
La historia de una joven cubana que llegó sola a España embarazada de mellizos y sin saber qué le depararía el futuro se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la visita del papa León XIV al país europeo.
Niurka Paz, una abogada cubana de 33 años, fue una de las protagonistas del encuentro que el pontífice sostuvo con migrantes, refugiados y personas en situación de vulnerabilidad en el Centro de Información y Acogida CEDIA 24 horas de Cáritas, en Madrid. Su relato, marcado por la emigración, la maternidad y la superación personal, conmovió a los asistentes y llevó al propio Papa a convertir su experiencia en símbolo de esperanza para miles de personas que han tenido que abandonar sus países en busca de una nueva oportunidad.
La cubana explicó que llegó a España atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida. Embarazada de gemelos y lejos de su entorno familiar, tuvo que enfrentarse a la incertidumbre de comenzar desde cero en un país desconocido. “Llegué a Madrid sola, y embarazada de mis mellizos. Tuve mucho miedo y angustia porque no sabíamos cómo iba a ser nuestra vida”, confesó.
Sin una red de apoyo estable y con las preocupaciones propias de una futura madre, encontró refugio en el Hogar Santa Bárbara, un proyecto gestionado por Cáritas que ofrece acompañamiento a mujeres y familias en situación de vulnerabilidad. “Pero la Iglesia nos acogió. En el hogar Santa Bárbara encontramos una familia: religiosas, voluntarias, educadoras, que nos han acompañado desde el primer momento”, añade emocionada.
Aquella ayuda, recordó, fue decisiva para poder salir adelante. Gracias al respaldo recibido logró estabilizarse, prepararse para el nacimiento de sus hijos y construir las bases de una nueva vida lejos de Cuba.
Ares y Atenea: el símbolo de una nueva oportunidad
Con el paso del tiempo, los mellizos de Niurka, Ares Ezequiel y Atenea, nacieron en España y fueron bautizados dentro de la comunidad que la acogió cuando más lo necesitaba. “Aquí nacieron Ares Ezequiel y Atenea. Hoy miro a mis hijos y sé que podemos tener un futuro», relata con optimismo.
Durante el encuentro con León XIV, la cubana entregó al Papa dos lazos con los nombres de sus hijos, un gesto cargado de simbolismo que reflejaba el largo camino recorrido desde su llegada a Madrid. La escena estuvo marcada por la emoción y fue recibida con aplausos por parte de los asistentes. “Gracias, Padre, por construir un futuro lleno de esperanza y fe para nuestros niños”, le dijo la cubana al sumo pontífice.
Según reportes de medios presentes en el acto, cuando Niurka se acercó al pontífice para entregarle el obsequio se escuchó entre el público un espontáneo grito de “¡Viva Cuba Libre!”, que lo secundaron varias personas presentes.
Más allá del gesto personal, la historia de los mellizos representa el comienzo de una nueva etapa para una familia que encontró en la acogida y la solidaridad la posibilidad de reconstruir su proyecto de vida.
Una historia que refleja la realidad de muchos cubanos en España
La experiencia de Niurka refleja una realidad cada vez más frecuente entre los cubanos que emigran a España. En los últimos años, el país europeo se ha convertido en uno de los principales destinos para quienes abandonan la Isla empujados por la crisis económica, la escasez de alimentos y medicamentos, los apagones y la falta de perspectivas de futuro.
Aunque muchos llegan atraídos por los vínculos históricos y culturales entre ambos países, el proceso de adaptación suele estar marcado por dificultades económicas, problemas de acceso a la vivienda, inserción laboral compleja y largos trámites de regularización.
En ese contexto, organizaciones como Cáritas desempeñan un papel fundamental al proporcionar alojamiento temporal, asistencia jurídica, orientación laboral y apoyo social a miles de migrantes que intentan reconstruir sus vidas lejos de sus lugares de origen.
Khadry: del Atlántico a una nueva vida en España
Tras el testimonio de la cubana tomó la palabra Khadry, un migrante procedente de Senegal cuya historia también estuvo marcada por la búsqueda de una oportunidad.
El joven relató que cruzó el Atlántico durante la pandemia de COVID-19 y llegó a España sin recursos ni apoyo familiar. Como ocurre con miles de africanos que cada año emprenden peligrosas travesías marítimas hacia Europa, tuvo que enfrentarse a la incertidumbre, la soledad y las dificultades de empezar desde cero en un país desconocido.
Sin embargo, aseguró que encontró apoyo en la Iglesia y en las organizaciones de acogida que trabajan con migrantes. Visiblemente emocionado, entregó al Papa una réplica de su tarjeta de residencia española, símbolo del largo recorrido que lo llevó desde la vulnerabilidad hasta la integración laboral y social.
“Encontré personas que me acogieron sin preguntarme nada, que me miraron con respeto y me hicieron sentir que mi vida importaba. Poco a poco empecé a confiar, a levantarme, a creer que podía salir adelante. Hoy tengo trabajo y he podido empezar una nueva etapa”, expresó.
El drama migratorio detrás de las cifras
Las palabras de Khadry pusieron rostro a otra de las grandes crisis migratorias que enfrenta Europa. Miles de personas procedentes de África continúan arriesgando sus vidas en rutas marítimas extremadamente peligrosas para escapar de la pobreza, los conflictos o la falta de oportunidades económicas.
Durante la pandemia, estas dificultades se agravaron aún más, haciendo que el trabajo de organizaciones humanitarias y religiosas adquiriera una relevancia todavía mayor.
La presencia conjunta de Niurka y Khadry permitió mostrar dos fenómenos migratorios distintos, pero unidos por una misma realidad: la necesidad de apoyo humano para superar situaciones extremas y construir una nueva vida.
El mensaje de León XIV sobre la acogida y la esperanza
Al tomar la palabra, León XIV destacó que se sentía especialmente satisfecho de comenzar su agenda social precisamente en un centro dedicado a la atención de personas vulnerables. “Estoy muy contento de comenzar aquí mi visita”, afirmó. “Vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso”.
El pontífice evitó referirse a la migración únicamente desde una perspectiva política o estadística y puso el foco en las historias humanas que existen detrás de cada desplazamiento.
Refiriéndose a la cubana, afirmó que gracias a “un sueño y a una pequeña puerta abierta”, había logrado ofrecer a Ares y Atenea “la vida, su amor de madre, la gracia del Bautismo y la promesa de un futuro feliz”.
Sobre el migrante senegalés, destacó que la acogida recibida le permitió atravesar “el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas”, hasta alcanzar una nueva etapa de estabilidad.
Las palabras del pontífice sirvieron para reivindicar una visión de la migración centrada en la persona, insistiendo en que el valor y los derechos de cada ser humano no deben estar condicionados por documentos, fronteras o trámites administrativos. Su mensaje resonó especialmente entre los cubanos que han llegado a España en los últimos años huyendo de las dificultades económicas y sociales de la Isla.
La experiencia compartida por Niurka Paz ilustró una realidad cada vez más frecuente: la de profesionales altamente preparados que, al emigrar, se enfrentan a largos procesos burocráticos que les impiden ejercer sus carreras y los obligan a reinventarse laboralmente. Su historia también evidenció el peso que recae sobre muchas mujeres cubanas en el exilio, quienes asumen la tarea de reconstruir el proyecto familiar lejos de su país mientras lidian con la nostalgia y la fractura de los lazos que dejaron atrás.
Cáritas y el papel de la Iglesia en la atención a migrantes
La elección del Centro CEDIA como primera actividad social de León XIV en España se interpreta como una declaración de principios sobre algunas de las prioridades que marcarán su pontificado.
La institución anfitriona, Cáritas, es una de las principales organizaciones de ayuda social de España. A través de una extensa red de programas, presta apoyo a migrantes, refugiados, personas sin hogar y familias en riesgo de exclusión social mediante servicios de alojamiento, alimentación, asesoría jurídica, formación profesional e inserción laboral.
Para miles de personas que llegan al país sin recursos ni redes familiares, estos programas representan la primera oportunidad real para comenzar de nuevo.
El recorrido pastoral del Papa por territorio español se prolongará durante los próximos días y concluirá el 12 de junio. Su itinerario contempla paradas en Barcelona, donde encabezará una celebración religiosa en la Basílica de la Sagrada Familia, así como en las islas de Gran Canaria y Tenerife. Estas visitas forman parte de una gira marcada por el interés del pontífice en visibilizar la situación de los migrantes y respaldar los esfuerzos de las comunidades e instituciones que trabajan en su acogida e integración.
La jornada inaugural del pontífice en España estuvo marcada por una combinación de encuentros institucionales y mensajes de fuerte contenido social. En horas previas a su visita al distrito madrileño de Carabanchel, donde protagonizó su primer acto abierto al público, fue recibido en el Palacio Real por los Reyes de España y por las máximas autoridades del país.
Durante ese encuentro, el Papa puso el acento en los desafíos que enfrentan las sociedades actuales ante el aumento de la confrontación y las divisiones políticas, al tiempo que reconoció la contribución de España a los esfuerzos internacionales en favor de la paz.
También resaltó la labor de acogida desarrollada con las comunidades migrantes y aprovechó la ocasión para dirigirse a las nuevas generaciones, a las que instó a asumir un papel activo en la construcción de un futuro más solidario, definiéndolas como el impulso capaz de encender “una humanidad nueva”.
Las preocupaciones expuestas durante el encuentro también coinciden con las recientes advertencias de la Comunidad de Sant’Egidio sobre el agravamiento de la crisis cubana. En declaraciones a medios del Vaticano, representantes de la organización describieron un panorama marcado por serias carencias en sectores esenciales, con frecuentes interrupciones eléctricas, dificultades en el funcionamiento de hospitales, problemas de acceso al agua potable y una escasez cada vez más visible de combustible, gas y alimentos.
Frente a esta realidad, la entidad religiosa explicó que ha reforzado sus programas de asistencia a través del envío de productos básicos destinados a parroquias, comedores y otras iniciativas de apoyo social en la Isla. No obstante, sus responsables reconocieron que mantener ese flujo de ayuda resulta cada vez más complejo debido a las limitadas opciones de transporte marítimo hacia Cuba y a los obstáculos logísticos internos, agravados por la falta de combustible necesaria para trasladar y distribuir los suministros una vez que ingresan al país.
“Enviamos esta primera e importante ayuda farmacéutica, con un valor comercial de aproximadamente 700.000 euros recogidos en Italia, que está a punto de llegar a La Habana y será distribuida en los centros de acogida de la comunidad y en los comedores”, dijo Impagliazzo. “Con las escuelas cerradas hemos puesto en marcha algunas experiencias que llamamos Escuelas de la Paz. Se trata de una especie de campamentos de verano donde, mediante actividades de animación, se ayuda a los menores a no vivir resignados y deprimidos”, agregó.
Una imagen que marcó la visita papal
La imagen de Niurka entregando al Papa los lazos con los nombres de Ares y Atenea y la de Khadry mostrando su tarjeta de residencia terminaron convirtiéndose en dos de las estampas más poderosas de la jornada.
Dos historias diferentes, procedentes de continentes distintos, pero unidas por una misma experiencia: la búsqueda de una oportunidad para empezar de nuevo.
Al convertir ambos testimonios en el eje de su mensaje, León XIV envió una señal clara sobre la importancia de no perder de vista el rostro humano detrás de los grandes movimientos migratorios que marcan el mundo actual.
Para Niurka, aquella pequeña puerta abierta significó la posibilidad de construir un futuro para sus hijos lejos de la incertidumbre. Para Khadry, representó la oportunidad de dejar atrás el miedo y recuperar la esperanza. Para el Papa, ambas historias constituyen la prueba de que la acogida puede transformar vidas.





