un nuevo espacio para mejorar las relaciones, pero la Unión Europea debe mantener los derechos humanos y las libertades fundamentales en el centro de este acuerdo y una mejora sustancial debe ser una condición previa en las conversaciones con el gobierno cubano y para las concesiones económicas de parte de la UE”, dijo en un comunicado el checo Pavel Telicka, segundo vicepresidente de la Alianza de los Liberales y Demócratas (ALDE) del europarlamento.

Las críticas al nuevo acuerdo provienen también de organizaciones de derechos humanos internacionales y de opositores cubanos dentro y fuera de la isla.


Treinta grupos de la oposición cubana enviaron una carta a la Unión Europea en la que manifestaron su rechazo al acuerdo de diálogo político y cooperación firmado por los ministros de Exteriores de ese bloque y el gobierno cubano el lunes en Bruselas.

“No nos oponemos a la adopción de un acuerdo entre nuestro país y la Unión Europea que beneficie a nuestros pueblos, pero rechazamos este Acuerdo por no condicionarse al ejercicio de las libertades individuales y colectivas del pueblo cubano”, indica la carta, en la que los disidentes y activistas mencionan el aumento de la represión en la isla.

Sin embargo, la oposición al acuerdo no parece tener la fuerza suficiente como para descarrilarlo, según observaron varias fuentes europeas. En este punto, no pueden introducirse cambios en el documento y solo puede ser aceptado o rechazado por el parlamento europeo.