
Cuba volvió a quedar prácticamente a oscuras este domingo tras registrarse una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), el sexto colapso de alcance nacional reportado en lo que va de 2026, en medio de una crisis energética que mantiene a millones de personas sometidas a apagones cada vez más prolongados.
La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó que la caída ocurrió a las 10:43 p.m., cuando se produjo una desconexión total de la red eléctrica del país.
«Ocurre una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Continuaremos informando», señaló la empresa estatal en un breve comunicado, sin precisar inicialmente qué provocó el nuevo colapso.
La caída del sistema llega en uno de los momentos más críticos de la crisis energética cubana y después de varios días en los que la generación disponible resultó insuficiente incluso para cubrir una tercera parte de la demanda en determinados horarios.
Millones de cubanos vuelven a enfrentar una noche sin electricidad
El impacto inmediato recae nuevamente sobre la población, que enfrenta la interrupción del servicio eléctrico en pleno verano, cuando las altas temperaturas aumentan la necesidad de ventiladores, refrigeradores y equipos de climatización.
Un colapso total del SEN supone además nuevas dificultades para conservar alimentos y medicamentos que requieren refrigeración, cargar teléfonos móviles, cocinar y realizar actividades cotidianas que dependen de la electricidad.
Para numerosas familias, el nuevo colapso ocurre después de jornadas marcadas ya por extensos cortes programados y no programados.
La situación resulta especialmente complicada durante las horas nocturnas, cuando viviendas y comunidades enteras pueden permanecer sin iluminación ni ventilación durante largos períodos.
El sistema ya estaba al límite antes del colapso
La desconexión nacional no ocurrió de manera aislada.
Un día antes se había registrado una caída de la red en el occidente de Cuba que dejó sin electricidad a varias provincias desde Pinar del Río hasta Matanzas.
Los datos publicados durante los últimos días también reflejaban el severo deterioro de la capacidad de generación.
El 31 de julio, la afectación llegó a 2,042 MW, mientras que el 29 de julio la UNE había proyectado un déficit de 2,380 MW, con solo 850 MW disponibles frente a una demanda estimada de 3,200 MW.
Para este domingo, después de la recuperación parcial del sistema occidental, las perspectivas continuaban siendo críticas.
La UNE estimaba una disponibilidad de apenas 1,035 MW frente a una demanda máxima de aproximadamente 3,200 MW, con una afectación prevista de 2,195 MW.
Es decir, incluso antes de producirse la desconexión total, millones de cubanos estaban destinados a enfrentar nuevos apagones debido a la enorme diferencia entre la electricidad disponible y las necesidades del país.
Seis colapsos nacionales en menos de ocho meses
El nuevo incidente eleva a al menos seis los colapsos totales del Sistema Electroenergético Nacional registrados durante 2026, una frecuencia que evidencia la extrema fragilidad de la infraestructura eléctrica cubana.
El primero de este año ocurrió el 16 de marzo y se extendió durante 29 horas y 29 minutos, convirtiéndose en el más prolongado de este ciclo.
Otro colapso se produjo el 22 de marzo.
La situación se deterioró nuevamente en julio, cuando Cuba sufrió tres caídas nacionales en cuestión de días.
El 6 de julio, cerca de 9.6 millones de personas quedaron sin electricidad después de la salida de servicio de la Unidad 6 de la central termoeléctrica de Nuevitas.
Posteriormente se registraron nuevos colapsos el 10 y el 14 de julio. Este último estuvo relacionado con la salida imprevista de la Unidad 1 de la central termoeléctrica Felton, en Holguín.
Ahora, apenas comenzando agosto, el país vuelve a experimentar una desconexión total.
Una crisis eléctrica que golpea cada vez más la vida cotidiana
La emergencia energética cubana se arrastra desde hace años y responde a una combinación de problemas que se han profundizado con el tiempo.
Buena parte de las centrales termoeléctricas del país acumulan décadas de explotación y sufren averías frecuentes, mientras la falta de mantenimiento y piezas de repuesto dificulta mantener las unidades funcionando de manera estable.
A esto se suma la escasez de combustible, que limita la generación distribuida y deja fuera de servicio una capacidad considerable del sistema.
Las consecuencias, sin embargo, van mucho más allá de las cifras de megavatios.
Los apagones prolongados afectan hogares, pequeños negocios, sistemas de bombeo de agua, telecomunicaciones y numerosos servicios esenciales. También obligan a las familias a reorganizar actividades tan básicas como cocinar, lavar ropa o conservar alimentos.
En medio del verano y con un sistema que ya operaba bajo un déficit extremo, el sexto colapso nacional de 2026 vuelve a dejar una pregunta fundamental para millones de cubanos: cuánto tiempo tardará esta vez en regresar la electricidad y cuánto podrá mantenerse estable una vez restablecido el sistema.





