
Una convocatoria internacional para organizar una flotilla con destino a Cuba ha provocado una inmediata y contundente reacción en sectores del exilio cubano, particularmente en Miami. Lo que comenzó como una iniciativa de solidaridad con la isla terminó reavivando el debate sobre el derecho de los cubanos en el exterior a regresar libremente a su país.
La flotilla, denominada “Nuestra América”, es promovida por una coalición de movimientos de izquierda que planea zarpar en marzo con alimentos, medicinas y otros suministros. Sus organizadores aseguran que el objetivo es romper el embargo estadounidense y ofrecer ayuda humanitaria ante la severa crisis económica que atraviesa la isla.
Entre las figuras vinculadas a la iniciativa se encuentran el activista estadounidense David Adler y el exlíder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, quienes han defendido públicamente la misión como un gesto de solidaridad frente a lo que consideran una política de presión de la administración del presidente Donald Trump hacia Cuba.
“Si ellos entran, nosotros también”
La respuesta desde el exilio no tardó en llegar. La activista Salomé García Bacallao publicó en redes sociales un mensaje que rápidamente se viralizó:
“Que el gobierno cubano se vaya preparando, porque si ellos entran, nosotros también”.
La frase encendió el debate en plataformas digitales, donde numerosos cubanos en el exterior cuestionaron que activistas extranjeros puedan organizar viajes con respaldo político mientras muchos emigrados enfrentan restricciones, obstáculos administrativos o temor a represalias al intentar regresar a la isla.
Bajo etiquetas como #DerechoARegresar y #SiEllosEntranNosotrosTambién, usuarios plantearon una interrogante central: ¿quién decide quién puede entrar a Cuba y bajo qué condiciones?
Un debate que va más allá de la ayuda
Aunque los promotores de la flotilla sostienen que la misión tiene carácter humanitario, críticos desde el exilio consideran que la crisis cubana no puede atribuirse únicamente al embargo estadounidense. Señalan problemas estructurales acumulados durante décadas, incluyendo falta de reformas económicas profundas y restricciones a libertades fundamentales.
Algunos incluso han planteado la idea simbólica de organizar una “flotilla del exilio”, no solo con ayuda material, sino con ciudadanos cubanos que reclaman poder regresar y ejercer sus derechos sin condicionamientos políticos.
Mientras la flotilla “Nuestra América” avanza con su planificación para marzo, el episodio ya ha conseguido algo inmediato: reavivar la polarización dentro y fuera de la isla y colocar nuevamente en el centro del debate el papel de la diáspora cubana en el futuro político del país.
El desarrollo de los acontecimientos en las próximas semanas podría tener implicaciones no solo para la comunidad cubana en el exterior, sino también para la dinámica diplomática entre Estados Unidos y Cuba en un contexto de renovadas tensiones.





