Un reloj lo delató: crecen las sospechas de que la comparecencia de Díaz-Canel no fue en directo sino bien coordinada por el régimen

Periodista cubana Arleen Rodríguez Derivet. Foto: Video de YouTube de Presidencia Cuba

La más reciente comparecencia pública del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, anunciada por el Gobierno como un diálogo “en vivo” con la prensa, terminó convirtiéndose en un nuevo foco de polémica. Lo que pretendía proyectar imagen de transparencia y control comunicativo acabó siendo cuestionado por un detalle aparentemente menor, pero altamente revelador: la hora que marcaba el reloj de la periodista moderadora.

La transmisión fue difundida a través de los canales oficiales del Estado y presentada como un ejercicio de intercambio directo con periodistas nacionales e internacionales. Sin embargo, la incongruencia horaria detectada en pantalla activó de inmediato las alarmas entre usuarios y observadores, reavivando viejas dudas sobre la autenticidad de los formatos comunicativos del poder en Cuba.


El reloj que desarmó el relato oficial

Durante la comparecencia, la periodista Arleen Rodríguez Derivet apareció en cámara con un reloj que marcaba una hora distinta a la que correspondía con el momento en que supuestamente se transmitía el evento. La discrepancia fue señalada rápidamente en redes sociales, donde numerosos usuarios interpretaron el detalle como una evidencia de que el encuentro no estaba ocurriendo en tiempo real, sino que había sido grabado con antelación.

En un país donde la comunicación política se caracteriza por el control extremo de los mensajes, los tiempos y los escenarios, el error visual adquirió una dimensión mayor. Para muchos cubanos, no se trató de una simple equivocación técnica, sino de la confirmación de que la comparecencia respondía a un guion previamente diseñado, sin margen para la improvisación ni para preguntas incómodas.

Transparencia simulada y control del formato

El formato del evento también fue objeto de críticas. Aunque se presentó como un diálogo abierto, la estructura evidenció un alto grado de control: preguntas previsibles, ausencia de repreguntas y un tono general alineado con el discurso oficial. Este tipo de comparecencias refuerza la percepción de que el Gobierno apuesta por escenarios cuidadosamente editados, más cercanos a un programa televisivo que a un ejercicio genuino de rendición de cuentas.

La falta de aclaraciones oficiales tras la polémica del reloj profundizó el escepticismo. Hasta el momento, ninguna autoridad ha confirmado si la transmisión se grabó ni ha ofrecido una explicación técnica que despeje las dudas, lo que ha permitido que la sospecha se consolide en el debate público.

Una “prensa internacional” sin voces independientes

Otro de los puntos más cuestionados fue la composición de los medios participantes. Aunque se anunció la presencia de prensa nacional e internacional, en la práctica predominó la participación de medios estatales o alineados políticamente con el régimen cubano, como RT y Xinhua.


La inclusión de Prensa Latina como medio “internacional” generó críticas adicionales, al tratarse de una agencia oficial subordinada al propio Estado cubano. En contraste, estuvieron ausentes agencias ampliamente reconocidas por su independencia editorial, como EFE, AFP o Associated Press.

Esta selección reforzó la percepción de que el evento no buscaba confrontar narrativas ni someter al mandatario a un escrutinio real, sino validar un mensaje previamente construido.

El contenido del discurso: temas recurrentes, respuestas conocidas

Durante la comparecencia, Díaz-Canel abordó asuntos habituales de su agenda pública: la situación económica interna, las dificultades energéticas, el impacto de las políticas de Estados Unidos, las relaciones con aliados estratégicos como Venezuela y la posibilidad de un diálogo con Washington bajo condiciones específicas.

No obstante, estas intervenciones no aportaron elementos sustancialmente nuevos. Para muchos espectadores, el discurso repitió argumentos ya conocidos y volvió a centrar las responsabilidades en factores externos, sin ofrecer soluciones concretas a problemas cotidianos como la escasez, los apagones, la inflación o la migración masiva.

Reacciones en redes y desgaste del mensaje gubernamental

En redes sociales, la reacción fue mayoritariamente crítica. Usuarios calificaron la comparecencia como “un montaje”, “otro programa grabado” o “un ejercicio de propaganda”. Otros subrayaron que el énfasis del Gobierno en cuidar la forma contrasta con la gravedad de la crisis que enfrenta la población.

El episodio del reloj se convirtió así en un símbolo del desgaste del relato oficial. En una sociedad cada vez más conectada, donde los detalles se analizan y comparten en tiempo real, los errores —por mínimos que parezcan— terminan amplificándose y erosionando aún más la credibilidad institucional.

Más allá del reloj: una pregunta abierta

Más allá de la polémica puntual, la comparecencia deja una interrogante de fondo: ¿puede el Gobierno cubano recuperar la confianza ciudadana mediante formatos controlados y mensajes pregrabados? Para amplios sectores de la población, la respuesta parece clara. La desconfianza no surge solo por un reloj mal sincronizado, sino por años de discursos repetidos, promesas incumplidas y ausencia de espacios reales de diálogo.

El intento de proyectar transparencia terminó, una vez más, evidenciando las limitaciones de un modelo comunicativo que ya no logra convencer a una audiencia cada vez más crítica.


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