
La Policía de Carreteras Federal (PRF) de Brasil rescató a 39 migrantes cubanos que eran transportados por una presunta red de tráfico de personas en el estado de Roraima, una región fronteriza que se ha convertido en uno de los principales corredores migratorios utilizados por quienes abandonan la isla en busca de mejores oportunidades.
Entre los rescatados había ancianos, una mujer embarazada y al menos diez niños menores de diez años. Algunos presentaban problemas respiratorios y todos se encontraban en una situación de extrema vulnerabilidad. Según informaron las autoridades brasileñas, los migrantes llevaban aproximadamente tres días sin recibir alimentos cuando fueron interceptados en la carretera BR-401, en el municipio de Cantá, a unos diez kilómetros de Boa Vista.
La PRF catalogó la operación como el mayor rescate de migrantes cubanos realizado por la corporación en una sola intervención en Roraima, un estado que en los últimos meses ha visto un aumento significativo de los casos relacionados con el tráfico humano y la migración irregular procedente de Cuba.
Durante el operativo detuvieron a dos hombres acusados de promover inmigración ilegal. Un tercer sospechoso logró escapar antes del arresto y ahora lo buscan las autoridades. A todos los migrantes y los detenidos los trasladaron posteriormente a la sede de la Policía Federal en Boa Vista para continuar con las investigaciones y los procedimientos correspondientes.
Una travesía marcada por el hambre y la desesperación
Las condiciones encontradas por los agentes reflejan la dura realidad que enfrentan miles de cubanos que deciden abandonar la isla utilizando rutas irregulares a través de América Latina.
Los niños viajaban junto a sus padres después de atravesar varios países y recorrer cientos de kilómetros por carretera. Algunos presentaban dificultades respiratorias y síntomas asociados al agotamiento físico, mientras que los adultos mostraban evidentes signos de cansancio tras una travesía que, para muchos, comenzó semanas atrás.
La presencia de una mujer embarazada y de personas de avanzada edad incrementó la preocupación de las autoridades, que activaron protocolos de asistencia humanitaria para garantizar atención médica y alimentación inmediata a los rescatados.
El caso vuelve a poner de relieve los peligros asociados al tráfico de migrantes, una actividad criminal que se alimenta de la desesperación de quienes buscan escapar de la crisis económica y social que afecta a Cuba.
La ruta clandestina que conecta Cuba con Brasil
Las investigaciones permitieron conocer con mayor detalle el recorrido utilizado por la organización criminal. Según explicó el agente de la PRF Isaías Magalhães, Boa Vista rara vez constituye el destino final de estos migrantes. La ciudad funciona principalmente como una escala dentro de una compleja red de transporte que conecta Cuba con distintas ciudades brasileñas y otros países de Sudamérica.
La ruta suele comenzar en La Habana. Desde allí, los migrantes vuelan hacia Georgetown, la capital de Guyana. Posteriormente continúan por vía terrestre hasta Lethem, una localidad fronteriza ubicada junto a Brasil.
«Muchas de estas personas no tienen Boa Vista como destino final. La capital funciona solo como punto de paso. Esta red criminal cobra por el paquete completo, desde la salida de Cuba hasta el destino final dentro de Brasil», dijo Isaías Magalhaes, agente de la PRF.
El último tramo es uno de los más delicados. Los migrantes cruzan clandestinamente el río Tacutu para ingresar a territorio brasileño por Roraima, donde son recogidos por vehículos contratados por las redes de tráfico humano y trasladados hacia sus destinos finales.
Las autoridades consideran que Guyana se ha convertido en un punto estratégico para estas organizaciones debido a que no exige visa a los ciudadanos cubanos, lo que facilita la llegada inicial de miles de personas que luego continúan su viaje por rutas irregulares.
Hasta 2,800 dólares para abandonar la isla
Los testimonios recopilados durante la investigación revelan que los migrantes pagaron entre 300 y 2,800 dólares por el recorrido, dependiendo de la etapa contratada y de los servicios incluidos dentro del llamado «paquete migratorio».
Para muchas familias cubanas estas cantidades representan años de ahorro, préstamos o dinero enviado por familiares desde el extranjero. Sin embargo, lejos de garantizar seguridad, el pago suele convertirse en una puerta de entrada a situaciones de explotación, abandono y riesgo.
Las autoridades brasileñas han advertido que estas organizaciones criminales operan con una estructura cada vez más sofisticada, ofreciendo transporte, alojamiento temporal y coordinación logística a lo largo de varios países, mientras obtienen importantes beneficios económicos a costa de los migrantes.
Curitiba, Uruguay y otros destinos del éxodo cubano
Parte del grupo rescatado tenía previsto establecerse en Curitiba, una de las principales ciudades del sur de Brasil. Otros planeaban continuar viaje hacia Uruguay, país que en los últimos años ha experimentado un aumento sostenido de la migración cubana.
La tendencia refleja cómo las rutas migratorias de los cubanos han evolucionado en los últimos años. Mientras algunos continúan intentando llegar a Estados Unidos, otros optan por establecerse en países sudamericanos donde consideran que existen mayores oportunidades laborales y posibilidades de regularizar su situación migratoria.
Brasil se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para muchos de estos migrantes debido a su tamaño, su economía y las facilidades existentes para solicitar refugio o protección internacional.
Roraima, epicentro de una crisis migratoria creciente
El rescate de los 39 cubanos no constituye un hecho aislado. El pasado 1 de junio, las autoridades encontraron a nueve cubanos hacinados dentro de un automóvil en Roraima y arrestaron al conductor. Apenas unos días antes, el 27 de mayo, otros 21 migrantes, incluidos 18 cubanos, fueron interceptados mientras eran trasladados en tres vehículos por la misma región.
Estos casos han convertido a Roraima en uno de los principales focos de atención para las autoridades brasileñas, que observan con preocupación el crecimiento de las redes dedicadas al tráfico de personas en la frontera con Guyana.
La situación ya había quedado en evidencia en febrero de este año durante la denominada Operación Malecón, que permitió desmantelar una organización liderada por el venezolano José Alberto Lira Lezama, acusada de traficar al menos 200 cubanos en apenas tres meses.
Las cifras muestran la magnitud del fenómeno
Los datos recopilados por la Policía de Carreteras Federal revelan la dimensión alcanzada por este flujo migratorio. Entre 2024 y 2026 fueron rescatados 189 migrantes en 24 operativos realizados en carreteras federales de Roraima. Durante ese período también quedaron detenidos 31 presuntos traficantes y confiscados 31 vehículos utilizados para el transporte ilegal de personas.
Uno de los datos más reveladores es que el 91 % de los migrantes rescatados en estas operaciones eran ciudadanos cubanos, lo que evidencia el peso de la emigración procedente de la isla dentro de las rutas clandestinas detectadas en Brasil.
Paralelamente, más de 13,000 cubanos solicitaron refugio en territorio brasileño durante el primer cuatrimestre de 2026, una cifra que confirma el crecimiento sostenido del éxodo cubano hacia Sudamérica.
La mayor operación de rescate de cubanos registrada en un solo día
La magnitud de la situación quedó aún más clara horas después del rescate inicial. Nuevos operativos realizados ese mismo lunes en distintos puntos de Roraima elevaron la cifra total de cubanos rescatados a 108 personas en una sola jornada, un récord histórico para el estado brasileño.
La Policía de Carreteras Federal calificó el despliegue como la mayor operación de rescate de migrantes cubanos registrada en Roraima en un único día, una cifra que refleja tanto el aumento de los flujos migratorios como la creciente actividad de las redes criminales que lucran con la desesperación de quienes buscan abandonar Cuba.
Detrás de cada una de estas cifras hay historias de familias enteras que arriesgan sus ahorros, su seguridad y, en muchos casos, su propia vida con la esperanza de encontrar estabilidad fuera de la isla. El rescate de estos 39 cubanos vuelve a mostrar una realidad que se repite cada vez con más frecuencia en América Latina: el éxodo cubano continúa creciendo y las organizaciones dedicadas al tráfico de personas intentan aprovecharse de una crisis migratoria que no da señales de disminuir.





