
Cuba enfrenta uno de sus momentos energéticos más delicados de los últimos años, con estaciones de servicio sin combustible, límites estrictos de venta y un impacto que se extiende desde el transporte urbano hasta la aviación comercial. La situación se ha deteriorado rápidamente tras el corte del suministro de petróleo vinculado a decisiones de Estados Unidos, dejando a la isla con márgenes mínimos de maniobra.
En varias provincias, conductores y residentes describen el escenario como desorganizado y caótico, con filas que se prolongan por horas —e incluso días— frente a gasolineras que, en muchos casos, terminan cerrando por falta total de producto. La incertidumbre domina la rutina diaria de miles de personas que dependen del combustible para trabajar, trasladarse o garantizar servicios básicos.
Racionamiento severo y ventas suspendidas
Como respuesta inmediata, las autoridades han impuesto restricciones estrictas en la venta de gasolina, limitando el despacho a un máximo de cinco galones por vehículo en determinadas estaciones. Esta medida, lejos de aliviar la presión, ha incrementado la congestión y el malestar social.
La empresa estatal CIMEX anunció además la suspensión indefinida de la venta de gasolina en moneda nacional y de diésel en dólares, una decisión que reduce aún más las opciones para la población y el sector privado. El racionamiento se consolida, así como la única vía de distribución en un contexto de escasez prolongada.
Impacto directo en la vida cotidiana
La falta de combustible ya se refleja en las calles: menos vehículos circulando, transporte privado paralizado y mayores dificultades para el traslado de trabajadores y estudiantes. Sectores como el comercio informal, los servicios de mensajería y el transporte alternativo se ven particularmente afectados, profundizando las tensiones económicas en un país marcado por la inflación y la escasez de bienes básicos.
«La situación del combustible es caótica. No hay combustible. Antes había 30, 40, 50 coches aquí; ahora solo cuatro o cinco funcionan porque no hay combustible» dijo un capitalino.
Por otro lado, la jefa de Estado de México, Claudia Sheinbaum, defendió el suministro de petróleo a Cuba como un gesto de asistencia humanitaria frente a la grave crisis económica que atraviesa la isla y dejó claro que ese respaldo no será suspendido. «Obviamente, no queremos sanciones contra México, pero estamos en proceso de diálogo y, por ahora, se enviará ayuda humanitaria», manifestó la mandataria azteca.
Entretanto, Aaron Rosen, fundador y presidente del World Affairs Council of Miami resalta que desde hace años, el gobierno cubano depende del ingreso de capital extranjero —especialmente dólares estadounidenses, dólares canadienses, euros y francos suizos— para poder financiar importaciones y sostener su aparato estatal, dado que su moneda nacional tiene un poder de compra muy limitado en los mercados internacionales.
«La administración Trump está esencialmente intentando ejercer la mayor presión económica posible sobre el gobierno cubano para obtener todas las concesiones políticas que puedan», añadió el experto.
Aviación bajo presión y costos adicionales
La escasez de combustible de aviación ha puesto contra las cuerdas a las aerolíneas que operan en Cuba, obligándolas a replantear sus esquemas operativos para poder sostener los vuelos. En los principales aeropuertos del país, incluida La Habana, la disponibilidad irregular de combustible ha llevado a compañías internacionales a aplicar soluciones de emergencia que elevan costos y complejidad logística.
En el caso de Iberia, la aerolínea ha optado por cargar combustible adicional en aeropuertos fuera de Cuba para garantizar la ida y el regreso de sus vuelos transatlánticos. Esta práctica, aunque efectiva para evitar cancelaciones inmediatas, incrementa el peso de las aeronaves y reduce los márgenes operativos, encareciendo cada rotación.
Una estrategia similar ha sido adoptada por Air France, que también ha recurrido al tankering —transportar combustible desde el punto de origen— ante la imposibilidad de asegurar reabastecimiento en destino. Esto obliga a ajustes finos en la planificación de vuelo, carga y autonomía, y aumenta la exposición a retrasos si surgen cambios imprevistos.
Por su parte, Air Canada enfrenta un escenario especialmente delicado en rutas de larga distancia. La aerolínea ha tenido que redoblar la planificación del combustible y contemplar reabastecimientos alternativos para sostener sus operaciones, asumiendo mayores costos en un contexto donde la rentabilidad de los vuelos hacia Cuba ya está presionada por la baja demanda y la incertidumbre operativa.
El caso de las aerolíneas estadounidenses
Las aerolíneas de Estados Unidos han adoptado una postura aún más cautelosa. Varias operadoras exigen que sus aviones despeguen hacia Cuba con suficiente combustible para continuar a un tercer destino o regresar sin repostar en la isla, ante la falta de garantías de suministro local. Esta política de seguridad reduce el riesgo operativo, pero limita la flexibilidad de las operaciones y puede traducirse en ajustes de frecuencia o capacidad.
Para los pasajeros, estas medidas se reflejan en mayor probabilidad de retrasos, cambios de itinerario y costos operativos que podrían trasladarse al precio de los boletos. Para Cuba, el impacto es más profundo: la crisis de combustible amenaza la estabilidad de la conectividad aérea, un elemento clave para los viajes familiares, el turismo y el vínculo del país con el exterior.
Dependencia energética y contexto internacional
El artículo destaca que el corte del suministro ocurre en un momento de alta dependencia energética externa para Cuba. La reducción de envíos desde Venezuela había dejado a la isla con menos alternativas, aumentando la relevancia de los despachos procedentes de México. No obstante, esos suministros resultan insuficientes para cubrir la demanda nacional.
Desde Washington, la administración del presidente Donald Trump utiliza la presión económica como instrumento político, una estrategia que, según el análisis del medio, tiene consecuencias directas sobre la población civil, más allá de los objetivos diplomáticos.
Un escenario sin alivio inmediato
Mientras persisten las tensiones internacionales y no se restablecen flujos estables de combustible, la crisis energética sigue profundizándose. Bombas vacías, racionamiento estricto y afectaciones al transporte configuran un panorama de incertidumbre que golpea de lleno la vida diaria de los cubanos, sin señales claras de una solución a corto plazo.





