
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se refirió de forma directa a la situación política y económica de Cuba durante una entrevista con Bloomberg News, realizada en el marco de la Munich Security Conference.
En un momento de creciente crisis energética y dificultades económicas en la isla, Rubio describió el panorama como crítico y atribuyó esa realidad al modelo de control estatal vigente.
“El estricto control de Cuba sobre su economía es un modelo que ha fracasado en otras partes del mundo”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense, dejando clara su postura sobre el sistema económico centralizado que rige en la isla desde hace más de seis décadas.
Libertades como condición para aliviar la presión
Más allá del diagnóstico económico, Rubio estableció una relación directa entre posibles cambios en la política estadounidense y reformas internas en Cuba.
“El régimen comunista de Cuba necesitará dar a su pueblo libertad política y económica para que Estados Unidos pueda aliviar la presión”, declaró.
Con esa frase, el secretario de Estado vinculó cualquier eventual flexibilización de medidas o alivio de presión por parte de Washington a transformaciones estructurales dentro del país, particularmente en materia de libertades individuales y apertura económica.
Las declaraciones se producen en un contexto especialmente delicado para La Habana, marcado por prolongados apagones, escasez de combustible y dificultades en sectores estratégicos como el transporte y la industria. Aunque Rubio no anunció nuevas medidas concretas durante la entrevista, su mensaje refuerza la línea política actual de Estados Unidos: mantener la presión mientras no haya señales de apertura política significativa.
Un mensaje en escenario internacional
El hecho de que estas declaraciones se hayan producido durante la Conferencia de Seguridad de Múnich no pasó desapercibido. El evento reúne cada año a líderes políticos, diplomáticos y expertos en defensa para debatir sobre los principales desafíos globales.
En ese escenario, Rubio no solo habló de Cuba, sino también de alianzas estratégicas y desafíos geopolíticos. Sin embargo, su referencia a la isla captó especial atención debido a su historia personal como hijo de inmigrantes cubanos y a su tradicional postura firme frente al gobierno de La Habana.
Sus palabras refuerzan la posición oficial de Washington en 2026: cualquier cambio sustancial en la relación bilateral dependerá de reformas que amplíen la libertad económica, el espacio para el emprendimiento privado y mayores derechos políticos para los ciudadanos cubanos.
Crisis interna y presión externa
Mientras tanto, Cuba enfrenta uno de sus momentos más complejos en años recientes. La combinación de crisis energética, dificultades financieras y migración masiva ha generado un escenario de alta tensión social.
El mensaje de Rubio apunta a que, desde la óptica estadounidense, la raíz del problema no es externa sino estructural. Al describir el modelo económico cubano como uno que “ha fracasado”, el secretario de Estado dejó claro que Washington no prevé cambios en su política mientras no haya transformaciones internas profundas.
Por ahora, las declaraciones no han sido acompañadas de anuncios formales de nuevas sanciones ni de medidas de flexibilización. No obstante, el tono empleado marca una señal política clara: la administración estadounidense considera que la solución a la crisis en Cuba pasa por una apertura política y económica liderada desde dentro de la isla.
En un año marcado por tensiones regionales y redefiniciones estratégicas, las palabras de Rubio desde Europa reafirman que el tema Cuba sigue siendo parte activa de la agenda diplomática de Estados Unidos.



