
La participación de La Diosa en el reality El Rancho de Destino ha desencadenado una nueva polémica dentro del ecosistema mediático del exilio cubano, luego de que el influyente presentador Alexander Otaola calificara el programa como “muy mediocre” y cuestionara abiertamente el impacto que este tipo de formatos puede tener en la carrera de la artista.
El intercambio, que rápidamente se viralizó en redes sociales, no solo expone diferencias de criterio entre dos figuras públicas con una relación previa de cercanía, sino que reaviva un debate recurrente en la comunidad cubana fuera de la isla: el valor real de los realities como plataforma de crecimiento artístico frente al riesgo de desgaste de imagen.
La crítica de Otaola: una “rebaja profesional”
Desde su espacio digital, Otaola fue directo. Aseguró que la participación de La Diosa en este tipo de programa no aporta a su desarrollo artístico y representa, a su juicio, una “rebaja profesional”. Según el presentador, los realities priorizan el conflicto, el morbo y la confrontación por encima del talento, lo que termina diluyendo el prestigio de los artistas que participan en ellos.
El comunicador subrayó que su postura no responde a animadversión personal. Por el contrario, afirmó reconocer el talento vocal y la capacidad de La Diosa para llenar escenarios y conectar con el público, pero insistió en que formatos como El Rancho de Destino no están diseñados para potenciar carreras musicales, sino para generar contenido viral de corta duración.
“Si Destino me paga 100 mil dólares, yo voy una hora al reality y saludo a todos. Pero te digo, mi Diosa querida, disfruta, pásala rico, estás muy linda, pero no creo que eso pueda aportar mucho a tu carrera”, dijo el influencer desde su programa Hola Otaola.
“Yo, Otaola, no me mezclo en eso. Cuido mi imagen, mi entorno y mi salud mental. Bryan el Joker tampoco tenía necesidad de hacerlo y se lo dije. Él me dijo que quería vivir la experiencia. Para mí eso es una pérdida de tiempo total”, añadió el cubanoamericano.
Otaola relató que no consideraba necesario que ella participara ya que ese reality no estaba a la altura de su nivel artístico. Señaló además que se trata de una artista muy talentosa y que entiende que recibirá una compensación económica por ello, aunque insistió en que, desde su punto de vista, ese escenario resulta mediocre.
@clipsdelranchodedestino Bim bom 🤣 bom bom #fuego con #otaola #ladiosa 🇨🇺@ElRanchoDeDestinoOficial @brayan_eljoker @Oyacito rey de reyes ♬ 40 Libras – La Diosa
La respuesta desde dentro del programa
La reacción de La Diosa no se hizo esperar. Desde el interior del reality, la cantante pidió públicamente “un poquitico de respeto” y defendió su decisión de participar en el programa como parte de su trabajo. Afirmó que, más allá de las críticas, su presencia responde a compromisos profesionales y a la necesidad de mantenerse vigente en un entorno mediático altamente competitivo.
“Yo trabajo, lucho y tengo mi dinero. Solo te pido que respetes un poquitico mi amistad”, dijo la intérprete de «Por debajo del agua».
Además también aprovechó su intervención para reafirmar su postura política, reiterando consignas contra el régimen cubano y dejando claro que su participación en un reality no implica concesiones ideológicas ni contradicciones con el discurso que ha sostenido desde su salida de la isla. “Yo estoy aquí mandando el mensaje: ¡Abajo la dictadura!”, agregó.
Amistad, desacuerdos y exposición pública
El episodio resulta especialmente significativo por el historial de cercanía entre ambos. Durante años, Otaola y La Diosa compartieron afinidades personales y políticas, con gestos públicos de apoyo mutuo. Sin embargo, esta controversia pone de relieve cómo las diferencias profesionales pueden trasladarse al espacio público cuando se trata de figuras con alta exposición mediática.
Otaola insistió en que no existe enemistad y que sus comentarios deben interpretarse como una crítica al formato, no a la persona. En ese sentido, explicó que él mismo ha decidido mantenerse al margen de los realities, argumentando que estos pueden afectar la salud mental y la credibilidad pública de quienes participan.
Reacciones en redes y polarización del público
Como suele ocurrir en este tipo de controversias, las redes sociales se convirtieron en el principal escenario del debate. Seguidores de La Diosa defendieron su derecho a trabajar en el formato que considere conveniente y a explorar nuevas vías de visibilidad. Otros respaldaron a Otaola, argumentando que los realities contribuyen a banalizar el talento y a perpetuar dinámicas de confrontación innecesarias.
Los comentarios reflejan una comunidad dividida entre quienes priorizan la libertad individual y quienes consideran que la imagen pública de los artistas del exilio debe cuidarse con especial rigor, dada su influencia cultural y política.
El papel de los realities en el entretenimiento cubano en el exilio
Más allá del cruce puntual, el caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo: ¿son los realities una oportunidad real de proyección o un atajo hacia la sobreexposición? Para algunos artistas, estos programas representan una vía rápida para mantenerse en la conversación digital y alcanzar nuevas audiencias. Para otros, implican un riesgo de desgaste y encasillamiento.
En el caso de La Diosa, su paso por El Rancho de Destino ha generado momentos virales y un alto nivel de atención mediática, lo que confirma su capacidad para atraer audiencia, incluso en contextos polémicos.
Un debate que trasciende el espectáculo
El enfrentamiento verbal entre Otaola y La Diosa trasciende el simple intercambio de opiniones sobre un reality show. Refleja tensiones más amplias dentro del entretenimiento cubano en el exilio, donde la visibilidad, la coherencia discursiva y la credibilidad pública se encuentran en constante disputa.
Mientras el programa continúa su emisión y la polémica sigue alimentando titulares y comentarios, queda claro que tanto Otaola como La Diosa dominan el lenguaje del espectáculo y la controversia. En un entorno digital donde cada declaración se convierte en contenido, el debate parece lejos de cerrarse y confirma que, más allá del escenario o del set televisivo, la batalla por la narrativa sigue siendo central.





