
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una de sus acusaciones más contundentes contra el régimen cubano al asegurar que La Habana ha logrado durante décadas penetrar instituciones estadounidenses mediante espías y redes de influencia, pese al deterioro económico y la reducida población de la isla.
Durante una entrevista en el programa My View with Lara Trump, Rubio calificó a Cuba como una “superpotencia del espionaje y las operaciones de influencia” y afirmó que se trata de un fenómeno que Washington ha subestimado durante años.
Sus declaraciones se producen tras la publicación de un informe del Departamento de Estado titulado Cuba: La Capital del Comunismo del Siglo XXI, que presenta al régimen cubano como un actor que continúa utilizando los servicios de inteligencia y las operaciones de influencia para proyectar poder mucho más allá de sus fronteras.
“Cuba es el único país que ha implantado y encubierto espías de forma sistemática en el sistema estadounidense, sin siquiera pagarles”, afirmó Rubio.
El secretario destacó que esta capacidad resulta especialmente significativa considerando que Cuba tiene alrededor de 9.5 millones de habitantes y se encuentra apenas a 90 millas de las costas de Florida.
Los casos de Ana Belén Montes y Víctor Manuel Rocha
Rubio recurrió a dos de los episodios de espionaje cubano más graves descubiertos dentro del Gobierno estadounidense para respaldar sus señalamientos.
Uno de ellos es el de Ana Belén Montes, quien durante años trabajó como analista de alto nivel de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos (DIA) mientras proporcionaba información secreta al régimen cubano.
Montes fue arrestada en 2001 y posteriormente sentenciada a 25 años de prisión. Recuperó la libertad en enero de 2023 después de cumplir su condena.
Rubio describió su infiltración como “uno de los mayores fracasos de inteligencia de EE.UU.” y una de las penetraciones más importantes sufridas por las instituciones estadounidenses.
Pero el caso que volvió a colocar el tema del espionaje cubano en primer plano fue el de Víctor Manuel Rocha.
Rocha desarrolló durante décadas una carrera dentro de la diplomacia estadounidense y llegó a desempeñarse como embajador de Estados Unidos en Bolivia.
En 2024 fue condenado a 15 años de prisión después de admitir que actuó durante décadas como agente clandestino de Cuba.
“Tuvimos un embajador, un embajador estadounidense, que resultó ser un espía cubano y fue condenado recientemente”, recordó Rubio.
El caso Rocha causó especial alarma en Washington porque mostró hasta qué nivel pudo llegar una persona que colaboraba secretamente con La Habana dentro de la estructura diplomática estadounidense.
Rubio acusa a Cuba de operar mucho más allá del espionaje tradicional
El secretario de Estado aseguró que las operaciones cubanas no se limitarían a obtener información clasificada.
Según Rubio, La Habana también habría desarrollado durante décadas mecanismos destinados a influir sobre movimientos políticos, académicos y sociales dentro de Estados Unidos y América Latina.
El funcionario vinculó esas redes con algunas protestas ocurridas en Estados Unidos desde 2020, así como con sectores radicales que posteriormente participaron en movilizaciones relacionadas con la guerra en Gaza y protestas contra las autoridades migratorias.
“No hay nada orgánico en ello. Está financiado, está organizado, y Cuba es parte de esa red y en algunos casos una parte crítica”, sostuvo.
Estas afirmaciones representan acusaciones políticas de Rubio y no implican que todos los participantes en esos movimientos tengan vínculos con Cuba.
El secretario argumentó, sin embargo, que existen organizaciones y activistas capaces de movilizarse rápidamente alrededor de diferentes causas y que, según la evaluación presentada por su Gobierno, algunas de esas estructuras estarían conectadas con operaciones internacionales de influencia.
“No necesitan pagarles”
Otro de los puntos más llamativos de las declaraciones de Rubio fue su explicación sobre cómo el régimen cubano habría conseguido colaboradores dentro de Estados Unidos.
Según el secretario, La Habana se ha beneficiado durante décadas de personas que simpatizan ideológicamente con la Revolución cubana.
Rubio afirmó que existen individuos ubicados en “nodos clave” de la sociedad estadounidense, entre ellos académicos y profesores, que mantienen afinidades políticas con el sistema cubano.
Esa simpatía, sostuvo, facilita que los servicios de inteligencia cubanos puedan captar colaboradores sin ofrecer necesariamente grandes cantidades de dinero.
Para Rubio, esa característica diferencia las operaciones cubanas de las realizadas tradicionalmente por otras potencias extranjeras.
Cuba y décadas de influencia en América Latina
Las acusaciones del secretario de Estado también abarcaron la actuación de La Habana en el resto del continente.
Rubio sostuvo que movimientos insurgentes y organizaciones comunistas que han intentado desestabilizar gobiernos latinoamericanos durante las últimas décadas recibieron, en distintos momentos, apoyo, entrenamiento o asistencia política procedente de Cuba.
“Cada insurgencia comunista de izquierda que ha desestabilizado gobiernos en la región durante los últimos 40 o 50 años encontró su apoyo, su ayuda o, en muchos casos, su origen en una operación de influencia cubana”, afirmó.
La acusación conecta la estrategia actual de Washington con una visión histórica del papel desempeñado por el régimen cubano desde el triunfo de la Revolución de 1959, cuando La Habana comenzó a respaldar movimientos revolucionarios en diferentes países de América Latina y África.
Washington también apunta a China y Rusia en Cuba
El nuevo informe del Departamento de Estado amplía las preocupaciones estadounidenses más allá de las operaciones realizadas directamente por los servicios cubanos.
Washington sostiene que la isla mantiene relaciones de inteligencia y seguridad con adversarios estratégicos de Estados Unidos, particularmente China y Rusia.
El documento menciona instalaciones vinculadas a actividades de inteligencia en territorio cubano, una cuestión especialmente sensible para Washington debido a la cercanía geográfica de la isla con Florida y otras instalaciones militares estadounidenses.
La publicación del informe estuvo acompañada además por nuevas sanciones contra La Habana, reforzando la presión de la Administración estadounidense sobre el Gobierno cubano.
La Habana responde y acusa a Rubio de preparar una agresión
El Gobierno cubano reaccionó rápidamente.
El canciller Bruno Rodríguez rechazó las conclusiones del informe y las calificó de “falacia”, mientras acusó a Rubio de intentar fabricar argumentos para justificar una posible agresión contra Cuba.
Miguel Díaz-Canel también atacó el documento y lo describió como un “panfleto neo-macartista”.
Rubio rechazó esas críticas.
“Todo en ese informe es factual y, francamente, no creo que puedan refutarlo”, aseguró.
El intercambio abre un nuevo capítulo en la confrontación entre Washington y La Habana, pero también vuelve a colocar bajo los reflectores un problema que trasciende la retórica política: Estados Unidos ha descubierto en las últimas décadas algunos de los casos de penetración de inteligencia cubana más graves de su historia.
Los expedientes de Ana Belén Montes y Víctor Manuel Rocha demostraron que, mientras Cuba atravesaba crisis económicas, apagones, escasez y una pérdida acelerada de población, sus servicios de inteligencia fueron capaces de mantener operaciones clandestinas durante años dentro de estructuras sensibles del propio Gobierno estadounidense.
Para la Administración de Rubio, esa capacidad es precisamente la razón por la que Washington considera un error medir la amenaza que representa el régimen cubano únicamente por el tamaño de su economía o de sus Fuerzas Armadas.





