
El presidente Donald Trump aseguró que Estados Unidos ya aplica el mayor nivel de presión posible sobre Cuba, y sostuvo que no ve margen para nuevas medidas económicas o diplomáticas adicionales, salvo una acción militar directa, una posibilidad que —según aclaró— no considera necesaria en este momento.
Las declaraciones fueron realizadas durante una entrevista radial en la que Trump describió la política actual de su gobierno hacia La Habana como de “máxima presión”, subrayando que el régimen cubano atraviesa una situación de extrema debilidad. “No creo que se pueda ejercer mucha más presión salvo entrar y destruir el lugar”, afirmó el mandatario, en una frase que generó amplia repercusión.
Un régimen “al límite”
Trump argumentó que Cuba se encuentra “colgando de un hilo”, en gran medida por la pérdida del respaldo económico y energético de Venezuela, históricamente su principal aliado. Según el presidente, la reducción del suministro petrolero y la crisis regional han dejado al gobierno cubano con menos capacidad para sostener su estructura económica.
A pesar del tono contundente, el jefe de la Casa Blanca insistió en que no ve necesaria una intervención militar inmediata. En su criterio, el régimen podría colapsar por desgaste interno sin que Estados Unidos tenga que recurrir a una acción armada.
Contexto regional y político
Las palabras de Trump se producen en un escenario de alta tensión en América Latina, marcado por recientes operaciones estadounidenses contra estructuras vinculadas al chavismo en Venezuela y por el debate interno en EE. UU. sobre los límites del poder presidencial para ordenar acciones militares sin autorización del Congreso.
En ese contexto, sectores del Senado han impulsado iniciativas para reforzar el control legislativo sobre posibles intervenciones armadas, mientras gobiernos aliados y adversarios observan con cautela el rumbo de la política exterior estadounidense.
Reacciones y lectura política
Aunque no se anunció ningún cambio concreto de política hacia Cuba, analistas consideran que el mensaje de Trump busca reforzar la percepción de que Washington no tiene más cartas económicas que jugar y que el aislamiento del régimen cubano es ya casi total. Al mismo tiempo, la referencia a una acción militar —aunque descartada— reaviva temores históricos en la isla y alimenta el debate internacional sobre el futuro de las relaciones entre ambos países.
Por ahora, la administración Trump mantiene su línea dura, apostando a que la presión acumulada y el deterioro interno terminen forzando cambios en La Habana sin necesidad de un conflicto armado directo.





