
Una cubana residente en Estados Unidos encendió el debate en las redes sociales después de responder de manera directa a quienes reciben ayuda desde el exterior y consideran insuficiente el dinero que les envían sus familiares.
La creadora de contenido Yuyuvlogs reaccionó a las palabras de otra mujer cubana que aseguró que 12.000 pesos, equivalentes a cerca de 20 dólares según el cálculo utilizado en el video, “no son nada” porque no alcanzan para garantizar dos semanas de comida en la isla.
Yuyu no negó la gravedad de la crisis ni el desplome del poder adquisitivo en Cuba. Su respuesta se concentró en una parte de la historia que, según muchos emigrantes, suele quedar fuera de la conversación: el esfuerzo necesario para ganar cada dólar y la cantidad de necesidades que también existen en el hogar de quien envía la remesa.
“Tienes razón, 12 mil pesos no son nada en Cuba, pero tú lo que tienes que ver es que al menos los que estamos aquí te ayudan con esos pesos que te caen a ti en la mano, a ti que no los trabajaste, no los luchaste, no te tuviste que levantar a las 5:30 a.m.”, expresó en el video publicado en su cuenta de Facebook.
“Aquí uno se quita esos 20 dólares para mandarlos a Cuba”
La cubana explicó que el dinero enviado a la isla no necesariamente sale de lo que sobra al finalizar el mes. En muchos casos, procede de presupuestos familiares ajustados por el alquiler, la comida, el transporte, las facturas, el cuidado de los hijos y los gastos médicos.
“Son horas sin sueño, son acostarte tardísimo adelantando las cosas de tu casa para el otro día irte a trabajar”, afirmó. Después enumeró algunos de los gastos que una persona podría cubrir con esos mismos 20 dólares en Estados Unidos.
“Aquí uno se quita esos 20 dólares para mandarlos para Cuba. Esos 20 dólares representan comida de nuestros hijos, un par de zapatos que les haga falta, son útiles escolares, una consulta médica”, subrayó.
Su argumento no fue que 20 dólares alcancen para resolver las carencias de una familia cubana. El punto central fue que ningún monto enviado voluntariamente debería considerarse irrelevante, pues detrás de esa ayuda puede haber varias horas de trabajo, sacrificios personales y decisiones difíciles dentro de otro hogar.
“Si tú tienes la posibilidad de tener una persona que está del lado de acá que te está ayudando, así sea con mil pesos, agradécelo. Porque detrás de ese dinero hay un sinfín de cosas que esa persona se quitó para dártelo a ti”, concluyó.
El mensaje provoca una reacción inmediata entre los emigrantes
Las palabras de Yuyuvlogs encontraron eco entre cubanos radicados en distintos países. Numerosos usuarios aseguraron haber vivido situaciones parecidas, especialmente cuando sus familiares les piden recargas telefónicas, transferencias o montos específicos con el argumento de que esa cantidad “no es nada” fuera de Cuba.
Una seguidora describió la remesa como una combinación de sacrificio y amor. Recordó que quien ayuda desde el extranjero muchas veces no entrega lo que le sobra, sino una parte del dinero que también necesita para cubrir sus propios gastos.
Desde Italia, otra cubana señaló que 20 euros representan aproximadamente dos horas de trabajo continuo. Su comentario resumió una de las principales frustraciones expresadas en la publicación: el valor de la ayuda no puede medirse únicamente por lo que permite comprar en Cuba, sino también por el tiempo y el esfuerzo invertidos para obtenerla.
Una emigrada en Brasil contó que necesita trabajar una jornada completa en labores de limpieza para ganar 100 reales. Dijo que le resulta doloroso enviar ese dinero a la isla y descubrir que, en ocasiones, el sacrificio no es valorado.
Desde Florida, otra usuaria dejó un mensaje mucho más breve: “Yo vivo en Miami y si a mí me regalan ahora 20 dólares me pongo feliz”. La frase recibió el respaldo de personas que insistieron en que residir en Estados Unidos no significa tener dinero ilimitado ni estar libre de dificultades económicas.
Otra cubana afirmó que vivir fuera de la isla implica en muchos casos soledad, jornadas extensas y falta de sueño. Rechazó que conseguir dinero en el extranjero sea únicamente una cuestión de suerte y sostuvo que hay emigrantes que trabajan de lunes a lunes para poder ayudar a sus familiares.
Veinte dólares alcanzan poco en una Cuba golpeada por la inflación
La queja original también expone una realidad indiscutible: el dinero pierde valor con enorme rapidez dentro de Cuba. La tasa informal cambia constantemente, por lo que la equivalencia exacta de 12.000 pesos puede variar de un día a otro. Una cifra cercana a los 20 dólares en un momento determinado puede valer menos poco después.
La crisis monetaria ha profundizado la dependencia de las divisas. En septiembre de 2026, el peso llegó a cotizarse alrededor de 700 por dólar en el mercado informal, casi diez veces por debajo del valor que tenía en 2021. Los precios, mientras tanto, habían subido al menos un 25 % en lo transcurrido del año según datos oficiales citados por Reuters.
Con ese deterioro, 12.000 pesos no garantizan dos semanas de alimentación para una familia. Pueden desaparecer rápidamente en una compra de arroz, frijoles, huevos, aceite, carne o productos de aseo, cuyos precios superan ampliamente los ingresos de numerosos trabajadores y jubilados.
La escasez de efectivo añade otra dificultad. En La Habana se han registrado largas filas desde antes del amanecer para retirar dinero de los bancos, cuyos cajeros y sucursales pueden quedarse sin billetes o paralizarse por apagones y fallas de conexión.
El régimen cubano no ha conseguido detener la devaluación, la inflación ni el empobrecimiento de la población. Sus políticas económicas, la falta de producción, el control estatal y las restricciones acumuladas durante décadas han contribuido a que millones de personas dependan de familiares que abandonaron el país y ahora sostienen parte del consumo de la isla desde el exterior.
Las remesas alivian necesidades, pero también trasladan la presión a la diáspora
El envío de dinero cumple una función esencial para las familias de América Latina y el Caribe. El Banco Interamericano de Desarrollo señaló que las remesas recibidas por millones de hogares de la región contribuyen de forma importante a reducir la pobreza. En 2025, esos flujos alcanzaron un récord de 173.733 millones de dólares en la región, de acuerdo con una actualización del BID.
En Cuba, sin embargo, no existe una cifra pública, completa y verificable que permita determinar cuánto dinero recibe la isla o cuánto envía en promedio cada emigrante. Una parte de las transferencias circula por vías informales, mediante personas que entregan pesos en Cuba después de recibir dólares en otro país. También se envían alimentos, medicinas, recargas, equipos eléctricos y otros artículos difíciles de conseguir.
Esa dependencia produce una carga que no aparece en las estadísticas: muchos emigrantes terminan sosteniendo dos hogares. Pagan sus obligaciones en Estados Unidos, España, Italia, Brasil u otro país y, al mismo tiempo, cubren desde lejos la comida, los medicamentos y las emergencias de quienes permanecen en la isla.
El problema se agrava cuando la ayuda deja de entenderse como un gesto voluntario y comienza a tratarse como una obligación permanente. En los comentarios, una usuaria resumió esa molestia al contar que le piden 50 euros o una recarga porque supuestamente “eso no es nada”. Su respuesta fue que le gustaría enviar también las facturas del agua y de la electricidad para que sus familiares pudieran evaluar el costo real de vivir fuera.
Dos realidades difíciles que no deberían enfrentarse
La controversia muestra dos verdades que pueden coexistir. Veinte dólares no resuelven la crisis alimentaria de una familia en Cuba, pero pueden representar un sacrificio real para la persona que los envía. Reconocer una realidad no obliga a ignorar la otra.
Quienes permanecen en la isla sufren salarios pulverizados, escasez, apagones y precios fuera de control. Quienes emigraron cargan con extensas jornadas laborales, alquileres elevados, obligaciones familiares y, en muchos casos, la presión emocional de convertirse en el principal sustento de parientes que viven a cientos o miles de kilómetros.
El mensaje de Yuyuvlogs se volvió viral precisamente porque verbaliza una experiencia común dentro de la diáspora: la ayuda puede parecer pequeña al llegar, pero su valor también debe calcularse a partir de todo lo que ocurrió antes de enviarla. Detrás de un billete de 20 dólares puede haber una madrugada de trabajo, una compra aplazada o una necesidad propia que alguien decidió posponer para que otro familiar pudiera enfrentar un día más en Cuba.





