
El presidente Donald Trump volvió a situar a Cuba entre las prioridades de su política exterior y aseguró que espera cambios en la isla dentro de un plazo de dos años y medio, o incluso antes. En una entrevista con el comentarista Benny Johnson, el mandatario señaló al secretario de Estado, Marco Rubio, como una figura central en las gestiones de Washington sobre el futuro del país.
Las declaraciones, difundidas este sábado 31 de octubre, combinan un pronóstico sobre la continuidad del régimen cubano con referencias a las actuaciones estadounidenses en Venezuela e Irán. Trump expresó su convicción de que la situación política de Cuba no se prolongará indefinidamente y planteó la posibilidad de concentrar mayor atención en la isla tras concluir sus objetivos en territorio iraní.
Durante el intercambio, el presidente describió a Cuba como un país fracasado y afirmó que el régimen no durará mucho más. También vinculó los cambios que anticipa con la posibilidad de que los cubanos que viven fuera puedan regresar a su país, aunque no detalló mecanismos ni condiciones para ese eventual retorno.
El papel de Marco Rubio ocupa un lugar destacado en ese mensaje. Trump aseguró que el secretario de Estado sigue de cerca el expediente cubano y mencionó que sus padres son de Cuba. Al referirse al horizonte para obtener resultados, habló de dos años y medio y añadió que podrían llegar antes.
La intervención refuerza la responsabilidad que el mandatario ha atribuido públicamente a Rubio en las relaciones con La Habana. En septiembre, durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Trump ya había señalado que el secretario de Estado estaba involucrado en negociaciones relacionadas con Cuba y había defendido un cambio profundo en la situación de la isla.
Uno de los elementos que más atención ha generado es la referencia a la permanencia de los Castro en el poder. Al compartir la entrevista, Johnson presentó el intercambio asegurando que Trump ve un “0% de probabilidades” de que un Castro siga al mando cuando concluya su presidencia. Esa formulación corresponde a la presentación publicada por el entrevistador junto al video.
El presidente también volvió a utilizar a Venezuela como referencia al hablar de Cuba. Su comparación coloca las acciones de Washington en la región dentro del mensaje de presión hacia La Habana, aunque no permite concluir por sí sola que la administración haya decidido aplicar una operación equivalente en territorio cubano.
Respecto a Irán, Trump planteó una secuencia en la que Estados Unidos terminaría primero sus actuaciones allí y después podría dirigir su atención hacia Cuba. Los fragmentos difundidos de la entrevista no presentan un plan operativo detallado, una fecha de intervención ni medidas concretas que permitan establecer cómo se produciría el cambio anunciado.
El plazo mencionado constituye, por tanto, una expectativa expresada por el presidente. Sus declaraciones transmiten confianza en que Washington podrá influir en el rumbo de la isla, pero dejan pendientes cuestiones centrales: qué instrumentos utilizará, qué resultados considera suficientes y cómo se desarrollarán las gestiones encabezadas por Rubio.
Para la comunidad cubana en Estados Unidos, las palabras sobre un eventual regreso añaden una dimensión personal a un debate marcado por décadas de separación familiar y emigración. Sin embargo, la entrevista no establece garantías sobre viajes, inversiones o condiciones de retorno.
Con este nuevo mensaje, Trump vuelve a comprometer públicamente a su administración con la búsqueda de cambios en Cuba. La atención se concentra ahora en las próximas decisiones de Washington y en las gestiones de Rubio, a quien el presidente sitúa en el centro de ese objetivo.





